'Cuau' a la política… qué podía salir mal
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'Cuau' a la política… qué podía salir mal

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'Cuau' a la política… qué podía salir mal

01/10/2019
Actualización 01/10/2019 - 12:07

En algún momento previo a 2018 comenzó a materializarse una peregrina idea: “Cuauhtémoc Blanco, candidato a gobernar una emproblemada entidad como Morelos”. ¿Qué podía salir mal? Todo. Y todo está saliendo mal.

La política mexicana, como cualquier otra que se dé a respetar, ha padecido la incursión de amateurs. Carmen Salinas, por ejemplo, es solo una de las atracciones a las que el expartidazo ha recurrido en su historia. Pero no es lo mismo –por muchas razones– pasar de la farándula a la política como uno de cientos legisladores, que convertirse en el gobernador de una entidad cuando no solo tu experiencia previa en ese campo es casi nula, sino que la que sí tuviste confirma, precisamente, que eres una pésima opción como Ejecutivo, que es el caso del llamado Cuau.

Porque nadie está diciendo que la política deba ser solo para políticos. Si algo saludable hay de la llegada de Morena es que ha cambiado la composición de los grupos empoderados. A nadie, tenga la procedencia que tenga, se le debe negar el derecho a ser un actor político, lo que incluye el gobernar.

Sin embargo, no es el caso de Cuauhtémoc Blanco, un elemento que nada –salvo problemas y polarización– ha aportado a la política desde que se convirtió en candidato a alcalde, allá por 2015.

La crisis de Morelos no empezó con la llegada de Cuauhtémoc al poder. Eso también es cierto. Se trata de un problema estructural que en su etapa actual tiene raíces, al menos, desde los noventa, cuando el nombre del juego era, para tratar de acabar con una crisis de inseguridad y secuestros, sacar del poder morelense al PRI, a Jorge Carrillo Olea.

Sucedió, sin embargo, que tras lograrlo, en los dos sexenios panistas que siguieron el gobierno, a cargo de Sergio Estrada Cajigal y Marco Adame, fue mediocre, corrupto y hasta frívolo.

Luego de ellos tocó el turno a la izquierda, y Graco Ramírez logró detener el crecimiento de la inseguridad sin resolver la polarización de una sociedad dividida, a la que enervó más aún permitiendo que su hijastro se empoderara, contexto que los inventores de Cuauhtémoc como 'político' aprovecharon para hacer alcalde de Cuernavaca al americanista.

En este punto surgen tres cuestiones que se resumen en una: por qué las instituciones mexicanas no pudieron evitar que Blanco siguiera acumulando poder.

La primera de esas tres cuestiones es la llegada de Cuauhtémoc a la alcaldía de la capital morelense, que estuvo plagada de irregularidades y denuncias, documentadas, de falsificación de trámites y presuntos pagos irregulares. A pesar de ello, Blanco no solo no fue sacado de la alcaldía para ser investigado, sino que sin mayor problema se convirtió en candidato a gobernador.

La segunda: el triunfo de Cuauhtémoc en 2018 se debe al desprestigio de los partidos tradicionales, al arropamiento de AMLO y a su propia popularidad, de acuerdo, y por ello la campaña, antes que obligar a Blanco a compromisos concretos, fue como un premio a su pendenciero e irresponsable comportamiento en la alcaldía, lo que incluye a sus cómplices, perdón, a sus colaboradores.

Y tercera: ocurrido el triunfo, pasó lo obvio. A mayor poder, mayor irresponsabilidad e indolencia de CB y sus manejadores.

En esas tres etapas, ni la prensa, ni la sociedad, ni los congresos, ni los partidos han podido contener la negligencia de un equipo, para no decirle pandilla, que incluye al hermano del futbolista y que no hacen algo ante el grave deterioro de un estado nada menor de la República.

Me corrijo. No todo está saliendo mal. Porque Morelos puede empeorar. Y si cae Morelos, complicará aún más a Guerrero, y terminará de emproblemar a la capital. Así que (todavía) no todo ha salido mal. Lo mejor es lo peor que se va a poner. Por Cuau, y porque todo lo demás tampoco funciona.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.