La opacidad de Víctor Romo (nada nuevo, pues)
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La opacidad de Víctor Romo (nada nuevo, pues)

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La opacidad de Víctor Romo (nada nuevo, pues)

14/11/2019

Víctor Romo es de nuevo encargado gubernamental en la Miguel Hidalgo. Y su 'estilo' ya se advierte. Los vecinos han pasado a ser tratados como estorbo por la alcaldía gobernada (es un decir) por el morenista de ocasión (era perredista hasta que chaqueteó para ser candidato del Movimiento Regeneración Nacional en 2018).

Va un caso sencillo pero ilustrativo. La anterior gobernante de la Miguel Hidalgo, Xóchitl Gálvez, puso de boga una modalidad para un trámite llamado publicitación vecinal, que no es otra cosa que un aviso a vecinos e interesados de que se hará una obra.

Gálvez, y su entonces director jurídico Obdulio Ávila, usaron esa herramienta de las redes sociales llamada Periscope para hacer las publicitaciones vecinales. Así que un trámite se convirtió en una transmisión en tiempo real que podía ser seguida por cualquier ciudadano con internet.

La publicitación, dice la Ley de Desarrollo Urbano de la ciudad, es un requisito que deberá agotarse previamente a “la construcción, ampliación, reparación o modificación de una obra”. Debe realizarse, incluso, “previamente a la solicitud de tramitación de permisos, licencias, autorizaciones, registros de manifestaciones, y demás actos administrativos referentes a cambios de uso de suelo”.

El fin de la publicitación, dice la ley, es ser una “herramienta preventiva de conflictos y/o afectaciones a la ciudadanía y el entorno urbano”.

Es decir, ese trámite es clave para que los vecinos se enteren de que habrá una obra, de las características de la misma, y de las implicaciones que podría tener para esa comunidad, ya sea de servicios urbanos, movilidad, vocación o hasta armonía arquitectónica.

Con Xóchitl, en vez de sólo colgar un anuncio en el predio en cuestión, la autoridad de la Miguel Hidalgo llevaba a la práctica el principio de máxima transparencia. Anunciaban que habría ese acto administrativo en tal o cual domicilio, y llegada la fecha lo transmitían en vivo. Con Romo, todo a la antigüita. Legal, pero a la callada.

En fin, todo sería cuestión de estilos distintos entre el señor Romo y la señora Gálvez si no fuera porque con el actual alcalde los vecinos han descubierto que han vuelto a pasar cosas, digamos, singulares.

No sólo ya no hay transmisión en vivo de las publicitaciones, que tenían la ventaja de que cualquier vecino se asomaba virtualmente al trámite, sino que se ponen trabas a quienes quieren manifestar inconformidades con respecto a la obra publicitada.

La publicitación se hace, por supuesto, para que si alguien tiene algo que decir sobre la obra que se propone, acuda a la autoridad para solicitar más información con “el fin de corroborar la legalidad” de la misma. O inconformarse al respecto.

En caso de inconformidad ésta deberá ser promovida por ciudadanos que, dice la ley, acrediten interés legítimo: es decir, tener domicilio en la colonia donde se ubica la obra, y para demostrar eso se puede presentar la credencial del INE o identificación y constancia de residencia “expedida por autoridad del órgano político administrativo competente”.

Pues ocurre que a vecinos que se han interesado en la legalidad (o habría que decir probable ilegalidad) del predio ubicado en Alejandro Dumas 39 les fue rechazada su solicitud de más información e inconformidades, a pesar de haberse acreditado con INEs con domicilios en Polanco, y copias de escrituras públicas de la misma calle de Dumas. Según la alcaldía de Romo, los ciudadanos no demostraron que la obra afecte “intereses legítimos” de los promoventes.

Así que pasamos de la máxima transparencia a regatear a los vecinos interés, su residencia (a pesar de identificarse) y sus argumentos.

Por si faltara un dato, el predio de la publicitación ya había sido clausurado por Xóchitl hace un par de años. Qué mejor razón para escuchar a los vecinos… salvo que son tiempos opacos en la Miguel Hidalgo, con Romo otra vez.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.