La declaración más cortita, y opaca, del mundo
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La declaración más cortita, y opaca, del mundo

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La declaración más cortita, y opaca, del mundo

12/02/2019
Actualización 12/02/2019 - 9:31

Hay unos que quieren hacer la canción más bonita del mundo. Hay otros que, en cambio, quieren hacer la declaración patrimonial y de interés más cortita, y opaca, del ídem. De estos últimos es Jesús Seade Kuri, subsecretario de Estado del gobierno del cambio para servir a Dios y a sus mercedes. O no.

Jesús Seade Kuri estaba un día, no hace mucho, de lo más cómodo en su puesto de académico en una universidad de Hong Kong, cuando México reclamó el humilde concurso de sus servicios, como diría el Che.

Seade Kuri fue el bateador emergente de AMLO en un tema al que desde hace décadas le sabe muy bien: la negociación de acuerdos internacionales de comercio. Por decisión del intolerante mandatario de EU, el TLCAN estaba moribundo, pero las negociaciones para lograr un nuevo tratado comercial estaban en zona muerta, con un equipo negociador (el de Peña Nieto) que había avanzado hasta que la elección del 1 de julio los dejó sin capital político.

Llegó don Jesús, enviado del entonces presidente electo Andrés Manuel López Obrador, y dado que se llevaba de a cuartos con el negociador estadounidense, Robert Lighthizer, pudo sentarse en la mesa y actuar no sólo de acompañante de las pláticas, sino que supo mediar entre las partes y dar garantías de que el entrante gobierno mexicano honraría lo planchado. Incluso se dio el lujo de negociar directamente que Estados Unidos bajara sus pretensiones en el tema energético. Al final, en la foto de la Casa Blanca, Seade aparecía junto a Videgaray y Guajardo: sonrientes todos, los tres amigous y el enemigo de México.

Tras ese jonrón, y dado que lleva largo tiempo involucrado con China, en un momento de la transición se habló de que don Jesús acabaría como embajador en aquel país. También se mencionó –en radio pasillo– que le harían un puesto especial para que llevara la agenda de comercio exterior. Al final le tocó la subsecretaría de Relaciones Exteriores para América del Norte. Nada mal, aunque no sabemos qué tanto sabe de migración o atención consular este doctor en Economía por Oxford. Pero a hueso dado, no se le ve el colmillo, ¿o cómo era?

Con el puesto llegó un pequeño inconveniente. Todos deben declarar sus bienes y potenciales conflictos de interés, dice la ley, y todos deben transparentar todito, dijo el presidente López Obrador. El que no, se va, ha llegado a declarar, dedo en ristre, el que despacha en Palacio Nacional.

Quién sabe qué parte de ese reiterado discurso de transparencia no haya querido escuchar don Jesús Seade Kuri, quien en Declaranet puso la que podría ser candidata al premio de la declaración patrimonial más cortita del nuevo gobierno.

En los hechos, don Jesús manda decir a los mexicanos que si quieren saber con cuánto entró a su nueva chamba, pues que mucho gusto, pero que él no va a ser tan ingenuo como Olga o Jiménez Espriú, que por andar de declarones la prensa ya les enmendó las cuentas. Nada-nada, tan fácil que es simplemente apretar el botón de la declaración patrimonial que clarito dice: “El servidor no aceptó hacer públicos sus datos patrimoniales”. Tan a gusto que se puede estar contestando, cuando el sistema de declaración le pregunta al funcionario sobre la declaración de posible conflicto de interés: “No estoy de acuerdo en hacer público mi posible conflicto de interés”. Y háganle como quieran los que creyeron en el cambio. Me cae que yo no sé por qué Peña Nieto no lo contrató, estaba que ni pintado para el sexenio anterior.

Así que de don Jesús, los ciudadanos desconocen si llegó a la chamba pública con coche, casa, depa, menaje, rancho, deudas, terrenos, tarjetas, inversiones… Salvo su título de doctor y tres puestos de experiencia laboral, nada está transparentado por el subsecretario. Mejor hubiera enviado un tuit.

El discurso de la transparencia de Andrés Manuel López Obrador ha sufrido ya un par de buenas abolladuras. Cero y van dos secretarios de Estado balconeados por sus omisiones inmobiliarias en Texas. El gobierno que ofreció fijar un nuevo estándar de honestidad y medianía, que prometió distinguirse de sus antecesores en su rendición de cuentas, trastabilla a la hora de una simple declaración de bienes. Las resistencias internas pueden dañar más al presidente que todas las críticas de una oposición desacreditada.

Por eso es relevante la cerrazón mostrada por el subsecretario en tan básico trámite.

¿O será que Seade Kuri nos salió tan buen negociador que pactó para sí mismo una dispensa pejista? De ser así, ¿qué le habrá ofrecido a AMLO a cambio de gozar del privilegio de la opacidad en un gabinete que ofreció 3de3 copeteadas? Dicho de otra forma, ¿pues qué conflictos de interés tendrá alguien que consigna en su declaración que en los doce últimos años ha sido sólo un académico? Un caso para la mañanera.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.