Puebla, ¿qué decidirá AMLO?
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Puebla, ¿qué decidirá AMLO?

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Puebla, ¿qué decidirá AMLO?

07/01/2019
Actualización 07/01/2019 - 10:38

La tragedia del 24 de diciembre, cuando al caer un helicóptero murieron la gobernadora Martha Erika Alonso y su esposo, el líder panista en el Senado, Rafael Moreno Valle, y otras tres personas, ha desolado a varias familias y provocado inestabilidad en Puebla. Ese terrible percance, sin embargo, está en ruta de convertirse en un descalabro mayúsculo para Andrés Manuel López Obrador y su partido, Morena.

Los hechos de ese lunes de Nochebuena son conocidos y los mexicanos esperan los resultados de las pesquisas para saber las causas de la caída del helicóptero que cobró la vida de las máximas autoridades poblanas, de uno de sus colaboradores y de los dos pilotos de la aeronave.

Mas el compás de espera ante los peritajes no ha sido replicado por los políticos de la entidad poblana. En las dos semanas que han transcurrido desde el incidente, la lucha por el poder –toda vez que tendrán que ser convocadas nuevas elecciones para gobernador– no ha conocido pausa. Y en esa actitud que denota falta de mesura destaca Morena, que no ha comprendido lo mucho que se juega el gobierno de López Obrador en el infausto escenario que el azar trajo ese lunes.

Puebla era ya, antes de la tragedia, uno más de los botones de muestra de cuánto debía aún madurar la figura de Andrés Manuel en su calidad de presidente de la República.

El largo litigio poselectoral que en torno a la gubernatura de Puebla enfrentó al PAN y a Morena, resuelto en polémica sesión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación apenas el 8 de diciembre, dejó en claro que López Obrador no ha comprendido que ser El Presidente, con mayúsculas, implica estar por encima de pugnas partidistas, que debe velar por el mejor entendimiento de los más, antes que por sumar puntos a la causa de su partido.

Que Miguel Barbosa, candidato derrotado por la dupla Alonso-Moreno Valle, haya hecho pataleta por la decisión del Tribunal no sorprendió a nadie. Justo lo contrario habría sido lo novedoso. Esa actitud poco democrática hoy es un lastre mayúsculo para él y para su partido, así la presidenta del mismo no quiera entenderlo. Morena tiene una disyuntiva crucial. Contribuir a que los comicios extraordinarios no polaricen aún más a los poblanos, o el mecansoganso de la señora Polevnsky, quien el jueves dijo que Barbosa será candidato, que va, y que “van con todo”.

Si Morena insiste en que su candidato sea Barbosa fallará al no advertir que un triunfo de Morena en los nuevos comicios sería potable sólo si no hay duda de que eso es lo que los poblanos decidieron, y no el resultado de un proceso donde desde Palacio Nacional se cargaron los dados.

El 2019 era un año tranquilo para Morena. Casi en cualquier escenario se daba por seguro que Baja California, la única entidad que tenía programada una elección de gobernador este año, sería un triunfo fácil para el representante de la nueva administración federal: el apoyo aún mayoritario de Morena, las medidas de AMLO a favor de la frontera norte, el desgaste del PAN, instalado ahí desde hace 30 años, y una polémica actuación del gobernador Kiko Vega inclinaban la balanza hacia el partido de López Obrador. Ganar esa elección era visto como parte de la inercia del 1 de julio.

Pero Puebla es y será otra cosa. Antes de la tragedia, el ambiente seguía enrarecido (en parte porque Barbosa y los diputados de Morena no dieron tregua a la gobernadora). Y después del percance la volatilidad aumentó por el errático actuar de López Obrador, quien no sólo no fue al funeral sino que utilizó la ocasión para atizar indebidos conceptos a quienes él cree que sus adversarios (un presidente de México no debiera de usar en vano la palabra fascismo, pronunciada en esa coyuntura).

López Obrador está a tiempo de aprender de una tragedia. Su palabra de que él no será como otros presidentes, que intervenían en elecciones, será puesta a prueba en Puebla. Si en un proceso electoral ordinario, la operación de Morena iba a captar los ojos de todos, en el caso poblano la sensibilidad será mayúscula.

Si AMLO –único poder real en Morena- decide que Barbosa sea otra vez candidato, se echará encima los comicios poblanos. Ello terminará de sobrecargar la política en un estado que hoy lo único que merece es que el proceso electoral no sea un batidillo que medre de la tragedia de varias familias.

Para los morenos, la estrategia de “va con todo” porque se trata de ganar a toda cosa, se traducirá en pírrica victoria, en estigma de voracidad sin escrúpulos. Adquirir esa marca el año uno de gobierno se pagará en todo lo que resta del sexenio. ¿Qué decidirá AMLO?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.