La Feria

El gobierno, al punto del coma por hubris

López Obrador se cree más allá de los votantes, y lo mismo cree de sus seguidores: que sobrevivirán a toda evidencia de impericia, incongruencia, soberbia o corrupción.

El lopezobradorismo está viendo y no ve. Paso que dan, paso que entregan elementos a adversarios y críticos. Así con las protestas del domingo, así con el cambio de condiciones carcelarias de Emilio Lozoya para enfrentar los juicios en su contra. Pero se niegan a reconocerlo.

Era un poco enternecedor ver la semana pasada los intentos morenistas para minimizar el gol que les metió Xóchitl Gálvez con su tempranera visita a Francisco. La opositora llevó mano en la conversación de los viajes de las candidatas a Roma, pero en Morena salieron con otros datos.

Que si es más cálida la foto de Claudia Sheinbaum con Jorge Bergoglio, que si ella fue invitada por la Santa Sede y en cambio la senadora con licencia pidió la audiencia. Todo menos la realidad. Fue gol clarito. Mas para ellos no, para ellos es impensable que les ganen la agenda, que los adelanten en algo.

Luego la propia Sheinbaum protagonizó otro episodio de falta de cálculo. En su registro ante el INE, la flamante candidata mató su propia nota al hablar de la protesta en el Zócalo. Armó un gran evento con cargada y toda la cosa para enseguida descalificar, dándoles importancia, a los adversarios de AMLO.

La cosa no paró ahí. Ayer, lo que significa mucho tiempo después en esta era de redes sociales, la senadora Malú Micher subió a la tribuna a defender al gobierno, pero con este pésimo tino remató: “Ustedes podrán llenar dizque las plazas, nosotros vamos a llenar las urnas. Que les vaya bien. Abur”.

Dime que te sigue doliendo la protesta en un centenar de poblaciones sin decírmelo: así, despreciando las marchas, ésas que creías que eran tuyas, ésas de las que no puedes dejar de hablar 72 horas después.

En Morena creen que lo que ellos digan es, por eso les parece inconcebible una realidad donde otros llenan las plazas, donde la candidata opositora tiene una buena jugada. Y si se les dice, e incluso si lo ven, reponen que no es cierto, que son visiones, que es imposible.

Hace cinco años, y también a propósito de Morena, aquí se citó al exministro británico David Owen y su estudio de los cambios de personalidad en quienes están en el poder.

En una entrevista Owen abundó sobre eso que denomina hubris: “Excesiva confianza en el juicio de uno mismo y menosprecio a los consejos y las críticas”. Dijo que las personas afectadas por ese síndrome “se muestran incansables, tendientes a los impulsos y la poca prudencia”.

Muy quitado de la pena, ajeno a cualquier crítica o sensato consejo, el incansable presidente de la República mostró este miércoles que aquellos jerárquicamente debajo suyo emulan su errático comportamiento, uno propio de hubris.

De un plumazo confirmó que “respetuosamente” usaba de corre ve y dile al ministro Arturo Zaldívar cuando éste era, o de eso cobraba, presidente de la Suprema Corte.

Encerrado en su burbuja, Andrés Manuel López Obrador no ve que daña a su propio movimiento al revelar lo que era un escándalo sotto voce y tema de columnas y libros. Pero la palabra presidencial pesa, y acaba de aplastar las escasísimas dudas que quedaban sobre la independencia de Zaldívar.

Por qué lo hace. Porque AMLO se cree más allá de los votantes, y lo mismo cree de sus seguidores: que sobrevivirán a toda evidencia de impericia, incongruencia, soberbia o corrupción. Tarde o temprano descubrirán que más bien estaban a punto del coma político, aquejados de arrogancia.

Abur les van a decir los ciudadanos si siguen viendo sin ver.

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