Extraño a Pepe Merino
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Extraño a Pepe Merino

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Extraño a Pepe Merino

07/10/2019
Actualización 07/10/2019 - 15:28

Inquieto en más de un sentido y por las buenas razones, Pepe Merino incursionó hace más de diez años en el periodismo. En esos sus inicios coincidimos.

Un día me dijo que no estaba de acuerdo con la Carta del Director, o sea con mi editorial, y le comenté que para qué me lo decía, que lo publicara. Así lo hizo. Como parte de ese diálogo redacto lo que sigue.

La semana pasada Pepe Merino justificó e incluso fue protagonista de la ocurrencia morenista de que trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México sustituyeran a la Policía en la función de proteger a la ciudadanía de un puñado de violentos que, marcha tras marcha, gobiernos capitalinos de una y otra procedencia parecen incapaces de (o carentes de incentivos para) contener.

Ahí fue donde extrañé al otro Pepe. Al que luego de participar en el desaparecido El Centro se sumó a Animal Político, y de ahí saltó a articulista y generador de data y estudios en otras importantes publicaciones.

En esa ruta, Pepe llevaba años reclamando un Estado para todos, en especial para las víctimas. Por ejemplo, hace casi cinco años y luego de la tragedia de Ayotzinapa, publicó en coautoría el blog “Iguala: por qué fue el Estado”. Ahí define: “La idea clásica y multi(mal)citada se refiere a la ‘seguridad’ como el bien elemental tutelado por el Estado. Los individuos entregan de forma voluntaria el cachito alienable de su libertad y derechos a cambio de la construcción colectiva de una autoridad que se constituye como el único actor que puede llamar legítimamente para sí el uso de la fuerza. No es el único que usa la fuerza, es el único que lo hace con nuestro explícito consentimiento”. Y remata diciendo que “(el mexicano es) Un Estado que simultáneamente aparece para proveer, por ejemplo, salud y educación, pero desaparece para proveer seguridad y/o administrar su uso de la fuerza”.

Supongo que cualquier ciudadano puede citar a Pepe y decir: mi consentimiento es que la fuerza pública limite a quienes amenazan las libertades, y pido que ese Estado no desaparezca a la hora de querer yo manifestarme.

Extraño al Pepe que el 18 febrero de 2015, en “Después de Ayotzinapa: conversaciones para repensar México”, habla de la función del Estado en la seguridad: “Lo que le compete al Estado es, básicamente, tutelar lo público. Eso implica el tema de la seguridad, que está en la raíz misma del Estado y es su justificación elemental; es la parte que, en términos de Hobbes, es alienable de nuestra libertad y nuestros derechos: yo estoy dispuesto a no defenderme ni a abusar de los otros y a permitir que sea el Estado el que tutele los límites de mi relación con los otros”.

Supongo que el Pepe de hoy, director de la Agencia Digital de Innovación Pública, estará de acuerdo en que a él no le toca tutelar, junto con su equipo que no es policíaco, algunos de los peores límites –los de la violencia en tiempo real en una refriega– que unos cuantos rompen en contra de la integridad o el patrimonio de otros. No tienen, ni él ni su equipo, atribuciones ni capacitación para ello.

Pepe se ha explayado en estos temas en foros periodísticos tan diversos como Más por Más y en El País.

Esto no está escrito en la lógica de “siempre hay un tuit”. Es notable la lealtad que Pepe muestra al proyecto de Claudia Sheinbaum. Más bien redacto esto tratando de dilucidar si la ciudadanía no se llevó la peor parte del trade off que Merino tuvo que hacer al pasar de analista a funcionario: sus aportaciones en el gobierno capitalino eventualmente se verán, pero en semanas como la pasada, cuando defiende cosas que ponen en duda lo que como ciudadano reclamaba, extraño al otro Pepe Merino.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.