Desde los ojos de Macron
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Desde los ojos de Macron

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Desde los ojos de Macron

11/03/2019

Emmanuel Macron, el presidente de Francia que rompió todas las expectativas al ser electo, escribió un espléndido ensayo para dirigirse a los ciudadanos de Europa, en nombre de la historia y los valores que les unen, por la urgencia de los tiempos que corren de cara a las próximas elecciones europeas, en donde los extremos se acercan peligrosamente a hacerse realidad de gobierno y mayorías parlamentarias.

Leí el artículo del galo en El País de España, y línea a línea, de forma involuntaria, me imaginaba cómo podría leerse México desde esa perspectiva; cómo vería Macron las acciones de nuestros nuevos dirigentes y qué es lo que nos falta para tener una visión como esa. Haré en consecuencia algunas referencias cruzadas en ese ánimo comparado, más como diálogo y método que como reproche.

Comienza diciendo que nunca antes, desde la II Guerra, Europa ha sido tan necesaria; y sin embargo, nunca ha estado en tanto peligro. Pone como primer paradigma al Brexit: ejemplo de la crisis de una Europa que no ha sabido satisfacer las necesidades de protección de los pueblos frente a los grandes cambios del mundo. Ejemplo, también en palabras del presidente, de la trampa europea: la trampa no es pertenecer a la UE, sino la mentira y la irresponsabilidad que pueden destruirla. Sigue: ¿Quién les ha contado a los británicos la verdad sobre su futuro tras el Brexit? ¿Quién les ha hablado de perder el acceso al mercado europeo? Sentencia: el repliegue nacionalista no tiene propuestas, es un “no” sin proyecto. Y esta trampa amenaza a toda Europa: los que explotan la rabia, ayudados por noticias falsas, prometen una cosa y la contraria…

¿Le suena? Me parece que en toda nuestra historia contemporánea nunca las instituciones de la democracia mexicana han sido tan necesarias y, al mismo tiempo, nunca han estado tanto en peligro. Es verdad que la gente está harta de su situación económica, de la inseguridad, de la falta de oportunidades, de la corrupción y de un largo etcétera que se fue deteriorando con el paso de gobiernos, que si bien hicieron adecuadamente algunas cosas, fallaron en otras.

Los anteriores ejemplos de nuestra crisis se asemejan al descontento de los ingleses que votaron por salirse de la Unión Europea. En ambos lugares el ciudadano puede darse cuenta con facilidad que el Estado no ha sabido satisfacer todas sus necesidades. Si comparamos su situación con el texto de la Constitución mexicana de 1917, lo mismo que la de los británicos inconformes con la carta de Maastricht, el déficit es claro, pero no así el rumbo emprendido.

La trampa a la que se refiere Macron me parece muy similar a los ejemplos en los que el presidente López Obrador basa su proyecto y los recientes y pobres resultados: la trampa para el francés no es la Unión Europea, sino salirse de ella. Aplica algo similar a las políticas de libre mercado, a la situación de Pemex, la perspectiva de las calificadoras, la suspensión del aeropuerto o la disminución de salarios de funcionarios de primer nivel. Nada ello es la causa de lo que quiere atajar, y sí en cambio puede llevarnos al deterioro.

Me aterra el común denominador de la ignorancia de aquellos que abanderan causas furibundas sin saber el riesgo de lo que propugnan. La búsqueda más repetida en Google al día siguiente de la votación del Brexit fue, justamente, la referente al propio Brexit y a las consecuencias de que Gran Bretaña emigre del pacto europeo.

Hoy en México vemos suspensión de políticas que mantenían la estabilidad macroeconómica y la balanza hacendaria, el cese de programas sociales tan necesarios, como las guarderías, y en cambio el reparto gratuito de dinero antes que el equilibrio fiscal. Igual que Inglaterra, oímos retórica sin que muchos puedan advertir el grave desenlace.

Continúa Macron: Frente a estas manipulaciones, debemos mantenernos firmes. Orgullosos y lúcidos. Recordemos primero qué es Europa. Es un éxito histórico: la reconciliación de un continente devastado, plasmada en un proyecto inédito de paz, prosperidad y libertad… ¿Qué país puede actuar solo frente a las estrategias agresivas de las grandes potencias? ¿Quién puede pretender ser soberano, solo, frente a los gigantes digitales? Diría yo: ¿Y todos nuestros avances y lo que han costado? ¿Y el papel de México en el mundo, en su economía, el turismo y la energía, volverá a mirar abajo para mirarse el ombligo? ¿Nuestro Presidente creerá de verdad que puede solo frente a los mercados, la era digital y el mundo de la información?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.