Mañaneras: a ti elevamos nuestras plegarias
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Mañaneras: a ti elevamos nuestras plegarias

COMPARTIR

···
menu-trigger

Mañaneras: a ti elevamos nuestras plegarias

04/03/2019
Actualización 04/03/2019 - 11:08

Cada día se va hora y media sin que AMLO sea obligado a responder con puntualidad. Las mañaneras no admiten una sola definición. Las comparecencias cotidianas del presidente Andrés Manuel López Obrador ante periodistas dan para diferentes aproximaciones. Una de ellas es casi guadalupana. Palacio Nacional como sede para plegarias inatendidas por este y anteriores gobiernos: reporteros de medios de Aguascalientes, Veracruz o Sonora, por mencionar algunas entidades, exponen al mandatario pendientes en busca de un milagro reparador de deudas específicas, algunas muy viejas.

López Obrador prometió que daría cada mañana una rueda de prensa sobre el estado de la nación. Se supone que comparece ante periodistas luego de revisar, con su equipo, los asuntos más graves o urgentes del país (como el reporte de la violencia). Eso raramente se discute, y sin embargo lo que en realidad pasa es algo nada sencillo de clasificar.

Formalmente la cita se ha cumplido. De lunes a viernes el presidente toma preguntas de los periodistas. A veces hace un dilatado prólogo de algún tema específico. A veces, previo a aceptar cuestionamientos da un sermón sobre algo que le gustaría machacar (ese algo no es sorpresivo si se conoce el estilo u obsesiones del mandatario). Y a veces usa la ocasión para dar una conferencia dentro de la conferencia. Si los periodistas toman o no esa oportunidad para ahondar en el tema propuesto por AMLO es algo que, también hay que reconocerlo, queda a discreción de la prensa. Pero podemos concluir que en Palacio Nacional ocurre algo que no necesariamente tiene que ver con un presidente rindiendo cuentas sobre la actualidad más apremiante o crucial. La diversidad de los periodistas y sus particulares agendas hacen posible que López Obrador apenas dedique un par de minutos, de noventa en promedio, a lo que el sentido común periodístico diría que es 'la nota del día' o el asunto más importante.

Un colega sostiene que lo que López Obrador ha hecho en su gobierno es ponernos un espejo y que lo que se refleja en el mismo nos desagrada.

Si lo anterior fuera cierto, parte de lo que ha desnudado la mañanera es la diversidad (por llamarla de alguna manera elegante) de la prensa de México. Tenemos un poco de todo. No ahondaré en los que van a pedirle (o agradecerle) favores personales a AMLO.

Entre quienes cuestionan diario al titular del Ejecutivo hay desde representantes de comunidades que, como ya se dijo, asisten con temas hiperlocales para ver si logran que el gobierno atienda deudas históricas con sus regiones, hasta periodistas que juegan a emplazar al presidente a cumplir lo que prometió a ellos semanas atrás en el mismo recinto. Si en estos últimos casos el tema abordado es relevante o no es lo de menos, lo importante es que ellos tienen ese pendiente y quieren actualizarlo. Duelos de ego que superan al presidente, lo que ya es mucho decir.

Lo que rara vez se da, porque no hay sentido de gremio ni una lógica en común de algo así como hacer juntos que el presidente responda sobre el tema del día, es una acción coordinada para hacer que el mandatario informe a profundidad sobre un asunto crucial que rebase agendas particulares. Si AMLO no responde al colega, punto para mí, que en una de esas hago que sí me responda a mí un tema aunque el del otro medio sea más relevante.

Así, cada mañana vemos a un presidente vencer entre colegas divididos por algo más que la sana competencia. Cada día se va hora y media sin que López Obrador sea obligado a responder con puntualidad. Porque las mañaneras son muchas cosas, desde lugares para plegarias desatendidas hasta espacio para el lucimiento. Pero rueda de prensa, lo que se dice rueda de prensa, no necesariamente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.