Andrés Manuel y Solidaridad
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Andrés Manuel y Solidaridad

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Andrés Manuel y Solidaridad

19/06/2019
Actualización 19/06/2019 - 13:08

Les voy a contar una historia de esas que caben en la categoría de 'vueltas que da la vida'. Para empezar, por favor encuentren la diferencia sustancial entre estas dos aseveraciones sobre las ventajas de que sea el pueblo el que haga las obras públicas:

a) “No hemos tenido ningún problema de desvío de recursos, porque son autoridades honestas. No es la licitación, el contratista, el soborno, el moche, la irresponsabilidad de las empresas, la mala calidad de la obra. (…) Por eso se decide entregarles los fondos de manera directa. (…) Esto es gobernar con la gente, que la gente nos ayude para avanzar; porque además de la corrupción cuando el dinero pasa por muchas oficinas se tarda mucho en que se puedan llevar a cabo las obras, porque es un enjambre burocrático. (…) Así como estamos haciendo los caminos, así va a iniciar un programa de construcción, mejoramiento de aulas, conservación de escuelas”.

b) “Cuando se contratan constructoras, las obras no quedan bien. En cambio, con Solidaridad como es por administración y participación de la propia comunidad, las obras sí se terminan, y bien… Hemos cambiado de mentalidad. Ahora la comunidad está dispuesta a cooperar, porque las obras, como la rehabilitación de la escuela, ya son un hecho. Vamos a seguir funcionando en el comité, porque necesitamos mantenerla bien. La idea que tenemos es servir al pueblo”.

Entre ambos párrafos median 26 años. El primero es del presidente Andrés Manuel López Obrador, y lo pronunció el lunes. El segundo viene incluido en las memorias del expresidente Carlos Salinas de Gortari, y lo dijo en julio de 1993 el chiapaneco Miguel Ángel Martínez Ramiro al agradecer al gobierno la ayuda directa.

A pesar de la distancia, temporal e ideológica por parte de esos políticos, esas líneas comparten algo esencial: la idea de que es funcional, y que por tanto hay que estimular, que las comunidades hagan sus propias obras. Algo tendrá de cierto que dos personas tan enfrentadas lo sostienen.

En México. Un paso difícil a la modernidad (Plaza & Janés, 2000), Salinas habla maravillas de su programa Escuela Digna, parte del esquema de Solidaridad. Ahí, junto al testimonio ya referido, el expresidente asegura que de las 120 mil escuelas que había en 1988 en el país, “mediante la amplia movilización de padres de familia y maestros, auspiciados por el programa Solidaridad para una Escuela Digna, habilitamos y dignificamos a 119 mil 706 escuelas”. O sea, todas prácticamente.

En cuanto a construcción de instalaciones educativas, y a partir del mismo esquema padres-maestros, Solidaridad habría ayudado, siempre según CSG, a construir 81,350 aulas, laboratorios, talleres y anexos.

Ahora, el presidente López Obrador pretende que sean 300 mil comités escolares –que deberán formarse– los que reciban fondos de la Tesorería de la Federación para la construcción y conservación de las escuelas. Es decir, de alguna manera alguien podría decir que lo que propone el actual mandatario se parece a lo que vimos entre 1988-1994.

Un observador de aquel proceso me hizo ver que, sin embargo, durante el sexenio de Salinas no se desapareció al CAPFCE (Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas), encargado de hacer nuevas escuelas, cosa que por el contrario anunció, con todas sus letras, López Obrador el pasado fin de semana: “Ya no va a haber dependencias, como había antes, que el CAPFCE o la institución que sustituyó al CAPFCE (Inifed, Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa), construyendo escuelas. Se va a entregar el apoyo de manera directa a cada escuela para que nos ayuden, maestros y padres de familia, y se mejore la situación de los planteles escolares”.

Solidaridad fue acusado de pretender crear “células de una nueva organización, pensada para conformar nuevas bases de legitimidad al sistema de gobierno”.

El actual gobierno ha despertado suspicacias con su manera de dejar de lado a las instituciones y querer constituir nuevas formas de reparto de recursos, lo que coquetea con el clientelismo.

En su carrera política, López Obrador ha hecho de Salinas de Gortari su mayor antagonista. Pero en una de esas se parecen más de lo que ambos estarían dispuestos a aceptar. ¿Vueltas que da la vida?

Ahora sólo falta que alguien se haga cargo de eso que ya se dijo aquí también, que la autoconstrucción tendrá sus virtudes, pero también representa retos: la mayor destrucción en escuelas por los terremotos de 2017 se dio en planteles autoconstruidos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.