Desdén a los ancianos
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Desdén a los ancianos

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Desdén a los ancianos

05/05/2020

Vivíamos, no hace mucho tiempo, en una sociedad distante, por costumbre y por comodidad. En muchas ocasiones, ante este hecho, parecería que mucha gente pensaría: “a todos la muerte de alguna forma nos va a respetar, cuando llegue de forma tranquila y natural”.

Desde el mes de enero nos enteramos de que en China había una terrible epidemia, que después se convertiría en una pandemia. Llegó a todas las zonas geográficas del mundo y además ya tenía nombre propio: coronavirus.

Al concentrarse por una razón patológica en una parte del cuerpo, un órgano, un sistema, resultante de varias causas, entre ellas el grave deterioro del sistema respiratorio caracterizado por un conjunto de signos o síntomas.

Ante la consternación internacional, de repente aparecieron líderes populistas en el mundo: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump; Jair Balsanaro, en Brasil, y el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, adoptando todos ellos, lo cual favorecería el crecimiento del número de infectados gravemente en sus países por el coronavirus, al haber manifestado en los medios, con actitudes humorísticas y frases ridículas, adoptando acciones irresponsables hacia los efectos del coronavirus y sus daños, principalmente y en forma numerosa y dolorosa en las personas mayores de 60 años: los ancianos y las ancianas.

Lo que nunca pensaron ni imaginaron los que se burlaban de las precauciones importantes que los epidemiólogos nos advertían, es que los ancianos mayores de 60 años serían las víctimas propicias y más cercanas para morir por el virus, a falta de equipos respiradores salvadores.

Pero al haberse burlado del letal virus, tales gobernantes dejaron de invertir en materiales médicos y equipos indispensables que se requerirían para “salvar” las vidas de las personas de edad mayor que se infectarían, como lo veíamos en China.

Al maltratar el coronavirus el sistema respiratorio, mucho menos se previó la compra inmediata de equipos indispensables para salvar vidas: respiradores.

Ahora en México faltan respiradores, ante ello la solución que se encontró fue quitarles los respiradores a los ancianos y pasárselos a los jóvenes para salvarlos de morir. Los ancianos son condenados a morir, como si un Dios lo ordenara, sufriendo una muerte espantosa y totalmente injusta. “¡Han vivido muchos años!” Se justifican los responsables.

Una culpa por desprecio inicial a un terrible mal, principalmente por una ausencia total de planeación en el gobierno del presidente AMLO. ¡Y él tiene 65 años de edad!

Para los ancianos ajusticiados, no valió ningún documento de Voluntad Anticipada.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.