FGR y SFP desdeñan denuncias
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FGR y SFP desdeñan denuncias

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FGR y SFP desdeñan denuncias

10/12/2019
Actualización 10/12/2019 - 9:27

Hace un par de años, al saberme uno de los periodistas que recibieron mensajes de Pegasus, mi primer impulso fue no denunciar el espionaje ante las autoridades.

Reaccioné como cualquier mexicano con dos dedos de frente: denunciar en México es una pérdida de tiempo, un procedimiento inútil, participar en una simulación.

Dado que en Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad hay un estupendo grupo de abogados, que se ofrecieron a llevar el caso, al final acepté ir a la entonces Procuraduría General de la República.

Meses después volvimos al mismo punto: mi carpeta tuvo cero avances, denunciar no sirve, pues ni en un caso de alta visibilidad como lo fue el de Pegasus las autoridades se ponen las pilas.

Pero quizá, y sólo como hipótesis, las autoridades no quisieron investigar Pegasus porque qué oso investigarse a sí mismas: la PGR tenía uno de los aparatejos, se supone que el Cisen –o sea, nuestro amigo (es un decir) Osorio Chong– otro, y la Sedena uno más. Digo se supone porque al cambio del sexenio ya nadie sabe dónde quedaron los cacharros esos. O al menos los nuevos no nos dicen.

Así que dejemos a salvedad el buen nombre (es otro decir) de la hoy Fiscalía General de la República, y digamos que era mucho pedir que se investigara a sí misma. Sin embargo, con la promesa del nuevo gobierno de hacer un cambio verdadero, qué tal que sí investigan esos muchachos sabuesos otros casos de alto perfil, unos que no hayan sido en su año y, por tanto, uno supondría, nos les conlleve daño.

Qué habría pasado por ejemplo si ante la FGR se hubieran presentado 32 denuncias puntuales sobre casos de la administración Peña Nieto. Qué habría sucedido si otras 32 denuncias se hubieran interpuesto ante la fiera Secretaría de la Función Pública en tiempos de Morena.

Uno supondría que las nuevas autoridades tendrían puro agradecimiento por tan diligente iniciativa, y que las denuncias les permitirían avanzar rápido en la formulación de cargos a quienes resultaran responsables de los hechos demandados. Pues bien, nada de eso pasó.

Salgamos de las suposiciones y entremos al terreno de los hechos.

En noviembre de 2018, abogados de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad presentaron 32 denuncias ante la Unidad Especializada en Investigación de Delitos Cometidos por Servidores Públicos y Contra la Administración de Justicia (unidad anticorrupción) de la hoy FGR. De todas ellas hay nulos avances, pues en la FGR dicen que están esperando a que la Auditoría Superior de la Federación termine “determinados procedimientos” y remita “cierta información” a las carpetas de investigación.

Por otra parte, la SFP sólo ha iniciado investigación en el 21 por ciento de las 32 denuncias que ante ella interpusieron en el mismo mes los abogados de MCCI.

En resumen, dicen los abogados, “hasta ahora no existe información alguna de una sola persona, empresa o entidad sancionada por los múltiples y graves hechos denunciados”.

Doce meses, cero avances reales en 64 denuncias específicas. Si fuera beisbol, sería una blanqueada perfecta para las autoridades: ponchados en todos los casos.

El monto de los desvíos denunciados por MCCI superan los 6 mil 600 millones de pesos, es decir, este es otra 'estafa maestra'.

El combate a la corrupción prometido por el presidente López Obrador no pasa la prueba en este caso, que es sólo un ejemplo. Pero tampoco lo pasa en otros, como en la 'estafa maestra', donde sólo Rosario Robles (que está injustamente presa) está siendo procesada, mientras otros operadores de Sedatu y Sedesol (hola Emilio Zebadúa, el oficial mayor de esas dependencias) no han sido llamados ni a comparecer.

Robles, que debería –insisto– llevar su proceso en libertad, no fue ni por mucho la única funcionaria del peñismo cuya dependencia abusó de las universidades. Así que en ese caso tampoco podemos hablar de un combate efectivo a la corrupción.

Ha habido en este sexenio sonados casos en contra de grandes figuras, pero esas golondrinas no hacen verano. El Presidente está en deuda en tan emblemático renglón. Ojalá comience a pagarla, porque de lo contrario todo mundo seguirá convencido de que denunciar es una farsa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.