¿Presidencia de dos vías?
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¿Presidencia de dos vías?

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¿Presidencia de dos vías?

01/03/2019
Actualización 01/03/2019 - 12:16

El miércoles María Amparo Casar publicó 'Presidencia de Dos Vías', una columna donde establece, con argumentos, que estamos ante una realidad donde el presidente Andrés Manuel López Obrador encabeza un gobierno formal, y uno paralelo.

“Parecería absurdo decir que un gobierno electo democráticamente y que además goza de una gran popularidad y aceptación pudiera estar montando un gobierno paralelo. No lo es”.

Retomando al polémico editorialista anónimo del NYT, que en verano pasado publicó que en EU se vive “una presidencia de dos vías”, donde funcionarios de la Casa Blanca intentan ser responsables dentro del caos Trump, Casar dice que “lo novedoso y sorprendente en México es que por esas dos vías transita la misma locomotora y el mismo conductor”.

En el caso mexicano, argumenta María Amparo, “el federalismo –de utilería como lo llamé en algún momento– ha sido rebasado por una nueva estructura que se controla desde Palacio Nacional: los superdelegados que concentran poder político, económico, social y territorial –quizá también policial y de inteligencia– y que responde a la Presidencia de la República”. Y luego agrega:

“Las políticas públicas no se adoptan con base en ‘libros blancos’ en los que se ofrece un diagnóstico y se ponen a consideración distintas rutas de acción basadas en estudios de costo-beneficio, impacto ambiental, marco normativo, afectaciones de terceros, racionalidad económica o cualquier otro criterio propio de las administraciones modernas, sino de consultas a modo que violan la legalidad vigente (…). Los censos y/o padrones de beneficiarios ya no pasan por las instancias gubernamentales como las secretarías de Estado o los órganos autónomos como el Inegi sino por un pequeño ejército de ‘servidores de la nación’ sobre los que no hay información”. Al respecto de esto, Casar advierte el peligro del uso político de padrón y empadronadores.

Enseguida, Casar destaca cómo desde Palacio Nacional lo mismo se hacen acusaciones a funcionarios o ciudadanos, se otorgan perdones a corruptos o formulan realidades numéricas sobre la marcha del país, y que ante todas esas aseveraciones “estamos obligados a creerlas aun cuando carezcan de fuente comprobable. Se ofrecen a la buena de Dios y se toman por buenas porque el emisor es honesto y su palabra infalible”.

Tenemos un presidente que opera con una lógica administrativa y otra estrictamente de captura, concentración y operación de poder.

Pero no es cierto que López Obrador opere sin libros blancos, racionalidad económica o análisis de costo-beneficio. Tenemos el defecto de minimizar el entendimiento que el presidente posee del país que recibió, del funcionamiento de las instituciones heredadas y de las consecuencias administrativas y/o financieras de sus actos a la hora de cancelar el aeropuerto, deshacerse del avión presidencial o hacer consultas 'a modo'. AMLO sabe que había una ortodoxia, la atiende más a menudo de lo que estamos dispuestos a conceder (la SHCP va bien, por ejemplo), pero ha decidido cambiar de cuajo esa forma de operar, con el único propósito de privilegiar su idea de que se debe gobernar para los pobres y a partir de un paradigma nacionalista antes que global. Y no le importan mucho los costos (es cierto que puede ser que algunos de esos costos ni siquiera los dimensione). Ese gobierno formal existe, pero, y aquí lo más valioso de la tesis de Casar, está al servicio de un proyecto político.

No olvidemos cómo llegó AMLO a la presidencia en 2018. No fue porque “ya le tocaba”, sino porque montó una red nacional de operadores que primero armaron Morena y luego, tras la derrota de 2017 en Edomex, una eficaz estrategia electoral en el territorio.

Hoy, desde el gobierno, López Obrador encabeza una nueva ocupación territorial que borra límites estatales, municipales, formales y… legales.

Pensándolo mejor, quizá no exista la presidencia de dos vías. Es una sola vía: cambiarán lo que haga falta para, desde la ocupación territorial de todos los ámbitos –seguridad, producción, asistencia social–, redefinir la operación gubernamental. Hay una sola vía: la territorial, lo demás es accesorio de ello. ¿Un ejemplo? Las estancias infantiles eran una red que no operaba en el territorio en la lógica presidencial. Y era de las pocas que aún quedaban. Que pongan las universidades sus barbas a remojar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.