La Feria

Marko Cortés y la decisión de divorciarse de ‘Alito’

Marko Cortés tendrá que decidir si se juega el gran riesgo de quedar como ingenuo cuando lo traicione ‘Alito’, o si se divorcia de una vez por todas y al fin lanza a su partido a competir.

En dos lunes será el día después de las elecciones de Coahuila y Estado de México. Si las cosas siguen igual, Alejandro Alito Moreno, líder nacional del PRI, se atribuirá el triunfo en la entidad norteña, y deslizará que la otra se perdió por el gobernador. Acto seguido, querrá ser el factor de 2024.

El campechano tiene la llave de la alianza opositora. Tras los inminentes comicios, en las negociaciones opositoras con Marko Cortés, del Partido Acción Nacional planteará que posee los atributos para ser el candidato opositor. Que quiere y puede.

Alito armó su candidatura tiempo atrás. Hace poco más de un año con un Power Point exponía que la oposición, y en particular el Partido Revolucionario Institucional, estaba lejos de ser marginal o poco competitiva.

Argumentaba también que la popularidad del presidente López Obrador en las encuestas era parecida a la de varios de sus antecesores, y que los resultados gubernamentales, peores.

Esas reuniones de calentamiento cesaron con la andanada de ilegales audios que desde su tierra le recetó Layda Sansores. Alito cambió de discurso y tras votar con Morena para ampliar la militarización de la seguridad el gobierno le dejó en paz. Lo doblaron, pero aún así no perdió el partido.

Lo que sí perdió fue la confianza de Marko, que vio cómo su aliado dejaba colgada la moratoria legislativa opositora. Pasaron semanas antes de que el líder nacional panista volviera a tomarle la llamada. La alianza sobrevivió rumbo Edomex y Coahuila, pero una dura prueba está por llegarle.

Como lo adelantó Ricardo Raphael hace semanas, Alito quiere ser candidato a Palacio Nacional. O al menos quiere hacer la finta para negociar con Marko, con el PRD y con la sociedad organizada que impulsa la alianza opositora. Pero, inicialmente, dirá que él sí quiere y que lleva mano.

El descrédito de Alito (que no inició con los procaces audios de su paisana, pero que sí catapultó esa fama a primeras planas) le provocó una crisis al interior del PRI, pero lejos de verse obligado a renunciar terminó fortaleciéndolo. Mas esa habilidad no le dio similares réditos a nivel alianza.

Así como Alito no parece advertir que su descrédito personal anula cualquier aspiración presidencial, Cortés no acusa recibo de que su liderazgo está en entredicho por la evidente falta de ímpetu y de claridad sobre la forma en que seleccionarán a sus candidatos rumbo a 2024.

Alito se quedó con los candidatos de Edomex y Coahuila al ofrecer al PAN ser el factor de la decisión de las candidaturas presidencial y capitalina del año entrante. Están a punto de robarle esa atribución, pero nadie podrá decir que él hizo mucho para retenerla o para hacerle a Alito más costosa la rebelión.

Cortés no es el líder de nada parecido a un proceso interno –sea a nivel PAN o alianza– que lleve meses en ebullición, que despierte entusiasmo por los aspirantes, que haga olas mediáticas, que provoque debate, o al menos preocupación a los morenistas.

Todo lo contrario: la noticia más reciente es que hay una propuesta panista para poner una barrera de entrada a los candidatos externos, a los que se les pedirían miles de firmas para poder competir. Cada día se superan.

En dos lunes Marko Cortés tendrá que decidir si se juega el gran riesgo de quedar como ingenuo cuando lo traicione Alito, o si se divorcia de una vez por todas y al fin lanza a su partido a competir. La alternativa es permanecer, como hasta hoy, en esa mediocridad que ahoga las posibilidades del PAN.

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