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Lo que viene

02/01/2020

Ciertamente esperamos un frágil crecimiento económico. Tampoco estamos seguros que Pemex y Dos Bocas logren sus metas. El Tren Maya y el daño ecológico que causará no se compensa por su viabilidad económica. Pero lo cierto es que a pesar de todo nuestra situación es mejor que la de otros países latinoamericanos. Las tensiones con Estados Unidos han bajado y firmamos el T-MEC, que aún con sus riesgos, es mejor a no tener el bloque norteamericano vigente.

La inflación sigue bajas y el tipo de cambio se mantiene, el gobierno federal está siendo fiscalmente disciplinado, la proporción deuda/PIB se mantiene, funciona el Banco de México, que estimó bajaron las primas de riesgo de crédito tras paquete económico 2020.

Las deudas de NAIM se pagan aunque no tendremos un aeropuerto de clase mundial, y salió más cara la cancelación. El proyecto aún en definición de Santa Lucía, además del daño que ocasionó al riesgo país el no honrar contratos internacionales y minimizó confianza.

Críticas al manejo del sector energético. la cancelación de licitaciones petroleras multimillonarias que requiere para revertir su declinante producción de crudo, la construcción de la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya son las más comunes a nivel nacional y en los foros internacionales.

La falta de crecimiento no solo afecta alías, sino directamente al gobierno al bajar su capacidad recaudatoria, su gasto público y mantener el superávit fiscal. Como en todo inicio de año hay buenas y malas noticias.Pero prefiero ser optimista pese a los riesgos.

No he cambiado mi percepción sobre AMLO y su gobierno, pero creo que la curva de aprendizaje, que aún no concluye, y la terca realidad harán su trabajo para tomar decisiones más acertadas en la conducción del país. El voluntarismo en un mundo globalizado no tiene cabida y son altos e inmediatos sus costos.

Esperemos el proyecto de infraestructura que concesiona a privados servicios publico por financiamiento ayuden a recuperar empleo e inversión. Que se cumplan con todos los reglamentos, la parte técnica, la legal y la medioambiental par su funcionamiento adecuado, a través de procesos de licitación transparentes.

México es un gran país y merece un gran destino. La brecha de la desigualdad social es sin duda un lastre que debe acabarse para construir una mejor sociedad, pero solo se puede lograr mediante educación, salud, inversión y empleo, ingredientes que China, la India y otros países han aplicado exitosamente. La ciencia no es local como la directora de CONACYT pretende, se requiere de ampliar el universo de nuestros científicos. Las becas son básicas para lograrlo, sin preferencia más que por el talento.

La desigualdad también afecta a hombres y mujeres, tras siglos de patriarcado que normalizaron la desigualdad para dominar a las mujeres e impedir su desarrollo. Hoy la sociedad nos necesita a todos. El nuevo mundo de las tecnologías de la información, de las ingenierías, no distingue sexo. Las mujeres logramos el año pasado que la paridad se ampliara como principios constitucional .

Falta reglamentar dicho principio en varias leyes, labor que el Congreso de la Unión debe realizar antes de que concluya el próximo período ordinario de sesiones. Este cambio implica un gran avance, pero también cierta violencia, por razones culturales y por la discriminación a las mujeres. Estamos ante lo que será una nueva cultura de igualdad que se tendrá que imponer poco a poco, pese a resistencias.

Se ha logrado a nivel público, se legislará a tal efecto, pero aún queda el ámbito de lo privado, de empresas y grandes corporaciones que en la práctica aún discriminan, aunque hay avances parar romper estereotipos. Ese tema aún quedará pendiente y su avance será más lento pero necesario para un desarrollo social más rápido y equitativo.

Así que si soy optimista. Hay riesgos de retrocesos en lo económico, en lo político, en lo medioambiental, en lo científico, en lo educativo, y en otras áreas, pero estamos las mujeres dando la batalla por avanzar juntos a nuevos estadios de desarrollo, con inclusión, sin discriminación, con oportunidades, con experiencias, en todas las áreas del quehacer público, privado y social. Lo vamos a lograr y será un cambio que a los hombres también los liberará de estereotipos, de responsabilidades absurdas de su masculinidad, de la proveedora única, de la comprensión de diferencias que nos unen y nos igualan.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.