La maldición del Salsipuedes
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La maldición del Salsipuedes

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La maldición del Salsipuedes

07/06/2019
Actualización 07/06/2019 - 12:18

El río se llama Salsipuedes. Corre por tierra rulfiana. En el sur de Jalisco. Por si hubiera alguna duda del universo del que hablamos, el Salsipuedes está en los límites de la sierra y del llano, con vista al nevado de Colima y a un montículo conocido como Cerro de la Media Luna. Estamos en San Gabriel, donde la tragedia del domingo pasado no a todos cogió por sorpresa.

Ese día el Salsipuedes llenó de troncos, lodo y autos convertidos en chatarra las calles de San Gabriel, uno de los municipios que padece una deforestación alimentada por la voracidad de los aguacateros. De ahí que hubo voces que advirtieron tiempo ha que la naturaleza se cobraría la afrenta.

Toda la zona del sur de Jalisco está amenazada por el desmonte provocado por la codicia michoacana, me cuentan jaliscienses que conocen la situación de primera mano.

Las faldas del volcán de Colima se han convertido en un panteón de pinos. Según esos testimonios, en la parte de Zapotlán, tierra de Arreola, 5 mil hectáreas de cultivo ahora se dedican al aguacate. Y en San Gabriel hay 2 mil 500 hectáreas que dejaron de ser bosque, o tierras de pequeños productores, para rendirlas a ese dios también llamado 'oro verde'.

“Hace unos años era muy raro ver aguacate en San Gabriel”, me dice un poblador de ese municipio. Aquí la gente se dedicaba a cultivar jitomate, maíz, hortalizas. El pequeño agricultor poco a poco dejó su labor para dejarle su tierra a los aguacateros”.

En vez de jornaleros trabajando parcelas de 5 o diez hectáreas, hoy hay productores michoacanos con maquinaria que incluso importan mano de obra de otros estados, como Guerrero.

“Han sido años en los que personas con mucho dinero se la pasan comprando tierras; pero hay también denuncias de despojo de terrenos y de extracción de agua de manera indiscriminada”, me dice la fuente, que prefiere guardar el anonimato.

La sobreexplotación de agua llevó a las autoridades de la Conagua a declarar una veda en la zona, “pero a ojos de todos vemos bombas extrayendo líquido del subsuelo”.

Estos son algunos de los antecedentes de la tragedia del domingo pasado, cuando el río San Gabriel, también conocido como Salsipuedes, se desbordó y dejó sobre el pueblo el testamento del origen de la tragedia: miles de troncos perfectamente cortados en sus extremos taponearon las calles como en un reclamo de muertos rulfianos que se niegan a irse sin espantar.

La inundación del primer domingo de junio en San Gabriel tuvo su más claro antecedente unas semanas antes. El reportero jalisciense Cristian Rodríguez Pinto lo contó así el 15 de mayo pasado:

“ZAPOTLÁN EL GRANDE, JALISCO. Las llamas envuelven al sur de Jalisco desde hace 10 días. Bastó una semana y media para que en los municipios que rodean el volcán de Colima –Zapotlán el Grande, Sayula, San Gabriel y Tuxpan– el fuego calcinara 12 mil 177 codiciadas hectáreas de bosque, ideales para el boyante cultivo de moda en la región: el aguacate.

“La afectación del ecosistema alcanza las 13 mil 311 hectáreas que, según la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (Semadet), fueron afectadas por incendios durante los primeros cuatro meses del año.

“Desde hace un año, ejidatarios consultados de Zapotlán, Zapotiltic y Zapotitlán de Vadillo afirmaron que se habían enterado de incendios forestales causados intencionalmente porque propietarios de terreno boscoso querían transformarlo e instalar ahí sus plantíos de aguacate. Explicaron que, cuando el área está quemada, los dueños pueden conseguir el cambio de uso de suelo de forestal a agrícola sin problemas ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat)”.

Se calcula que en esa zona, de 2003 a 2016 hay 11 mil 700 hectáreas modificadas irregularmente.

“Hoy fue San Gabriel. Mañana Ciudad Guzmán o Tamazula de Gordiano”, me dice mi entrevistado. “Las autoridades deben clausurar las huertas de aguacates ubicadas en terreros con irregularidades. Y la Conagua debería revisar quién está provocando un déficit de 20 millones de metros cúbicos”.

Sin embargo, el entrevistado no es optimista. Está convencido de que Jalisco vive una absurda competencia con Michoacán para presumir que el aguacate forma parte de su eslogan como “gigante agroalimentario de México”.

En San Gabriel, la fiebre del aguacate sólo ha traído precariedad laboral, deforestación, escasez de agua y la inundación del domingo pasado que dejó la cifra oficial de 5 muertos. Y, yo agregaría, que el llano sea más grande y que arda más.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.