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Las otras (añejas) causas de la muerte de los pobres

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Las otras (añejas) causas de la muerte de los pobres

30/10/2020
Actualización 30/10/2020 - 12:18

Que se mueran los pobres, en efecto, es un acuerdo que tiene rato entre nosotros. Las posibilidades de la salud pública para salvar vidas está lastrada no sólo por falta de equipo, medicinas o personal, sino por las comorbilidades de los pacientes de los servicios públicos, más graves que en la gente que se atiende en hospitales privados.

“Los pacientes que se hospitalizan en el instituto, en comparación con los de hospitales privados, presentan mayores comorbilidades como son diabetes mellitus, hipertensión arterial, obesidad, entre otras, y llegan en ocasiones en situación grave, principalmente con cianosis y polipnea”, expone una tarjeta de la dirección de prestaciones médicas del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Por ejemplo, de los pacientes que ha atendido el IMSS, 19.1 por ciento presentan obesidad, mientras que en hospitales privados esos representan 15.8 por ciento. Con hipertensión arterial, en el Seguro 39.6 por ciento tienen ese mal, mientras que en los privados son 30.4 por ciento, nueve puntos de diferencia. Y en diabetes mellitus el contraste es de ocho puntos: 32.4 por ciento vs. 24.6 por ciento.

“Atendemos personas más vulnerables”, dice vía telefónica el doctor Víctor Hugo Borja, director de prestaciones médicas del IMSS. “Sus desventajas vienen de antes”. Porque en el IMSS tienen claro que las personas que procuran sus servicios batallan para tener dietas más balanceadas (que pueden ser caras), recursos y tiempo para gimnasios o rutinas de ejercicios, calidad y horas suficientes de sueño, etcétera.

Sin aducirlo como pretexto, el directivo pide evaluar a los sistemas de salud considerando todas las características de la gente que atienden. “No podemos calificar sin ver la mezcla del tipo de paciente que llega. Si el IMSS le mandara (a los hospitales privados) su mezcla de pacientes, su desempeño sería otro.

“Son gente más vulnerable que tiende a complicarse más”, dice con pesar el doctor Borja, que se recupera en casa de una neumonía que le trajo el Covid-19. El directivo del IMSS acepta que también “están llegando más tarde a nosotros, más complicados, y con un desarrollo más grave de la enfermedad”.

Para combatir lo anterior, informa que el Seguro Social está por lanzar un programa de seguimiento personalizado de pacientes. Con los 15 mil médicos familiares de que disponen, se calcula que cada uno de ellos podría monitorear a tres pacientes activos, algo totalmente alcanzable. “Se trata de no dejarlos en casa solitos. Y si a final de cuentas el médico familiar es el que recomienda la hospitalización, será más fácil que hagamos un eficiente uso del hospital. Menos énfasis en el seguimiento hospitalario, y más en el paciente ambulatorio”.

Borja comenta que la mortalidad por Covid en el instituto llegó a estar en casi 50 por ciento, que ahora ha bajado a alrededor de 35 por ciento, pero que hay espacios, como el Centro Banamex, donde la recuperación está arriba de 85 por ciento.

Y para tratar de curar a más, el Seguro alista una investigación a partir de los expedientes clínicos de 50 hospitales para ver las escalas de gravedad de los pacientes que llegaron en julio, los tratamientos que recibieron y los resultados de los mismos. Esos resultados estarían en diciembre.

De igual forma, tendrán en un protocolo experimental en seis estados del medicamento Remdesivir, que no se consigue comercialmente en nuestro país.

Los mexicanos pobres son pacientes con una salud más vulnerable desde antes de la pandemia, que, encima, por miedo o por tomarse demasiado al pie de la letra la recomendación gatelliana, se quedan en casa hasta que la enfermedad ha avanzado demasiado y que son atendidos por un sector salud sobrepasado. Triple tragedia por desigualdad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.