Morena en los tiempos de Hubris
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Morena en los tiempos de Hubris

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Morena en los tiempos de Hubris

20/08/2019
Actualización 20/08/2019 - 12:51

Los de Morena se están peliando… puedes leer esto cuando quieras.

Y sin embargo, incluso en Morena hay de pleitos a pleitos. El que ayer afloró en el Senado, cuando apenas está por concluir el primer año de la legislatura, es sintomático de un mal que podría amenazar la marcha del partido del presidente Andrés Manuel López Obrador y al país mismo.

El exministro de relaciones exteriores británico David Owen acuñó un término a principios del siglo XXI: el Síndrome de Hubris. Este describe los cambios en la personalidad de aquellos a los que toca el poder, según se explica en esta entrevista con el también escritor, publicada en 2014.

“Bertrand Russell le llamó ‘la intoxicación del poder’, lo que captura el concepto perfectamente”, detalla Owen en esa charla al hablar de cómo el poder puede trastocar a aquellos que lo detentan “sean estos políticos o gente de los negocios o de los medios”.

Owen escribió un libro al respecto sobre esta condición, que “no necesariamente es un concepto sólo de cosas malas, porque así como tiene connotaciones negativas, también implica capacidad para asumir riesgos y desplegar energía”.

Pero en la parte negativa, según Owen, implica:

“Una propensión narcisista para ver el mundo básicamente como una arena en la cual ejercer el poder y la gloria.

“Excesiva confianza en el juicio de uno mismo y menosprecio a los consejos y las críticas.

“Se muestran incansables, tendientes a los impulsos y la poca prudencia”.

Yo no sé por qué los de Morena se pelean en el Senado si son mayoría, decía ayer alguien. Pero bien visto, eso de pelearse incluso desde la mayoría es la constante en el grupo ganador del 1 de julio de 2018: se enfrentan y grillan en la Asamblea Legislativa de la capital, lo mismo en el Congreso del Estado de México y se pelean, de tiempo atrás, en el partido, donde la elección para renovar la presidencia promete ser una batalla campal que envidiarán rijosos perredistas de todos los tiempos.

Sea Hubris o no la razón que explica el comportamiento y las peleas de los morenistas, lo cierto es que nunca habían tenido tanto y, por ello, nunca en su corta historia se habían descarado así a la hora de reclamarse cosas en público.

Se dirá que estamos asistiendo a una reedición o revancha de lo que vimos cuando a Ricardo Monreal le negaron la candidatura a la jefatura de Gobierno de Ciudad de México para dársela a Claudia Sheinbaum.

En esa ocasión, Martí Batres estuvo en el grupo que se alineó con la decisión (el dedito) que favoreció a la hoy gobernante de la capital. El modosito en aquellos días fue Batres, y el que despotricó fue Monreal, que culpó del agandalle a “la nomenclatura morenista”. Este lunes los papeles se invirtieron.

Monreal terminaría disciplinándose: volvió al redil pejista y a la postre no le fue mal: hoy tiene en la mano la llamada Cámara alta.

En cambio, Batres ahora muerde el polvo, quizá fue Hubris lo que le provocó que su ego le impidiera leer que la balanza del poder no le favorecía, que el zacatecano le dejaría en evidencia.

La diferencia es que en aquel entonces se trataba de una pugna partidista por una candidatura, y hoy estamos hablando de dos personajes en el gobierno, así sea desde la rama legislativa. El pleito puede tener consecuencias muy distintas.

Porque como se menciona en la entrevista de Owen ya citada, del Hubris surge la incompetencia hubrística, que es cuando las cosas pueden ir mal a causa de que los líderes tienen tanta confianza en sí mismos que no se preocupan por las consecuencias prácticas de las decisiones políticas. Como los de Morena, que parecen más preocupados en pelearse el poder entre ellos que en lo que esas peleas intestinas pueden provocar en la política.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.