De fusibles al pararrayos. Una propuesta
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De fusibles al pararrayos. Una propuesta

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De fusibles al pararrayos. Una propuesta

15/07/2020
Actualización 15/07/2020 - 12:40

Tenemos un presidente que disfruta y aprovecha la condición de pararrayos. Intuye, y año y medio en el poder no lo contradicen, que el desgaste es menor al recibir él las descargas, al torear por sí mismo los vendavales. Frente a polémicas decisiones de su administración, el mandatario sale a armar polvaredas mediáticas, y los costos para su gobierno (es un decir) aun lucen marginales. A lo mejor es hora de cambiar de estrategia.

Vayamos a lo ocurrido ayer en la mañanera. Una reportera de un medio extranjero cuestionó a Andrés Manuel López Obrador sobre sus políticas con respecto a la violencia de género.

Al responder, y para sorpresa de nadie, el Presidente soltó la cantaleta de lugares comunes (“nunca se había protegido tanto a las mujeres de México como ahora”, etcétera) que él trata de pontificar como verdades probadas. La reportera pidió concreción –medidas reales– en la respuesta presidencial. Nueva cantaleta.

La periodista de Vice News llevó sus cuestionamientos a Palacio Nacional en un momento de oportunidad periodística inmejorable. Había trascendido que el gobierno federal recortó 37 millones de pesos para la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres (AVGM), lo que dejaría sin presupuesto para ese fin a las seis entidades con más feminicidios (Estado de México, Veracruz, Nuevo León, Ciudad de México, Puebla y Jalisco).

El tema es de escándalo. AMLO no rehúye esas polémicas, porque, al enfrentar los cuestionamientos, se sale por la tangente de negar la realidad, culpar al pasado, asegurar que el cambio ha iniciado, y que quien opine diferente está contra su gobierno o simplemente equivocado.

La siguiente parte del guion también es conocida: se ha visto demasiado desde el 1 de diciembre de 2018. Tras declaraciones de AMLO como la de ayer, grupos de especialistas, expertos, líderes de opinión, algo de la prensa y algunos opositores dignos de ese nombre condenarán, lamentarán, fustigarán o el verbo respectivo que gusten, al mandatario. Por insensible, por falaz, por tozudo o por todas las anteriores.

Pero después de eso, ¿qué? Tan campante, López Obrador saldrá la mañana siguiente a ejecutar el mismo numerito. Y si acaso lo considerara necesario, como cuando acusó en plena pandemia a médicas y enfermeros de ser mercantilistas y la tormenta escaló como pocas veces, farfullará algo parecido a una disculpa que, otra vez, usará para reprochar a sus adversarios por 'tergiversar' sus dichos y crear ruido distractor.

Así llevamos 19 meses y medio. Es entendible que se crea que en un país presidencialista llevar al púlpito de Palacio Nacional preguntas y peticiones es lo indicado. Mas ya vimos que sólo sirve para que el Ejecutivo imponga su agenda y deseche cuestionamientos o reclamos propios de una democracia o de un sistema que se supone pretendía ser regido por la rendición de cuentas.

Venimos de un modelo en el que los secretarios de Estado debían enfrentar las crisis y si éstas los rebasaban, podrían ser remplazados –como fusibles– para que el desprestigio o el desgaste no llegara al Presidente. Ahora es éste quien capotea todo tipo de crisis. Y le está resultando. Por eso, qué tal si se cambia de estrategia. Si ya se sabe lo que se obtendrá yendo a la mañanera, por qué no ir, en cambio, con el gabinete, y con otras destacadas figuras de Morena, a preguntar si convalidan los hechos, más que las palabras, del líder.

Sería interesante que gente como la subsecretaria Martha Delgado, de la SRE, y el propio Marcelo Ebrard, que quiso pasar como un alcalde progre del Distrito Federal, dijeran si están de acuerdo en que se quiten esos fondos a la alerta de género. O la mismísima Claudia Sheinbaum. Y Arturo Herrera, titular de Hacienda. Y el diputado Mario Delgado. Y senadoras como Malú Micher, presidenta de la Comisión de Igualdad de género, o Ricardo Monreal, o Tatiana Clouthier, y Olga Sánchez Cordero, y Graciela Márquez, y Julio Scherer, y…

Si ya sabemos de memoria qué dirá AMLO, por qué no hacer que gente que tiene aspiraciones políticas o profesionales le entre al toro y diga de su ronco pecho si les parece que al recortar 37 millones de pesos a la alerta de género se apoya a las mexicanas como “nunca antes”. Que expongan su opinión y ésta quede registrada.

De una u otra forma, las y los mencionados –entre otros– fueron factor para que ganara AMLO. Y hoy están con él en su proyecto, y hay quien piensa que si no estamos peor es gracias a gente como ellas y ellos.

Sería bueno saber si esas personas se atreven a decir, para la posteridad, lo mismo que su jefe: que las mujeres mexicanas están mejor que nunca. ¿Lo harán, o se escudarán en el pararrayos de la mañanera?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.