Un chocho para la felicidad
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Un chocho para la felicidad

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Un chocho para la felicidad

21/06/2019
Actualización 21/06/2019 - 13:09

Max lleva seis meses como subsecretario de Relaciones Exteriores de este gobierno. Y cree que el mundo ya habla de él.

Max nunca había sido diplomático. No estudió relaciones internacionales. No trabajó nunca en un organismo multilateral. No sabemos si habla portugués, francés o inglés. Pero ya siente que los imperios (literal, los imperios) aprecian su trabajo.

Max antes tenía una cuenta de Twitter. No muy morena que digamos. Esa cuenta era de cuando era del PRD, o al menos trabajaba en un gobierno (es un decir) perredista. Pero ahora ya ni en su curriculum pone que fue alfil del PRD de la mano de (chan-chan-chan-chaaaann) el también neomoreno Víctor Romo.

Max, en esa otra cuenta del otro Max, era fan de Macri y retuiteaba críticas a Cristina Kirchner, como esta del 22 de noviembre de 2015, día en que ganó el actual presidente argentino: “Fin d la era trágica de Kirchner! Felicidades Macri!!! A reconstruir un país devastado x el populismo y demagogia!”.

Quién sabe qué pensará el Max de hoy –que tiene que llevarse con kirchneristas como el exministro argentino Axel Kicillof, a quien según la prensa vio el 7 de mayo– del Max de hace escasos cuatro años.

Aquel Max también retuiteaba que eran un gusto los mensajes de Mancera, pero de eso –supongo– tampoco se quiere acordar el actual Max, que trabaja para Marcelo Ebrard.

Al Max de entonces le indignó, como a muchos, que le dieran la Belisario Domínguez al empresario Alberto Baillères. (A mí tampoco me latió esa decisión del Senado, la neta, por si estaban con el pendiente). Pero a Max le enchiló de tal manera que tuiteó estos tres mensajes el 12 de noviembre de 2015:

“Ojalá que Alberto Baillères les haya regalado algunos puntos a los chiquititos senador@s del @senadomexicano para que se den un gusto”.

“Qué vergüenza me da el @senadomexicano son chiquititos”.

“Entre Alberto Baillères y #ElChapo prefiero a #Elchapo mil veces”.

Por si no ha quedado claro, aquel Max como que no traía muy buena puntería de largo plazo. Por ejemplo, si hubieran querido, Miguel Osorio Chong o Xóchitl Gálvez, le habrían hecho cansada su ratificación como subsecretario de Relaciones al Max de hoy, pues el Max anterior en su cuenta de Twitter se la pasaba criticando al priista (“Sr Presidente @EPN, le sugiero aceptar la renuncia que @osoriochong le presentó en enero, #estadofallido”, 05/06/15) y a la panista (“señora @XochitlGalvez se lo dije hace dos meses y se lo repito hoy: quienes le dijeron que tenía oportunidad en @delegacionMH la engañaron” 06/06/15).

¡Ah!, pero de eso, seguro que el Max de hoy ya no se quiere acordar. Porque Maximiliano Reyes Zúñiga hoy vive un clímax. A él, subsecretario para América Latina y el Caribe, no lo desvela el incómodo lugar que ocupa México en la crisis de Venezuela (el anterior Max retuiteaba al opositor Leopoldo López, bien por aquel Max), y mucho menos el reto de lidiar con la migración proveniente de Centroamérica.

Nada, nada, chiquitos le quedan los retos multilaterales. Y si no me creen, lean al Max de hoy, quien este jueves en su cuenta de Facebook escribió:

“Y así, un día amaneces, y lees que el mundo habla de ti, que los desarrollados te miran con interés, que los imperios históricos ven con aprecio lo que haces y pues, sí, inexperteando uno se pone contento y lo pone aquí en Facebook porque la alegría debe compartirse y también porque esto nos compromete más a hacer algo para que todo esté mejor, que esta generación deje un legado positivo a la humanidad, construído diariamente, artesanalmente, encomiablemente”.

Qué bueno que alguien se sienta así en México. Ahí sí, qué envidia no ser como este Max. A ver si en este viernes –que como decía Germán Dehesa “hoy toca”– a uno le pasan una pastillita para quitarse inhibiciones y publicar en el feis similares mensajes de autocomplacencia y autoestima.

Un chocho para una felicidad que no quepa en el mundo mundial, y para olvidar los mensajes del ayer, plis, Max.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.