La tercera realidad
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La tercera realidad

20/09/2018
Actualización 20/09/2018 - 22:28

Prometer no empobrece, dar es lo que aniquila, reza refrán. Y así sucede en las campañas. No es que los candidatos mientan deliberadamente. Simplemente piensan que pueden ofrecer otras alternativas para resolver los problemas y formulan propuestas que hacen sentido, aunque no tengan suficiente sustento. Y si resultan triunfadores procuran cumplir para mantener la aprobación de sus electores y continuar en el poder. Aún cuando muchos de sus seguidores ni siquiera se interesen mayormente en las promesas, su voto es más emocional que racional.

Sin embrago, esperan resultados. Y los políticos lo saben. No basta el discurso, los hechos pesan más tras la victoria. Por eso si el riesgo es que no podrán concretar lo ofrecido es frecuente culpen al antecesor, a la situación internacional, o a un tercero, Banxico incluido. La legitimidad permite ciertos excesos. Reconocer las limitaciones es difícil. Siempre se impone la terca realidad.

A mi no me sorprende el discurso de AMLO conforme se acerca su toma de posesión. Al contrario, celebro su prudencia. Se mantiene firme en lo fundamental, el equilibrio macroeconómico. No se financiará un gasto excesivo con más impuestos, ni con mayor deuda. Queda pues el ahorro. Lo va a aplicar sin miramientos bajo la visión de que el servicio público es una vocación, no una forma de vida, para liberar recursos, emprender su proyectos más emblemáticos, como las refinerías y los apoyos a grupos vulnerables.

Su meta de 500 mil millones de pesos es difícil de alcanzar. El ingreso no cambiará radicalmente hasta que crezca la economía. Lograrlo implica inversión. Esta requiere de confianza y garantías. Así las cosas, se revisarán contratos, pero no se cancelarán proyectos en energía. Se hará una consulta pública no vinculante sobre el aeropuerto, pero se calcula el riesgo de cancelar una inversión de recursos privados, muchos internacionales, que afectaría nuestra calificación en mercados.

No se va a subsidiar el precio de las gasolinas. Lo celebro porque no se justifica socialmente. Tanto Romo como Urzúa han confirmado seguirá el desliz. AMLO señaló que en un futuro, cuando se concluyan refinerías y se aumente la extracción de petróleo podrán bajar precios. Las fuerzas armadas seguirán en funciones de seguridad pública por lo menos durante el sexenio según apuntó Durazo, lo que responde a inquietudes de gobiernos locales.

Se cambiará el proyecto educativo, pero se realizan foros para plantear alternativas y buscar calidad. Se apoyará a los adultos mayores, pero se elevará la edad a 68 años. Poco se habla ya de la descentralización de las Secretarías de Estado, porque primero se harán los estudios para evaluar si las sedes seleccionadas cuentan con la capacidad, definir costos de nuevas oficinas, viviendas, escuelas y otros servicios, atender derechos laborales y calcular indemnizaciones.

Aún no hay un proyecto, con estudios y costos, del Tren Maya. Difícil iniciar construcción en forma inmediata. Si la figura será de coinversión público-privado, se requiere tener claro la fuente de repago, es decir, como se amortizará a los privados su inversión. El DNR no es suficiente para financiarlo. Porque son 1,500 kms que aún cuando trasporte carga, no hay mucho volumen a mover entre Palenque, Calakmul y la zona turística. La cantidad de pasajeros que deberán usar el servicio para hacerlo rentable, tampoco se aprecia como demanda suficiente. En general, los trenes de pasajeros no son rentables en el mundo.

Así las cosas, no es lo mismo revisar las finanzas públicas, que analizar a detalle el ingreso y el gasto público. Terca realidad. Bajar impuestos en la frontera tendrá un costo, no sabemos cómo se compensará. Hay pues que esperar a la presentación de los Criterios de Política Económica, el proyecto de ingresos y miscelánea fiscal, el Presupuesto de Egresos para conocer exactamente el alcance del proyecto del nuevo gobierno.

Será un presupuesto austero, que no permite cumplir con todas las propuestas de AMLO, lo que seguramente no le gusta. Por eso pasamos de un discurso que reconoce avances y equilibrios macroeconómicos, para después señalar que estamos en bancarrota, porque no hay suficientes recursos para atender todas las necesidades. No estamos en quiebra, pero en efecto, no alcanza. Es pues, la terca realidad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.