AMLO, ese agradecido con Trump
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AMLO, ese agradecido con Trump

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AMLO, ese agradecido con Trump

30/06/2020
Actualización 30/06/2020 - 8:35

“Voy también a agradecer el que el gobierno de Estados Unidos tenga un trato respetuoso de nosotros”. Con esa frase zanjó ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador cualquier duda de que viajaría a Washington, como le han pedido que haga.

AMLO, el agradecido con este gobierno de Estados Unidos. AMLO, el que se puso en la posición de no poder decir que no a Donald Trump luego del 'rescate' del oso petrolero. AMLO, el que en su periodo presidencial no ha querido viajar a ningún foro internacional, ni buscar una entrevista personal con los jefes de Estado que no han insultado a México. AMLO, el que de nuevo se pone a la baja altura de Peña Nieto.

¿En qué consiste el trato respetuoso del que habla AMLO? ¿En que allá le mandan y él acata? ¿Qué va a agradecer? ¿Que nos amenazaron con construir un muro, y lo están construyendo? ¿Que dijeron que impedirían que llegaran los migrantes –no sólo mexicanos– y el gobierno de López Obrador puso al Ejército y a eso llamado Guardia Nacional a reprimir centroamericanos? ¿Agradecer a Trump que encarcele migrantes en jaulas? ¿Que separe a niños de sus padres? ¿Que no ceje en su intento, bloqueado hasta ahora por la Suprema Corte de EU, de cancelar el sueño de miles de dreamers, niñas y niños que sin culpa llegaron sin papeles a suelo estadounidense, donde hoy son acosados desde la Casa Blanca?

Gracias presidente Trump por permitirme hacer el trabajo sucio, y por darme la oportunidad de pagarlo con los impuestos de los mexicanos. Qué más se le va a ofrecer al señor Trump. ¿Que además le agradezca en persona? Con gusto, ¿cuándo tiene tiempo de recibirme para ir a verle a donde usted disponga? ¿Que yo no viajo en avión al extranjero? Nombre, ¿quién le dijo eso? Usted bien vale una visa. Diga rana, y yo salto.

Cuando en agosto de 2016, Peña Nieto invitó a Trump a Los Pinos, el candidato que nos llamó violadores y narcotraficantes pulverizó lo poco que quedaba de ese gobierno. La crisis fue tal que el secretario de Hacienda de entonces, e instrumentador de la nefasta visita, hoy vive en Estados Unidos (¿casualidad?).

Al saberse de aquella visita, la incredulidad y la indignación crecieron a la par entre la opinión pública. El presidente de la fama de la corrupción era, además, un político que se prestaba a galvanizar las posibilidades, que para aquella fecha lucían remotas, de que Trump ganara la presidencia de EU.

Casi cuatro años después, a Peña Nieto la historia le cobrará tan caro favor para la humanidad. Trump resultó tan o más pernicioso de lo que los pronósticos vaticinaban. Al punto de que hoy es un apestado dentro y fuera de su país, tanto que ha sido vomitado incluso por gente que se prestó a algunas de sus peores ideas, como el exasesor de seguridad nacional John Bolton, que hace unos días publicó un nuevo libro en el que, por si hiciera falta, se confirma el errático, antipatriótico y egocéntrico carácter de quien busca reelegirse en noviembre.

Apestado y todo, el instinto mediático de Trump sigue intacto. Así que va a desafiar aquello de que no hay buenas segundas partes y pondrá, de nuevo, en el escenario a un presidente de México para dejar en claro que si como candidato se inventó una gira donde lo trataron como estadista, como mandatario puede exhibir su capacidad de hacer que AMLO haga lo que él quiera: desde un muro en el sur mexicano, hasta una visita sin precedente más que en (¡ouch!, AMLO) los tiempos salinistas, aquellos en los que Carlos apoyó a Bush padre.

López Obrador no va, lo llevan. Todo lo que prometió respecto a una relación de dignidad, de respeto con el imperio, ha quedado en el baúl de los apuntes de un candidato que ya en la presidencia se achicó frente al mandatario estadounidense. Igual que Peña. ¿Pues qué tendrá esa silla que los iguala para mal?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.