La Feria

‘Conferencia de la verdad’

Veremos si día tras día la candidata del frente opositor logra llenar ese espacio, como con eficacia lo hace cotidianamente el tabasqueño.

Una buena campaña aprovecha cualquier oportunidad para avanzar agenda, imagen y posibilidades del candidato. Xóchitl Gálvez se inventó una ‘mañanera’. El éxito o fracaso de esta decisión radica en múltiples factores.

Consistencia. Xóchitl no es López Obrador. En ningún sentido, pero sobre todo no surge, como el Presidente, de una larga larga campaña. No viene de recorrer el país varias veces desde la oposición, no tiene libros y libros contando el origen de los problemas de México, no puede presumir –sea verdad o fantasía– una causa histórica. Eso no es una desventaja de la hidalguense, es simplemente su punto de partida. Si decidió hacer una mañanera supongo que sabe el para qué y, sobre todo, el cómo. De darse el caso, veremos si día tras día la candidata del frente opositor logra llenar ese espacio, como con eficacia lo hace cotidianamente el tabasqueño, con todo aquello que sirva a su causa y que mal que bien haga daño a los de la acera de enfrente. Habrá de demostrar que es dueña de la disciplina necesaria, capacidad discursiva y desbordante energía.

Mensaje claro. Es bastante osado el llamar “conferencia de la verdad” a este nuevo ejercicio. Pero, como dicen por ahí, a estas alturas de las campañas ya no hay riesgos menores. El problema es que ni Gálvez, ni casi nadie desde la oposición –para ser justos–, puede tener un verdadero diagnóstico del estado de la nación. Y menos improvisar uno cada mediodía luego de que el Presidente ya dio su mañanera y llevó el timón del ruido mediático a donde le dio la gana, sea con el trillado show Jorge Ramos-AMLO, sea con la resucitación electorera del caso Colosio. Gálvez tenía muy claro hace 10 meses que ella no estaba lista para buscar la Presidencia –en el sentido de poseer un conocimiento sólido de los problemas de México y sus soluciones–. Será por tanto interesante ver cuál es el mensaje que ella machaca diario ahí. Porque si se la da de sabelotodo, se hundirá; si en cambio posiciona tres o cuatro ideas sobre cómo haría las cosas, en una de esas esta ‘mediodiera’ prende.

Entretener. La mañanera es un performance. Quien dude de que el Presidente sabe que tiene que entretener, ahí tiene a diario a un puñado de patiños y hasta muñequitos de verdad para hacer gracejadas. No es cosa menor mantener el rating, ni supone esfuerzo banal despertar el interés diario de la prensa y/o las audiencias. ¿Qué va a inventar Xóchitl para convencer de que este espectáculo político puede inundar diario las redes con mensajes y momentos que resistan avalanchas de bots y fake news lanzadas para distraer o sepultar sus mensajes? Si se pasa de graciosa, le irá mal; si insiste en las gelatinas, peor; pero si cree que está en una rueda de prensa, no habrá entendido la oportunidad.

Imagen para ganar. En sus dos primeras conferencias la candidata opositora ha aparecido de traje sastre. Decisión acertada en el sentido que tanto se le reclamó a Gálvez: dejar un poco la guasa y mandar mensajes de que tiene plena conciencia de que la Presidencia se gana con simpatía, ideas, mostrando convicción y demostrando riñones, pero también con señales de sobriedad y conteniendo la risa. Hasta el Presidente, que payasea demasiado en su mañanera, intenta cuidar la investidura (o astutamente se escuda en ella) en momentos críticos. El tema con Xóchitl es que esa imagen de formalidad debe ser creíble sin matarle su famosa personalidad.

Y eso, todos los días ahora que se le ocurrió emular/confrontar a AMLO. Veremos.

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