Nos vemos el 2 de diciembre…
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Nos vemos el 2 de diciembre…

16/10/2018
Actualización 16/10/2018 - 9:16

Nos vemos el 2 de diciembre, amagó Javier Jiménez Espriú, propuesto para ser secretario de Comunicaciones y Transportes del próximo gobierno federal, cuando la semana pasada la apoderada legal de un predio le obligó a salir del mismo.

Ese desplante del colaborador de Andrés Manuel López Obrador no desentona con gestos que con casi idéntica autosuficiencia han proferido otros acompañantes del presidente electo.

“Nos vemos el 2 de diciembre” como grito de guerra con el que machacan que sólo ellos tienen el monopolio del mensaje expresado en las urnas el 1 de julio; y que el modo de ese cambio, al que desde ya califican de histórico, sólo toca a ellos descifrarlo e instrumentarlo. Detrás de la raya que estamos trabajando en la IV transformación…

Y mientras las bancadas de Morena se atropellan de tanto ímpetu –no necesariamente para bien– transformador, del otro lado lo que se aprecia es el pasmo de las oposiciones, de los empresarios, de los del Poder Judicial, de no pocas ONG y de otros actores que en silencio escuchan un día sí y otro también lo que será el país apenas asuma López Obrador.

De forma que el 2 de diciembre amaneceremos con gobernadores que tendrán una correa en el cuello llamada superdelegados, con mandos únicos de seguridad que olímpicamente traspasarán las competencias que corresponden a gobernadores y presidentes municipales, sin reforma educativa o con una a la que le estarán arrancando los dientes, con un padrón de beneficiarios de programas sociales que, sin que nunca se explicara fondeo y metodología, bien podría ser impuesto como nuevo canon de la política del bienestar, con un Poder Judicial al que le ordenarán no sólo equidad de género sino nuevas reglas de rotación geográfica de jueces y magistrados, con un Petróleos Mexicanos sólo pensando en cuando él por sí mismo hacía todo y no en realizar alianzas estratégicas con aquellos que saben hacer lo que Pemex nunca aprendió, con un Tren Maya a toda marcha sin que nadie haya visto el proyecto ejecutivo o los estudios de impacto ambiental, con una campaña de zafra (Galia García Palafox dixit)... perdón, con una campaña de reforestación que no ha despejado dudas de especialistas como Julia Carabias, con un aeropuerto cancelado o trasladado a la iniciativa privada o demorado o vayan ustedes a saber qué diantres…

Eso sí, hay que reconocer que nunca escondieron la mano. Que dejaron claritas sus intenciones. La propia Olga Sánchez Cordero lo advirtió el 5 de octubre, al clausurar la Semana Nacional de la Transparencia.

En esa ocasión, quien está propuesta para ser secretaria de Gobernación contó que cuando unos banqueros le preguntaron si el gobierno de AMLO va a respetar el Estado de derecho, ella explicó: “No, no es que vayamos a respetar el Estado de derecho, vamos a restaurar el Estado de derecho, entre otras, en esta materia de la corrupción. Y los 30 millones de mexicanos votaron por restaurar el Estado de derecho (…) Ese fue el mandato”.

Es decir, que ni enterados de que estábamos en bancarrota legal. Y miren que lo dice quien fue ministro de la Corte, así que algo debe saber.

Lo que no sabíamos es que nadie más quería participar en construir ese nuevo país, esa restauración. Porque hasta hoy, y salvo estériles retobos tuiteros, nadie reclama el derecho a ser escuchado, a colaborar. En ese sentido, la única que ha dicho no en este panorama fue la abogada del predio ya citado. Al menos ella sí hizo valer su derecho. Los demás, nos vemos el 2 de diciembre.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.