La Feria

CDMX: ¿jefatura o regencia?

Si Clara Brugada logra imponerse a Omar García Harfuch se daría la primera derrota de Claudia Sheinbaum en uso del mando que se ganó en la interna presidencial.

La renovación del Poder Ejecutivo capitalino pone frente a las y los chilangos una cuestión crucial: qué candidatura enarbola mejor la identidad contestataria de los que habitan la Ciudad de México; no vaya ser que inadvertidamente una especie de regencia.

Morena inicia formalmente su proceso de selección de candidato chilango con mejores expectativas luego de que Xóchitl Gálvez renunciara a buscar la jefatura de Gobierno de CDMX.

Empero, el destape del claudista exjefe de la policía, Omar García Harfuch, ha provocado un choque de alto voltaje al interior del oficialismo.

García Harfuch vino a complicar la estrategia que había lanzado la exalcaldesa de Iztapalapa Clara Brugada, quien desde hace semanas anima a las bases morenistas, que la ven como una genuina candidata del lopezobradorismo.

La formalización hace días de la aspiración de Omar desató en Morena y espacios mediáticos afines críticas como éstas: ultrapragmatismo al proponer un perfil que no tiene militancia de izquierda, la dificultad de aceptar a alguien con ligas policiacas con García Luna, su dudoso rol en Ayotzinapa, etcétera.

Brugada es exactamente todo lo contrario. Una compañera de base, una expresión de la esencia sobre el trabajo con los pobres, con quienes menos habían recibido, un cuadro con el que se identifican los llamados ultras del partido, esos que apoyaron a Claudia Sheinbaum.

Quienes promueven a Omar arguyen una popularidad que rompería resistencias de clases medias y altas a votar por candidatos de Morena. El reverso de tal argumento, que casi nadie se atreve a decir en voz alta, es que supuestamente Clara no gana un voto en las colonias clasemedieras.

El choque interno de los de Morena será ruidoso, hará a algunos tragar sapos al apoyar a un policía en lugar de una militante histórica con buen palmarés en cuanto a gestión pública. Pero ese pleito compete a los lopezobradoristas, a los demás debería preocupar otra cosa.

En 2018 votar en tándem por Claudia y AMLO suponía ayudar a que el segundo fuera acompañado desde el palacio del Ayuntamiento por una de sus principales operadoras. El triunfo local de Morena corregiría además ese error de la izquierda llamado Miguel Mancera.

Nadie hubiera esperado de Sheinbaum sino colaboración leal y efectiva para con Palacio Nacional.

Pero eso fue hace cinco años, en un momento de ruptura; hoy sería deseable escuchar los proyectos de ciudad que tienen tanto Clara como Omar, y dilucidar en ellos qué tanto volvería al gobierno de la capital la vocación de ser alter ego de quien ocupe la presidencia de la República.

En las próximas semanas, de aquí a que Morena aplique su encuesta para la capital, la competencia interna dará pistas sobre el tipo de administración que podrían ejercer, y la forma de su colaboración –o sumisión– frente a una eventual presidencia de la República del mismo color en 2024.

Si Brugada logra imponerse a García Harfuch se daría la primera derrota de Sheinbaum en uso del mando que se ganó en la interna presidencial. Y con ello, la de Iztapalapa podría, sin deslealtad o rebeldía, trazar líneas más propias para su eventual gestión capitalina. Ese es un espíritu más chilango.

¿La de Omar sería una administración donde se repetirá el esquema de supeditación de él para con su exjefa? Duda legítima máxime si García Harfuch ve en esa actitud la ruta para una candidatura presidencial en 2030.

Gobernar desde el mismo partido no debería suponer un sometimiento, ni que primen –como pasa ahora– los designios de Palacio sobre los de las ciudadanías de las diferentes entidades. Más aún en el orgulloso y rejego ex-DF.

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