¿Fracasamos los jóvenes?
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

¿Fracasamos los jóvenes?

COMPARTIR

···
menu-trigger

¿Fracasamos los jóvenes?

22/01/2019

El otro día un joven académico, brillante e informado, que seguro pensó que yo ya había vivido lo suficiente, me hizo una pregunta. Oye, me dijo, ¿Gabriel Zaid existe? No me reí porque vi en su cara que era una inquietud real. Y tampoco me solté a decirle que claro, que cómo olvidar su histórico pleito en tribunales con Granados Chapa por aquella foto que se le publicó al regiomontano, celoso como nadie de su privacía, etcétera.

“Existe, en efecto”, le dije. “No sé cuántos años tenga, pero existe”. Pero claro, estos jóvenes nunca lo han visto.

En los domingos que publica artículo editorial, a quién se le podría ocurrir descalificar o cuestionar a Zaid por su edad. Sólo a un cateto.

Resulta curioso que una de las cosas que más se critica, sotto voce y cada vez menos sotto voce, al nuevo gobierno sea la edad de algunos de sus más altos funcionarios.

Tales comentarios parecen haber arreciado luego de que Alejandro Gertz Manero (79 años) resultara electo como nuevo fiscal de la nación. No sobra recordar, andando en el tema que andamos, que Gertz Manero se impuso a Bernardo Bátiz (82 años), que según algunas columnas recibirá como premio de consolación la embajada de México en El Vaticano.

¿Son poco compatibles la edad de Gertz Manero y su nuevo encargo? Ni idea. Supongo que eso sólo lo sabrá el propio Gertz Manero. Y supongo que si lo hubiera visto como incompatible, no le habría dicho las dos palabras mágicas a Andrés Manuel López Obrador: hazme fiscal.

Aunque se vuelva común escuchar o leer burlas sobre cómo ya les tuvieron que poner sillas a los del gabinete en las mañaneras, ¿es realmente un gabinete de viejos? Y si lo es, ¿hay algo que podamos adelantar sobre qué consecuencias tendría eso?

Lo primero que habría que decir es que quizá no sea un gabinete tan viejo como creemos. No, si se le compara con otros gabinetes.

En agosto pasado, con nombramientos tan adelantados como preliminares, el diario Reforma hizo un comparativo en el que estableció que el equipo de AMLO es, en efecto, el de más edad: 57.9 años en promedio, mientras el gabinete de Vicente Fox tenía edad promedio de 51.4 años, el de Felipe Calderón anduvo en los 52.3, el de Enrique Peña Nieto, en 52.2 añitos.

Es decir, en promedio, al llegar al puesto, los actuales funcionarios han vivido un sexenio más que aquellos que les precedieron en los últimos 18 años. No me parece tanto.

Vistos esos datos, lo que resulta inevitable hacer es la pregunta en sentido contrario: si algunos se sienten incómodos con los 81 años de Javier Jiménez Espriú, ¿se sentían mejor con los 64 años de Gerardo Ruiz Esparza (que esa era la edad en que llegó en 2012 al gabinete de Peña Nieto)?

Dicho de otra manera: ¿no gusta la edad de Olga Sánchez Cordero (nacida en el 47), pero estaban re-tranquilos con la de Miguel Osorio Chong (nacido en 1964)? Y sólo para rematar: si fuera por edad, ¿se sienten más seguros con Genaro García Luna (tenía 38 al empezar el calderonismo) o con Alfonso Durazo (64 años)? ¿Con ninguno? Son de los míos.

El prejuicio de la edad/capacidad es algo que se echó a andar, cómo olvidarlo, en la campaña electoral. La edad, y más que la edad, la aptitud física y mental de Andrés Manuel López Obrador fueron groseramente utilizados por el PRI en spots en los que denostaban a las personas mayores. Y ese “viejito” les dio tres vueltas, en energía y ganas de ganar, a los candidatos que le pusieron enfrente.

Ya como presidente, AMLO ha conjuntado un equipo que tiene al frente de secretarías a jóvenes muy jóvenes (María Luisa Alcalde y Román Meyer, en los bajos 30), y más mujeres que cualquier gabinete anterior.

Pero concedamos: López Obrador convocó a gente con más edad que sus antecesores. Eso ha ocurrido luego de la camada de jóvenes gobernadores priistas sinvergüenza, cachorros del nuevo PRI que en su momento fueron presumidos por Peña Nieto como la sangre que renovaría el partido. Renovaron la corrupción y sus mecanismos, mas no la política.

El efecto péndulo: pasamos de los “jóvenes” priistas a los “viejos” lopezobradoristas.

Todos conocemos viejos lúcidos y jóvenes pendejos. A lo mejor la pregunta legítima es qué tanto este gabinete entiende el mundo y México, los de hoy y los de antes, y no necesariamente cuál es su edad. Como pasa con Zaid, que da claras muestras de ambos entendimientos.

A lo mejor AMLO debió invitar a otros, jóvenes o viejos, qué más da, en lugar de Espriú o Torruco, de Bartlett o Sánchez Cordero, pero el escepticismo por la edad es francamente cateto. Y tras lo que hemos hecho en tres sexenios, nada autocrítico.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.