Desapariciones: fue el Estado
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Desapariciones: fue el Estado

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Desapariciones: fue el Estado

05/02/2019
Actualización 05/02/2019 - 12:17

Alejandro Encinas, en su calidad de subsecretario de Gobernación encargado de los Derechos Humanos, pintó ayer el lienzo del horror que son las desapariciones en México.

40 mil personas desaparecidas, al menos mil 100 fosas clandestinas registradas mas no necesariamente exploradas, 26 mil cuerpos sin identificar arrumbados en los servicios forenses… Números de una de las más sensibles deudas de eso que pomposamente llamamos Justicia Mexicana.

O en palabras de Encinas: los signos de una de las herencias más ominosas del régimen anterior.

¿Cómo llegamos aquí? Si hiciéramos un poco de memoria lo sabríamos, pero Encinas hizo un pertinente recordatorio: por una profunda simulación.

Van dos estampas sobre esa simulación: “Nuestro Sistema Nacional de Búsqueda está integrado por 42 personas, representantes de distintas instituciones. Y ahí es donde empieza la simulación que se hizo en el gobierno anterior donde, a dos semanas de terminar su gestión, se instaló el Sistema Nacional de Búsqueda y se presentó un Plan Nacional de Búsqueda que no fue consultado con nadie, pero de los 42 integrantes, 24 no están constituidos, pues son las comisiones estatales de búsqueda que en esta fecha no se habían integrado”.

Un sistema que tiene vacías más de la mitad de sus sillas. Un sistema montado, subrayó Encinas, sobre una República donde 20 de las 32 entidades federativas “no han tomado ni medidas legislativas” ni han procedido “a la integración correspondiente de las comisiones estatales”.

La segunda estampa es igual o más contundente. El último año del peñismo, así, con minúscula, había presupuestado 468 millones de pesos para los desaparecidos. Se ejercieron sólo 6 millones. Ese fue el empeño ante la crisis humanitaria.

Esta tragedia no admite, hablando de actores públicos, una dicotomía donde hay unos que son culpables y otros que se creen inocentes.

Si algo habría que puntualizar de lo dicho por Encinas ayer es que los que van llegando al poder no heredan este horror de la nada, ni que ellos acabaran de aterrizar provenientes de Marte.

Esta herencia fue construida por todos, incluidos ellos (los hoy de Morena) en tanto que desde hace décadas forman parte del sistema de partidos que desde gobiernos municipales, estatales y congresos, incluido por supuesto el de la Unión, han hecho su parte para cavar eso que Encinas, con justa razón, llamó la enorme fosa clandestina que es México. Si sólo hiciera falta mencionar un ejemplo: el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador y el propio Encinas eran tan perredistas como algunos de los involucrados en la desaparición de los 43 de Ayotzinapa, ese caso que no por notorio ha logrado mayor justicia.

Fue el Estado en el caso de los 43 y fue el Estado en 40 mil casos más, en tanto que durante al menos dos décadas nuestro sistema democrático ha sido incapaz de prevenir y castigar, perseguir y reparar… las desapariciones.

Encinas ayer comprometió más presupuesto, más coordinación con los estados, más apertura hacia grupos de expertos –nacionales e internacionales–, crear más capacidades institucionales, diálogo y apoyo a las familias de los desaparecidos, y un compromiso de que el Estado asumirá plenamente su responsabilidad.

En otras palabras: Encinas convirtió ayer el problema de los desaparecidos en el problema del Estado cuyas instituciones más importantes están hoy en manos de gente o bien surgida de Morena o bien en los hechos afines al gobierno (el ministro presidente Zaldívar, incluido).

Porque hoy el reto es cómo no heredar en seis años algo parecido, apenas menor o incluso peor, al horror que este lunes describió el subsecretario. Cómo no heredar un Estado enterrado, desaparecido. Un Estado de simulación.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.