La Feria

Ebrard, palabras de 1993 y la gran duda en 2023

A más tardar el miércoles sabremos qué decide Marcelo Ebrard a partir del eventual triunfo de Claudia Sheinbaum.

Llegó la semana en la que se resolverá la pregunta del año: qué va a hacer Marcelo Ebrard si pierde la encuesta que define la candidatura del oficialismo.

A más tardar el miércoles sabremos qué decide a partir del eventual triunfo, que él considera irregular si no que ilegal, de Claudia Sheinbaum. Claro, no es imposible que el excanciller gane la encuesta, pero entonces sería la noticia del sexenio.

Se ha comentado profusamente el paralelismo casi de mitología griega que corre entre las aspiraciones presidenciales de Manuel Camacho Solís y Ebrard. Aquel, a quien éste considera su mentor, tampoco fue el favorito del presidente, y el mandatario se obsesionó con mantener la unidad.

Camacho creía que Carlos Salinas le había engañado. Que pasado el 20 de noviembre de 1993 le hizo creer que la decisión sucesoria no estaba tomada para que el entonces regente del Distrito Federal no anunciara, saltándose las reglas, sus aspiraciones.

Según los camachistas, para contener a su amigo el presidente le abrió su agenda, lo halagó frente a Colosio por una comparecencia en San Lázaro, y armó una cena en casa del secretario de Gobernación donde lo acuerpó.

Eran fintas mientras llegaba, el 28 de noviembre, el destape de Luis Donaldo. Manuel Camacho no se sumaría a la cargada.

El regente capitalino, según su asesor Enrique Márquez, sentíase derrotado por un aparato de intereses y componendas que iba más allá del entonces todavía poderoso PRI y del propio Salinas. Que su candidatura fue imposible porque sería aperturista, democrática, plural y no mero continuismo.

Según un libro*, publicado por Márquez en 1995, con el destape llegó una gran interrogante. Colosio y Camacho habían prometido, de acuerdo con ese texto, cuidar que el derrotado y sus equipos no fueran maltratados. Ese 28 de noviembre los camachistas, dice el autor, no tardaron en sentir el embate: nadie les cuidaba.

¿Qué hacer? Márquez cuenta que hubo una reunión en su departamento. Y que ahí, hace 30 años, un joven Ebrard aconsejó a un Camacho enardecido –que quería renunciar al gobierno– no romper, correrse a un lado menos candente, como la Cancillería. Así lo cuenta el hoy columnista de El Universal:

“Marcelo Ebrard opinaba otra cosa:

“-Jefe, ni usted puede irse a su casa así como así, ni puede permanecer en el Departamento. Este es el verdadero problema. Supongamos que usted mañana renuncia y se va. Sería peor para todos. Van a ir a buscarlo a su casa muchos grupos, y eso va a ser peor para Colosio y para el presidente. ¿Es que nos vamos a convertir en oposición? ¿Nos vamos a ir con alguno de los partidos? ¿Qué queremos hacer en este momento? –terminó”.

“Manuel propuso enseguida hacer el borrador de un extenso escrito de renuncia total. Era casi un manifiesto político.

“-Mire jefe, debemos salirnos del Departamento –insistió Marcelo–. A Colosio no le conviene que nosotros estemos ahí. Y, en las actuales condiciones: ¿cómo nos vamos a hacer responsables de la elección en la ciudad? Yo creo que deberíamos pedirle al presidente que nos lleve a un área del gobierno donde no tengamos que ver con la política interna, por ejemplo: Relaciones Exteriores”.

Las preguntas del Marcelo de 1993 ahora son para el Marcelo de 2023. Quizás él cree lo mismo que su entonces jefe: que su amigo el Presidente –obsesionado con la unidad– lo engañó, que la competencia no fue pareja, que la equidad fue una broma, que le aceptaron condiciones sólo para contenerlo, para que no rompiera las nuevas reglas.

Llegó el momento de contestar lo que él cuestionaba sobre lo que pasaría si se iba a su casa y lo buscaban “grupos”: “¿Es que nos vamos a convertir en oposición? ¿Nos vamos a ir con alguno de los partidos? ¿Qué queremos hacer en este momento?”.

*Por qué perdió Camacho, revelaciones del asesor de Manuel Camacho Solís, Enrique Márquez, Océano, 1995.

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