La Feria

Adán y el siguiente sexenio

Adán Augusto López juega a colocar gente suya en puestos clave del segundo sexenio morenista. ¿Para cuánto le alcanzará de la rebanada de poder? ¿Y para hacer qué?

Uno hizo el gasto y otro se llevará los costos. Si las encuestas no fallan, Marcelo Ebrard será el gran perdedor de la interna de Morena. Eso porque no pudo con AMLO en 2011, no habría podido con Claudia Sheinbaum en 2023 y porque quién se atreve a asegurar que volveremos a futurear con sus siglas.

Pero hay otro aspirante que así quede en tercer o cuarto lugar –nunca se sabe si la gente premiará justamente el esfuerzo a ras de tierra de Gerardo Fernández Noroña–, no quiere ser visto como vencido, sino como reposicionado. Gastó para ganar, y no se irá a una curul a rumiar.

En los postreros días de esta interna Adán Augusto López patalea. El exsecretario de Gobernación no se resigna a su suerte y a horas de que se aplique la encuesta no tiene empacho en respingar; es su táctica para cobrar la ‘unidad’ que obsesiona a Andrés Manuel.

La precampaña de Adán Augusto destacó por un contraste entre su supuesto peso político –tiene apenas dos años en la primera división nacional– y el grueso perfil de sus actos y movilizaciones, y lo mismo con el volumen de su publicidad: sorprendió a propios y extraños.

La campaña de Fernández Noroña fue consistente con su perfil. Privilegió recorridos en calles y plazas públicas, encuentros directos y diálogo: se puso, para bien, al nivel de la militancia. Esa congruencia, y mensajes más producto de su sinceridad que de conveniencia, le ganaron simpatías. Saldo positivo.

Ricardo Monreal escribirá las lecciones de una campaña fallida, de por qué cambió un liderazgo y peso notable en el Senado por una aventura donde queda muy lejos de la zona competitiva; es decir, quedará muy lejos de ser visto como cercano a López Obrador. Saldo negativo.

Manuel Velasco entró a dividir votos. Hizo campaña como pago del adelanto del derecho de piso necesario para que le dejen influir de nuevo en San Luis Potosí, el que pretende sea el nuevo bastión verde (suerte con la familia que gobierna –es un decir– ahí) y obvio en Chiapas. Saldo por verse.

Del intento de Ebrard habrá que escribir capítulos aparte. Para empezar, por su perfil –era, junto con la exjefa de Gobierno, el peso pesado de la competencia– y porque ayer mismo seguía con sus denuncias sobre presuntas irregularidades en la interna morenista.

Asimismo porque esa revisión sobre Marcelo tendría que comenzar del final hacia atrás: lo que decida hacer si pierde será el punto de arranque para analizar lo que fue su campaña.

Queda Adán Augusto y su muñequeo permanente. Hace dos semanas, para sorpresa de la nomenklatura guinda, su representante firmó bajo protesta el proceso, sin irregularidades flagrantes, de selección de encuestadoras para definir a quien abandere a Morena.

Medio se entiende que Ebrard resintiera cuando el sorteo no le favoreció, pero ¿López Hernández qué pretendía? ¿Poner piedritas para hacerse importante? Y lo mismo ayer, ¿por qué gente identificada con él pega publicidad de Sheinbaum en Chiapas para recargarle sospechas a ésta?

Adán Augusto quiere el partido, dicen fuentes, para incidir en candidaturas y puestos en la siguiente etapa del lopezobradorismo.

A pesar del gran despliegue de espectaculares de mal disfrazada publicidad, su campaña, que mostró músculo en operación a lo largo y ancho del país, no levantó como para hacerlo competitivo. Pero para Adán Augusto lo importante ahora es que el gran perdedor sea Marcelo, y no él.

Juega a colocar gente suya en puestos clave del segundo sexenio morenista. ¿Para cuánto le alcanzará de la rebanada de poder? ¿Y para hacer qué?

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