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Revolución, Ángeles y caballos

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Revolución, Ángeles y caballos

20/11/2019
Actualización 20/11/2019 - 5:38

Tengo ganas enormes de que el desfile de hoy salga requetebién. No creo que haya espacio para esperar algo de la emotividad vista la noche del Grito de Independencia, pero qué bueno sería que nos lleváramos una grata sorpresa con lo que ocurra hoy en la capital, donde por la Revolución desfilarán 2,700 jinetes, unas locomotoras y carros alegóricos.

Este gobierno se las ingenia para hacer cosas igualmente sorprendentes que preocupantes. No sé aún en cuál de esas categorías poner al desfile de hoy. Sin embargo, se ha adelantado que serán dos los grandes protagonistas de la parada de este 20 de noviembre: los caballos y las locomotoras.

El porqué de lo anterior parece obvio: la revuelta fue a pie, a lomo de cuaco y sobre rieles. También fue a golpe de proclamas, alianzas y traiciones, pero un desfile no es necesariamente el espacio para entrar en los detalles del Plan de San Luis, o el de Ayala, o el de Guadalupe…; así que mejor apelar a lo vistoso y poner un chingo de caballos a transitar por la ciudad menos rural del país y desempolvar una locomotora que a ver si no rompe el (ya de por sí maltrecho) pavimento capitalino.

Pero a dónde quiere el gobierno que en la evocación nos lleven esos caballos, qué viajes revolucionarios rememorarán esas locomotoras. Sabe.

Lo único que me queda claro es que la idea de hacer a los equinos y a los trenes entes protagónicos suena a coreografía de cartita de papelería, de festival escolar elemental, maniqueo y repetitivo: lo más vistoso y menos polémico de una guerra civil donde todos los que la presidieron fueron buenos (menos Huerta), aunque luego todos se mataran –huyendo en trenes y caballos– entre ellos, pero de esas “minucias” no discutiremos.

Si Calderón usó el bicentenario de 1810 para pasear huesos de supuestos héroes independentistas de un lado a otro, López Obrador reivindicará puro folclor. Juro, reitero, que espero estar equivocado y mañana decir aquí mismo que qué bien salió, que qué innovador, que qué visión tan refrescante sobre la gesta iniciada por Madero, etc.

Mientras eso ocurre, y ya puestos a hablar de Revolución, caudillos y caballos, propongo que nos felicitemos porque Adolfo Gilly acaba de sacar El Estratega, un nuevo libro suyo sobre el general Felipe Ángeles (Editorial Era).

Gilly entrega un tacho de 784 páginas donde aborda de nueva cuenta la figura del hidalguense.

Ya habrá tiempo de darle el golpe a tan amplio volumen, por lo pronto, si quieren saber de caballos y la Revolución, más que escuchar corridos lean a Gilly, revisen por ejemplo Felipe Ángeles en la Revolución (Era, 2008), donde habla de los cuacos de mi general y el particular estilo de este soldado –el más romántico, el más preparado, el de más mala fortuna en la Revolución– para nombrar a sus cabalgaduras.

“El general Felipe Ángeles”, dice Gilly en ese volumen, “tenía un especial afecto por sus caballos a los cuales solía poner nombres de mariscales de Francia. Turena, como el mariscal general de los ejércitos franceses bajo Luis XIII y Luis XIV, se llamaba su caballo en la batalla de Zacatecas: ‘sobre mi Turena, que saltaba deliciosamente los muros y las anchas zanjas, fui a rogar a mi general Villa que me diera cuatro brigadas de caballería para ir a tomar Aguascalientes’”, recuerda en su relato de aquella batalla.

“Sobre Turena, dejado en herencia por Ángeles cuando partió hacia Estados Unidos, cabalgaba Pancho Villa por la sierra de Chihuahua en enero de 1916, después de disuelta por él mismo, la División del Norte el 19 de diciembre de 1915. Sobre Turena seguía cabalgando a mediados de marzo de ese año por la región de Galeana, después del ataque a Columbus, eludiendo la persecución de la Expedición Punitiva.

“De sus caballos habla Felipe Ángeles en sus relatos de guerra: Ney, mariscal de Napoleón, fusilado en diciembre de 1815, y Curély, general de la caballería ligera de Napoleón en Rusia, eran los nombres de sus otros caballos en Zacatecas”.

Ángeles tuvo un caballo más, al que nombró “John Brown”. Es 20 de noviembre, en la espera de saber si el desfile de hoy es un éxito (ojalá) o una cosa de pena, lean a Ángeles por Gilly para saber sobre la evocación de John Brown. Ya con eso habrá valido la pena que el presidente López Obrador nos haya provocado a hablar de caballos y la Revolución. Se los prometo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.