Y Guanajuato nos reclama otras prioridades
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Y Guanajuato nos reclama otras prioridades

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Y Guanajuato nos reclama otras prioridades

11/03/2020

Guanajuato se ha convertido en el Michoacán de AMLO. Así como Felipe Calderón fue retado en su entidad natal, hoy el gobierno de Andrés Manuel López Obrador es puesto en jaque por un grupo criminal en uno de los estados más productivos y, al mismo tiempo, atrasados del país.

Gabriel es un colega periodista que ha adoptado a Guanajuato como su nuevo hogar. Y desde allá, y a partir de nuevos ataques criminales a las comunicaciones y la tranquilidad, comparte algunas de sus impresiones de lo que ocurre en la cuna de la patria.

¿Quién no está haciendo bien su chamba?, se pregunta Gabriel. Apenas el pasado 6 de marzo, el secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, respondía en la mañanera si estaban preparados para una reacción del Cártel de Santa Rosa de Lima que opera allá y en otras entidades, luego de la detención del padre del líder, José Antonio Yépez, El Marro.

Durazo aseguró que las fuerzas federales estarían “pendientes de alguna reacción de violencia en Guanajuato”. Horas más tarde se anunciaba que en otro operativo conjunto se había detenido a Armando “N”, El Miclo, uno de los criminales más despiadados, lugarteniente de El Marro.

Ayer una serie de narcobloqueos en los accesos a Celaya, lugar donde fueron detenidos el padre de El Marro y su presunto principal operador, pusieron en jaque a las fuerzas federales y estatales con incendios de vehículos, entre ellos tráilers y camiones de basura.

Las fuerzas federales y estatales, cuenta Gabriel, fueron cercadas mediante un ataque coordinado en varios puntos de esa ciudad guanajuatense que, además, incluyeron la colocación de ponchallantas, aterrorizando más a una población indefensa desde hace más de un año, cuando el gobierno federal decidió aplicar operativos contra la ordeña del combustible que sale de la refinería de Salamanca.

El domingo 8, muy cerca de las instalaciones de la Guardia Nacional y en el estacionamiento de la Feria de Celaya estalló un auto bomba. Todo el país hablaba de los justos reclamos de las mujeres. Pero los criminales tienen su propia agenda.

Si bien en un principio la Guardia Nacional dijo que se trataba del “incendio” de un auto, al día siguiente el propio presidente Andrés Manuel López Obrador admitió que se trató de un explosivo “artesanal” y que habían registrado ya casos parecidos en Guanajuato.

Guanajuato, que tiene uno de los crecimientos económicos más altos del país, y donde están asentadas armadoras de vehículos como Toyota, Mazda, Honda, VW y General Motors –empresas que salvan las cifras de las exportaciones de México hacia Estados Unidos– es también la sede de explosiones y narcobloqueos. Cuánto pueden subsistir ambas realidades sin que la primera resienta efectos.

Gabriel me cuenta que apenas en enero, el investigador Fabrizio Lorusso, catedrático de la Universidad Iberoamericana de León, denunció que con datos obtenidos de la Fiscalía General guanajuatense (oficio 558/2019, folio 02686819 del 21 de octubre de 2019), y cifras asentadas en otra petición ciudadana (oficio 526/2019, folio 02534319 del 4 de octubre de 2019), Guanajuato tiene un total de dos mil 98 personas desaparecidas hasta el 30 de septiembre de 2019. (https://bit.ly/39BRMqq). ¿Cuántas irán este año?

Desde enero de 2019 hasta la fecha, Guanajuato ha sido el estado más violento del país en cuanto a homicidios dolosos, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Ni el gobierno federal ni el estatal, encabezado por Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, han podido bajar esta cifra de homicidios.

Guanajuato es el Michoacán de AMLO. Lo peor es que, más allá de la política y la Guardia Nacional, hay una población aterrada que nomás no ve claro cómo es que Durazo creía que estaban preparados. Ojalá el todavía funcionario de López Obrador tenga razón.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.