País de un solo hombre
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País de un solo hombre

22/10/2018

México ha construido en los últimos años una constelación de organismos para dotarse de contrapesos, autonomía y balances a lo que un día fue un Estado unipersonal.

De esa forma, y ante diferentes crisis, nacieron la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y un instituto electoral independiente. También un órgano de la transparencia y entidades de fiscalización como la Auditoría. En los estados se replicaron, a escala obviamente, algunas de esas instancias.

Dentro de esa misma ola, instituciones de larga data adquirieron nueva autonomía, importancia y prestigio, como el Banco de México y el INEGI.

Es cierto que casi cualquier coyuntura ha querido ser enfrentada con la creación de organismos ad hoc, y que no ha faltado quien haya opinado que a ratos se antojan demasiados.

Pero si tal “exceso” fuera cierto, ha sido por las buenas razones; mejor apostar a que haya reguladores u órganos burocráticos especializados en cada campo de la actividad pública, antes que, por un lado, dejar al gobierno ser el único actor de ese sector o que entre este y los actores privados de tal materia no medie juez alguno.

Así, el gobierno que surge de las elecciones ya no manda en muchas cosas, al contrario, recibe información, diagnósticos, sanciones, instrucciones, mandatos, recomendaciones, prospectivas, fallos y advertencias de mucha gente que trabaja en el Estado pero no milita en partido alguno y que no se juega su puesto en elecciones.

Por esos organismos, aunque es el mismo, el país no se parece mucho al de hace 30 años. Podría ser mejor, pero no es peor que el de hace tres décadas.

Si a lo anterior sumamos que en estas misma décadas los ciudadanos han tomado la iniciativa de participar organizadamente en la vida pública más allá de los partidos políticos, tenemos un ecosistema social vibrante, en ocasiones crispado, pero nunca hasta hoy regresivo.

Ahí donde el Estado ha fracasado, o bien surgen organismos para complementarle o bien nacen grupos sociales que aportan conocimiento, data, propuesta y hasta energía para ayudar al gobierno a encontrar soluciones o resolver problemas.

Si a la cuenta agregamos a distintas universidades públicas y privadas que hacen investigación en diversos campos y no rehúyen participar en los temas públicos, tenemos un entorno donde la voz del presidente de la República pesa mucho, pero para nada es la única… hasta ahora.

Ese es el panorama hasta el día de hoy. La galaxia mexicana de siglas tiene un INEGI, un Banxico, un INAI, un INE y un INEE, un Coneval, la CNDH, la ASF, un enclenque pero ya existente Sistema Nacional Anticorrupción, además de la CRE, el IFT, la CNH, la Cofece, la CEAV…

Nadie dice que lo construido hasta ahora sea perfecto, funcione óptimamente o que debería ser inamovible. El abuso del “método” de cuotas y cuates ejercido por PRI-PAN-PRD ha dado como resultado integraciones lamentables, como la del actual Tribunal Electoral del PJF, con los resultados a la vista.

Sin embargo, pareciera que Andrés Manuel López Obrador interpreta que su elección debe ser entendida como la imposición de un nuevo aparato gubernamental y de una nueva (o habría que decir vieja) forma de interactuar entre gobernantes y gobernados.

Morena ya anunció que busca desnaturalizar (quitarles su independencia) a la Comisión Reguladora de Energía y a la Comisión Nacional de Hidrocarburos. Y el INEE también ha sido puesto en la mira.

De lograr esos cambios, y sobre todo de lograrlos sin enfrentar resistencia alguna, nada impedirá que se siga con otros.

¿Será que la IV Transformación lo que realmente busca es reinstalar en México un gobierno sin contrapesos ni acotamientos, sin entes que ejecuten, protagonicen y administren parte de la vida pública en una dinámica de autonomía y profesionalización donde la voluntad del presidente de la República no es un factor primordial?

Antes de reformar lo ya reformado en estas tres décadas, Morena tendría que convencer de que lo que va a corregir debe de ser corregido, y que la corrección es mejor que lo que hay hoy.

Si no, que ya de plano digan que quieren volver a 1988, sin INEE, CNH, CRE… Y que se vea quién está de acuerdo y quién no con volver a un país de un solo hombre.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.