¿Ya era México así?
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¿Ya era México así?

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¿Ya era México así?

28/05/2019

“Que la República Mexicana esté en un momento de crisis peligrosísima, es una verdad que no puede dudar, sino quien no vea, oiga, ni palpe. Que la efervescencia de los partidos y el calor de las pasiones la hayan conducido a situación tan deplorable, sólo podrá ocultarse a quien carezca de sentido común”. 1827.

“… ¿por qué México no progresa y se va continuamente sumiendo en el abismo a que cada día lo van aproximando sus directores oficiosos? ¿Por qué los que se han apoderado de la dirección de los negocios se han empeñado en obrar contra la naturaleza de las cosas? 1837.

“…algunos... juzgan que nuestras dolencias no tienen remedio, y que apenas nuestros nietos podrán gustar los frutos de los enormes y cruentos sacrificios que la nación ha hecho en treinta y dos años de infortunios”. 1842.

“Una sensación grande y profunda ocupa hoy el ánimo de todos los mexicanos. Los hombres capaces de analizar los acontecimientos políticos y de entrever su porvenir oscuro, calculan sin temor de engaño, que la nación pasa por una crisis terrible, que fijará sus destinos hasta ahora inciertos y vacilantes; y el pueblo, que no está al alcance de estos cálculos, presiente también, con su instinto maravilloso, la hora de la tempestad, y muestra sus temores y sus esperanzas por el desenlace de la escena que pasa a la vista de todos”. 1842.

“¡Qué contraste tan humillante para nosotros el que ofrece nuestro país respecto del vecino! México ha adelantado muy poco en población respecto de la que era bajo el gobierno español, en los veintisiete años que alcanzó su independencia; casi nada en riqueza; y bajo algún otro aspecto, ha ido positivamente atrás. La causa de esta diferencia está en que en los Estados Unidos hay inclinación al trabajo, moralidad pública, estabilidad de instituciones, fijeza en el gobierno, tolerancia de cultos, y por consecuencia de todo esto, seguridad, confianza en las empresas agrícolas e industriales y una considerable inmigración de extranjeros útiles, laboriosos…; en tanto que en nuestro desventurado país no se advierte sino suma indolencia, inmoralidad revoluciones continuas, intolerancia y superstición, que amenazan incesantemente la propiedad… y ahuyenta la emigración que podríamos recibir de gente trabajadora y moralizada que regenerarse nuestra población, vivificara la agricultura, alentase la industria y abriese por todas partes los inagotables manantiales de abundancia, de bienestar y dicha que encierra nuestro territorio”. 1854.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.