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13/05/2019
Actualización 13/05/2019 - 15:27

Terrible resultó declarar desierta la licitación para la construcción de la refinería de Dos Bocas. Pocos temas han sido tan polémicos en el andar del presidente como el de la refinería. Para muchos, la vista debe ponerse en energías alternativas; para otros, la lógica comercial y el sentido común apuntan a seguir con el intercambio de exportar crudo e importar refinados para evitar justamente una inversión como la que pretende el tabasqueño; pero entre esas discusiones el presidente faltó a su palabra, pues siempre dijo que iba a licitar todo con transparencia, y dejando de lado a los constructores mexicanos invitó directamente a cuatro constructoras extranjeras (algunas acusadas por corrupción), escudándose en que son las mejores del mundo, que han hecho más de 100 refinerías cada una e incluso una de ellas más de 200, que en México no se ha construido una refinería hace más de 40 años, y en que no tenemos experiencia, lo que subrayó especialmente.

El jueves declaró desierta la licitación porque, dijo, estas empresas expertas “estaban pidiendo mucho, se pasaron de los ocho mil millones de dólares y en el tiempo de construcción”. Continuó diciendo que “se va a construir la refinería. Para que salga en tiempo y con este presupuesto, necesitamos hacerla nosotros”. ¿Pues no que no tenemos experiencia?, ¿que no se ha hecho una refinería en México hace más de 40 años?, ¿cómo cumplir su palabra de que todo se hará bien y sin improvisación?

Anunció que la responsable será la secretaria de Energía y que iniciará la construcción el día 2 de junio. Le pregunto: ¿Si las empresas expertas tardaron meses sólo en calcular monto y tiempos de construcción, cómo es posible decretar sin proyecto, plan ejecutivo, programación y presupuesto, jefes de área y, sobre todo, sin experiencia y en menos de dos meses, el inicio de una obra de ese calibre? ¿De dónde saca el monto de ocho mil millones de dólares y el tiempo que quiere tardar en la construcción, si los expertos dicen que es imposible? ¿Por qué encargar a Pemex la construcción de algo que no sabe hacer? ¿Calculó la baja de calificación de la petrolera y lo que ello supone para la economía nacional?

La respuesta del presidente a los cuestionamientos de los periodistas que lo arrinconaron tras el anuncio de que los expertos invitados no se ajustaban a sus cálculos, fue el laberinto de costumbre: los corruptos de ayer, el neoliberalismo, su autoridad moral y bla bla blá.

La mayoría de las críticas apuntan a la incongruencia entre dichos y hechos del presidente; a que obedece a su instinto más que a lo técnico y a que no escucha. Algunos dicen que improvisa porque alterna su parecer, a mí en cambio me parece terriblemente congruente. Si revisamos su libro 2018 La Salida. Decadencia y renacimiento de México, desde entonces anunció:

“En nuestra concepción, el Estado es fundamental para la promoción del desarrollo. Será prioritario para el nuevo gobierno el desarrollo del sureste… con la participación conjunta del sector público, social y privado para llevar a cabo un plan de desarrollo integral que contemple la explotación racional del gas, del petróleo… la construcción de refinerías”. El problema es que también escribió: “En el terreno de lo programático actuaremos con el mayor realismo posible y sin ocurrencias o engaños, habrá claridad de propósitos, estrategias bien definidas, prioridades y metas…”. Nada de esto último se entrelaza con lo primero.

Escribió también que es imperativo “modificar radicalmente la política petrolera. Es urgente recuperar la administración de Pemex… e iniciar de inmediato la construcción de dos grandes refinerías en Dos Bocas, Tabasco, y Atasta, Campeche… El objetivo principal debe ser industrializar la materia prima y no vender ni un solo barril de petróleo crudo al extranjero”.

Me aterra su planteamiento: “Rescatar al sector energético exige una estrategia que contemple, por un lado, la aplicación de una consulta o plebiscito para modificar, si así lo decide la gente, el marco legal y devolver a la nación el dominio exclusivo sobre el petróleo y la industria eléctrica”. El otro lado de su planteamiento es la construcción de la refinería. Nunca ofreció algún estudio científico, económico o técnico.

Hugo Chávez, en 2006, ordenó construir una refinería en su estado natal (Barinas) que, dijo el dictador, procesaría 100 mil barriles diarios y costaría tres mil millones de dólares. Se empezó hasta enero de 2012, cuando anunció que la primera etapa quedaría lista en dos años. Hoy, 13 años después, está abandonada y a medio hacer.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.