Perón en el aeropuerto
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Perón en el aeropuerto

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Perón en el aeropuerto

04/10/2019
Actualización 04/10/2019 - 11:46

Un buen amigo me recomendó un libro para lidiar con las varias esperas en los aeropuertos de un viaje realizado esta semana.

El volumen se llama La desaparición de Josef Mengele, de Olivier Guez (Tusquets, 2018). Con esta novela el autor, de 45 años de edad, se hizo acreedor hace dos años al Premio Renaudot de su natal Francia, y los críticos comparan este libro con otro de gran éxito y también sobre un nazi: HHhH, de Laurent Binet.

El libro es sobre ese gran criminal que fue Mengele, pero entre uno y otro aeropuerto a mí me capturaron algunos párrafos, que comparto en este viernes. Son sobre Juan Domingo Perón, su esposa Evita y la Argentina. Aunque se trata de fragmentos, los cito sin alterar el orden en que aparecen en el relato.

“La gente profesa un auténtico culto al líder de la nación, un dúo, un oso con un uniforme de opereta y un gorrión engastado en joyas. El redentor y la oprimida: Juan y Evita Perón se exhiben triunfalmente en todos los muros de la capital”.

“Provincianos, ambiciosos y revanchistas, Evita y Perón se parecen”.

“(Como joven soldado, Perón) explora las vísceras de Argentina en cada uno de sus destinos y descubre a peones reventados de trabajo, a los obreros de los mataderos de Buenos Aires peor tratados que los animales que llevan allí a degollar”.

“Las desigualdades de un país rico, principal proveedor de materias primas a Inglaterra, que, a su vez, dicta su ley: los ingleses controlan la red ferroviaria, los bancos explotan los tesoros de la pampa e inmensos bosques de quebrachos rojos cuyo tanino extraen. Los grandes terratenientes acaparan el poder y celebran suntuosas fiestas. En Buenos Aires se dan la mano palacios y cuchitriles, el teatro Colón y los burdeles de La Boca”.

“A Perón se le agota la paciencia. Indiferentes a las desdichas de los ciudadanos, los dirigentes corruptos organizan la penuria, predican la democracia pero cometen fraude en las elecciones”.

“La década de 1930: fumaderos de opio, escándalos financieros, éter y cocaína, un robo a mano armada. A mediados del infame decenio, Evita, adolescente, desembarca en Buenos Aires para convertirse en actriz.

“A la cándida y frágil muchacha la engañan productores sin escrúpulos. Evita se subleva: jamás olvida ni perdona nada. Sueña con sacar violentamente a los traidores de sus inmundas guaridas, con decapitar a los barones del azúcar y de la ganadería conchabados con los capitalistas extranjeros que pisotean a los humildes como ella. Evita es más fanática y apasionada que Perón”.

“En 1946 se han hecho los dueños de Argentina, con el apoyo de la Iglesia, los militares, los nacionalistas y los proletarios: la hora de la espada ha llegado”.

“Los Perón quieren emancipar Argentina y anuncian una revolución estética e industrial, un régimen plebeyo”.

“Perón es el primer político que sacude a la vetusta sociedad colonial argentina”.

“Los Perón, mediadores del pueblo y de la voluntad divina, consolidan el orden nuevo, nacionalista y autoritario. Purgan la universidad, la justicia, la prensa, la administración; triplican los efectivos de los servicios secretos, hombres de gabardina beis y traje oscuro. Perón vocifera: ‘Alpargatas sí; libros no!’: despedido de su puesto en la biblioteca municipal de Buenos Aires, Jorge Luis Borges es ascendido a inspector nacional de aves de corral y conejos”.

“Es un catecismo simple y popular que ofrece un compromiso inédito entre el cuerpo y el alma, el monasterio y el supermercado”.

Esta es parte de la lectura de Perón y el peronismo hecha por Olivier Guez en 2017. Buen fin de semana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.