Quebranto de fin de año
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Quebranto de fin de año

COMPARTIR

···
menu-trigger

Quebranto de fin de año

17/12/2019

Para Guada y Silvi, que nos dejaron demasiado pronto.

Los padres de familia que han perdido a un hijo o a una hija, niños o jóvenes (o a varios), debido a enfermedades terminales o por cualquier otra causa, su pena y su dolor no desaparecen con la llegada de las “alegres y estruendosas fiestas” de fin de año.

Sus sentimientos de pena son la reflexión de que la vida de un hijo o de una hija jóvenes -o niños- desaparecidos, siguen siendo muy doloroso para ellos. Tales sentimientos suelen ser sufridos, aunque hayan pasado muchos años, como una reacción inevitable ante las comercializadas fiestas de Navidad, de Año Nuevo y Reyes. Ante la indeseada llegada de las “fiestas”, se presenta el dilema de cómo reaccionar antes ellas. De cómo evitarlas.

Muchos recuerdos son ineludibles. Cada celebración externa se convierte en un dolor de la propia pérdida. Es inevitable ante la presencia en otros hogares de los árboles de Navidad llenos de adornos y luces intermitentes y los nacimientos, que con los niños o con los jóvenes difuntos, se instalaban juntos.

El profundo recuerdo de sus muertes implica mucho enojo, ansiedad, llanto, depresión, fatiga, falta de energía, culpa, soledad, dolor, tristeza y problemas de sueño y salud.

Breve opinión para enfrentar pérdidas de hijos:

  1. Prepárate. Las reacciones que sientes por “las fiestas” son normales. Acéptalas.
  2. Planea reuniones con “buenos” amigos y parientes. La soledad no te ayudará.
  3. Enfócate a las buenas cosas que viviste en tus relaciones con tu hijo o hija ausentes, más que en su ausencia.
  4. Dona algo a personas, familias o niños necesitados, en nombre de tus hija o hijo ausentes.
  5. Permítete sentir un amplio rango de emociones. Es natural sentirte triste o dolerte su ausencia. En su recuerdo date permiso de experimentar un poco de felicidad. No importa aceptar pausas para reír y pausas para llorar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.