AMLO y los contrapesos
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AMLO y los contrapesos

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AMLO y los contrapesos

20/03/2018
Actualización 20/03/2018 - 9:59

Aunque la mayoría de los grandes bancos prefiere guardar silencio hasta después de las elecciones, Wall Street ya se ha hecho a la idea de que Andrés Manuel López Obrador tiene altas posibilidades de ganar y confía en que como nuevo presidente de México no cambiaría mucho en el corto plazo.

“Se respira un aire de resignación con respecto a la victoria de López Obrador, pero también existe consenso en que en principio respetará el equilibrio macroeconómico, que no tocará la política fiscal y que dejará tranquilo al Banco Central”, dijo a Reforma Jim Barrineau, analista experto en América Latina de Alliance Capital Management.

En 2006 los mercados no querían a AMLO, vaya novedad. De hecho, esto era lo que querían, según el entonces corresponsal de Reforma en Nueva York, Alberto Armendáriz: “Si los analistas de Wall Street votaran en México seguramente apoyarían al candidato del PAN, Felipe Calderón, que para la mayoría representa la continuidad. ‘Tiene un equipo reconocido, ortodoxo, liberal, que transmite confianza. Los mercados se sienten cómodos con él, representa una continuidad revigorizada”, destacó a Reforma Joydeep Mukherji, analista de Standard & Poor’s. Según los especialistas consultados, “Calderón tiene una imagen de prestigio, limpia, no salpicada ni por escándalos ni casos de corrupción”.

O sea, los calificativos que hoy le adornan a Meade ayer se los colgaban a Calderón. Luego vino la elección con la cargada priista para Calderón, el margen cerradísimo, el voto por voto, al diablo sus instituciones, la toma de Reforma, la presidencia legítima, la mediocridad del calderonismo, los escándalos de la corrupción en el peñismo y dos candidaturas presidenciales después estamos donde mismo: AMLO genera temores.

No es infrecuente leer o escuchar el rosario de calamidades que a México le pasarán si López Obrador gana. Es más, las siete plagas comenzarían a caer –dicen– aun antes de que AMLO gane: el nerviosismo de los mercados crecería a la par de las posibilidades de que salga triunfador el 1 de julio (claro, si tal cosa ocurre, pues el tabasqueño es el cruzazuleador más grande de México).

Entonces, hay dos variables conocidas y una incógnita. Las conocidas son la agenda de AMLO (incluida su impredecibilidad: ni Romo ni Taibo podrían decir hoy con seguridad a cuál de ellos dos está choreando), y el disgusto que Andrés Manuel provoca urbi et orbi a los dueños del dinero.

La incógnita es por qué los factores de decisión en este país no hacen, junto con sus aliados en el PRIANRD, lo más sencillo ante lo que tanto temen.

¿Les preocupa El Peje? Hay un Congreso en funciones. Llamen a sus senadores y diputados para que cumplan con la ley y aprueben los nombramientos pendientes de 18 magistrados y el fiscal del sistema anticorrupción; que amarren una Fiscalía que sirva, que no metan a otra Ximena en el INAI, y que los estados se pongan al día en sus sistemas locales anticorrupción (doce no tienen ni Comité de Participación Ciudadana, la Ciudad de México, por ejemplo).

Pidan a sus partidos que limpien de indeseables las relucientes (es un decir) listas de sus candidatos al Congreso, para que lleguen legisladores capaces y probos que defiendan a la República y a la Constitución (reformas incluidas).

Incluso –y aquí cito algo que propuso el viernes Ricardo Raphael en un foro de libertad de expresión en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM– hagan en abril una buena ley de publicidad gubernamental, de forma que un Peje presidente no pueda –como el actual gobierno– utilizar a su antojo 40 mil millones de pesos en propaganda.

Hacer eso apuntala a las instituciones. Todavía hay tiempo. ¿No les late? Entonces, de darse el caso de una presidencia retrógrada como la que tanto temen, que quede claro quiénes dejaron sin contrapesos al país.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.