Y sigue la mata dando
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Y sigue la mata dando

19/03/2020
Actualización 19/03/2020 - 12:51

Sigue la caída de la popularidad de AMLO. No es para menos, se le juntaron los temas. El rechazo a atender los feminicidios. La caída de producción y las pérdidas de Pemex. El riesgo de perder la calificación riesgo país. La guerra entre Rusia y Arabia Saudita que derrumbó el precio del petróleo. Y la pandemia del coronavirus. La devaluación del peso. El pronóstico de que la economía mexicana no crecerá, por el contrario se espera caída entre 1 y 2 por ciento, quizá mayor dicen otros expertos.

En medio de todo esto, la actitud mesiánica de AMLO, al que nada le afecta, que no contraerá la enfermedad, que lo protegen las estampitas del Sagrado Corazón, complementado por un subsecretario inepto que sostiene que su fuerza moral es lo que lo distingue. No cita al Consejo Nacional de Salubridad, como es su deber institucional ante la epidemia. Dice que no pasa nada, que se den abrazos y sigue en sus giras apretando manos, dando besos y abrazos. En la prensa internacional vuelve a ser nota. La OMS critica la postura de México. Su ejemplo es de gran irresponsabilidad para con él, que está en grupo de riego, y para los mexicanos que le creen y no se cuidan.

La sociedad va adelante del gobierno. Han tomado conciencia del riesgo y se protegen en lo posible. Todos saben que aún no llega el pico de la enfermedad. Habrá muertos. Más miedo. El cierre de escuelas fue un gran acierto de la SEP. Quizá el único por el momento. La economía mexicana sufrirá en efecto una desaceleración, que ya se aprecia en turismo, líneas aéreas, restaurantes, cines, ya cerraron teatros, en fin, el tráfico en la Ciudad de México está muy fluido. Radio y TV dan a la epidemia la mayor prioridad, consejos, anécdotas, previsiones, testimonios, entrevistas a médicos, y muchas noticias del tema.

¿Qué sigue? ¿Cuánto durará la pandemia? ¿Cuál será su duración? No hay respuestas concretas. Pero sí hay algunas medidas que podrían ayudar, si el Presidente, en lugar de seguir dividiendo, reflexiona y toma medidas sensatas. Por ejemplo, dejar que el sector privado retome el aeropuerto de Texcoco y olvide la fantasía de Santa Lucía. Podría retomar las rondas petroleras a ver si se consiguen algunos inversionistas para evitar la quiebra de Pemex. Debería cancelar Dos Bocas que no tendrá viabilidad económica. Debería retrasar la construcción del Tren Maya, poco viable. Retomar energías limpias e impulsarlas en lugar de castigarlas por ineficiencia de la CFE. Hay algunas medidas que aún pueden atenuar la caída del PIB. Pero sin confianza, no habrá inversión. El mesianismo del Presidente no ayuda.

Y las mujeres seguimos en pie de lucha. Tras doce años, se aprobó ayer en la Cámara de Diputados la Ley General Contra la Violencia a las Mujeres, por Razones de Género. Al fin se reconoció esta realidad y se aborda con tipos delictivos autónomos, sanciones, sujetos, con penas desde administrativas hasta penales, medidas cautelares y de reparación del daño. Ya no más impunidad contra precandidatas, candidatas o mujeres electas, no más descrédito en redes, violencia física, limitaciones para ejercer el cargo. No más invisibilidad ante las descalificaciones, el acoso, el abuso. Hay avances, la organización de las mujeres en redes y asociaciones han hecho viable un Congreso con más legisladoras, la mayoría ha actuado con conciencia de género, pese a algunos frijolitos negros.

Y sigue la mata dando. Se continuará con leyes secundarias en materia de paridad. Hay un paquete aprobado en Senado y otro en la Cámara de Diputados. Pero el cambio tomará tiempo. Concretar la paridad será un proceso de reducción social para derribar al patriarcado tal machismo. Se trata de nuevas masculinidades, de acabar con estereotipos y crear nuevos roles, más solidarios, más humanos, más igualitarios. Y ese logro abre esperanzas dentro del panorama tan oscuro que nos espera.

En México hay dinero, hay experiencia, hay profesionalismo, pero no hay permisos para proyectos, ni autorizaciones para nuevos negocios, ni apoyo a inversiones público-privadas, por una ideología absurda. La riqueza, aunque sea para repartirla en dádivas, para obtener votos, requiere crearse, de lo contrario no hay recaudación de impuestos, ni un gasto público suficiente para atender crecimiento y desarrollo.

Si bien más de 70 por ciento del PIB lo genera el sector privado, requiere de certeza, de reglas del juego claras, para arriesgar sus recursos. Regalarlos para un sorteo de un avión que no se rifa, para obligar a donaciones bajo amenaza, es una extorsión que tendrá un precio. No será gratis este costo para empresas. No les garantiza poder realizar inversiones, los previene de lo que puede pasar si no cooperan. Pero AMLO pide absurdos, como la creación de sucursales bancarias en todo el país, aunque no sean plazas rentables porque él necesita dispersar las ayudas sociales, y habrá 500 mil millones de pesos, que no permanecerán en el sistema financiero, pues se gastarán en mercados informales, como se acostumbra en pueblos, comunidades e incluso ciudades.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.