El aturdimiento
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

El aturdimiento

COMPARTIR

···

El aturdimiento

16/07/2018
Actualización 16/07/2018 - 9:16

Han pasado apenas dos semanas desde la elección del 1 de julio. En tan corto tiempo, sin embargo, AMLO y su gabinete han puesto de cabeza los rituales de la política mexicana.

Quizá lo más rescatable de estos días sea que la idea del cambio no se ha desdibujado. Las señales de estabilidad enviadas por el tabasqueño sobre materias en las que conviene ir con mucho tiento –el manejo de la política macroeconómica, etcétera– no han producido merma en la sensación de que, a diferencia de otros presidentes, López Obrador sí irá a fondo en su intento de aplicar un modelo distinto de gestión, uno donde se generen ahorros al recortar asuntos suntuarios, a través de una reducción generalizada de presupuestos y con la aplicación de una política de austeridad.

Si Morena logra, como ya propuso, recortarle mil millones de pesos a los dos mil 300 millones que cuesta hoy la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, ¿cuántos congresos estatales más se podrían ajustar en una proporción similar? Para empezar, los otros 18 que ganó el partido de López Obrador. Y desde Hacienda seguro que le ayudarán a los otros estados a entender que lo que había, se acabó, que lo que viene es menos dinero para todos. ¿Y en el Congreso de la Unión será similar?

Mas una cosa es lograr ahorros, o meter con fuerza la tijera, para decirlo más propiamente, y otra es instalar dinámicas eficientes. A veces gastar de más no es el mayor de los problemas.

El asunto es que eso, el tamaño y la forma en que habría que recortar al gobierno federal para hacerlo más eficiente, no sólo para reducirlo de tamaño, López Obrador no lo va a poner a discusión. Ni eso ni muchas otras cosas.

Se hará lo que él diga, y como él lo diga. Y se hará mediante el cobijo de una actividad mediática frenética, donde una sola voz será capaz de echar a andar la febril maquinaria de la propaganda. Esa voz, por supuesto, es la de López Obrador.

Dicho en otras palabras, tendremos muchos mensajes sobre lo que va ocurriendo, pero poco o nulo diálogo, y menos participación sobre lo que se va decidiendo.

Los defensores del AMLO unilateral dirán, con prontitud y labia, que para eso obtuvo el respaldo del voto popular, para mandar. Ese argumento pasa por alto que no hay un solo gobierno, por más bien intencionado que se diga, que concentre todos los saberes, menos aun cuando el equipo que llegará no ha tenido experiencia a nivel nacional.

La coartada de López Obrador para evitar los cuestionamientos a su modelo cerrado será hablar y hablar, como lo ha hecho estas dos semanas.

Tendremos a López Obrador fijando la agenda y mandando al dedito a decir que no cuando no le venga bien el tema que la prensa quiera cuestionar. Dictando de lo que hablamos mañana, tarde y noche. Por eso pretenden que no haya direcciones de comunicación social en las dependencias: una sola voz lo ocuparía todo.

Y sólo por si hiciera falta decirlo, a López Obrador nadie le va a ganar en la competencia de hablar sobre lo que dice y no dice López Obrador.

Por todo ello, lo que es preciso es sobreponerse al aturdimiento provocado por los mensajes –novedosos algunos (como los de la agenda de Sánchez Cordero), inquietantes otros (como los de seguridad), verborrágicos otros– que lanzan diario López Obrador y su equipo.

Ganaron la elección, tienen derecho a plantear una agenda, pero la sociedad tiene derecho a participar, no sólo a consumir información precocinada de lo que será el futuro. Así sea un futuro que, al menos nominalmente, podría costar menos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.