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La punta del iceberg

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La punta del iceberg

18/10/2018

Max Weber en El Político y El Científico establece que el primero para decidir debe fundamentarse en la consecuencia de su acción. El segundo se rige únicamente por sus valores morales, por encima de las circunstancia. Establece la ética de la responsabilidad debe guiar al político, no la ética de la conciencia, más del ámbito académico. Esta reflexión sirve para analizar cómo AMLO asumirá sus responsabilidades.

La consulta sobre el NAICM marcará el ejercicio de gobierno. Las implicaciones inspiran temor. Nadie está en contra que el pueblo sabio se exprese. Hay mecanismos para conocer la opinión pública como las encuestas, cuya metodología es regulada por el INE para evitar sesgos que comprometan su veracidad. La consulta popular está regulada en ley, es vinculante, permite que la mayoría se exprese libremente en un ejercicio amplio, vigilado y organizado por el INE, realizado por los ciudadanos en la jornada electoral, costoso por su magnitud.

La llamada consulta de Morena, no se apega a ningún parámetro científico que garantice su representatividad. No la regula ninguna autoridad. Las organizaciones de la sociedad civil que la organizan la votación, no aclaran cómo seleccionaron los municipios. No explican cómo y cuándo se contarán los votos que se recibirán por varios días. Sólo podrán votar los ciudadanos, es decir, que cuenten con credencial de elector, si hay boletas disponibles. Las preguntas y la información al reverso está sesgada, es tendenciosa. Es muy claro que Morena movilizará sus bases para votar por Santa Lucía, proyecto por el cual miembros del futuro gabinete ya se pronunciaron. AMLO dice se afectarán intereses. Pero el interés nacional no se aborda como definitorio.

No se trata pues de un ejercicio en condiciones de imparcialidad. No será una expresión de la voluntad nacional. Se acompañará de una encuesta. Tampoco sabemos quién la levantará, cuál será la muestra y su tamaño, cómo se procesará y su confiabilidad. Las encuestas levantadas por diversas empresas y medios de comunicación reflejan una clara preferencia por Texcoco. Líderes de opinión, cámaras empresariales, especialistas aeronáuticos, ingenieros, autoridades responsables, inversionistas, se han pronunciado por continuar y explican las razones con claridad. Lo que más preocupa es el riesgo que implica la operación simultánea del AICM y Santa Lucía, porque están en juego vidas humanas.

Un hub, que compita a nivel mundial por la interconexión de pasajeros y carga, con costos accesibles, no es igual a tratar de dar el servicio con tres aeropuertos, con problemas logísticos por su lejanía, para manejar estos aspectos. La discusión es absurda, se habla de daños ecológicos, del hundimientos de suelos y se revive a los macheteros de Atenco para oponerse al NAICM. No existe un proyecto ejecutivo para Santa Lucía y se dice modernizarán el AICM, cuando no es posible, porque no habrá más pistas, edificaciones no solucionan. Al final el costo es mayor.

La calificación riesgo país se afectará, al cancelar un proyecto financiado preponderantemente por inversionistas privados extranjeros, lo que generará temor y alejará capitales. El Ejército se pronunció, requiere de instalaciones para funcionar, mantener su escuela de pilotos, capacidad para operar en casos de emergencia nacional. No se aborda cual será la solución a esta situación, que no es asunto menor, sino de seguridad nacional, tema no sujeto a consulta popular por ley.

Pero todo esto no importa. El asunto es que una decisión de gobierno, ya definida, se va a justificar con una supuesta consulta, que no será ni representativa, ni confiable. Ese es el problema. Las decisiones se tomarán con ejercicios supuestamente democráticos, para justificar costos políticos, económicos y sociales. Se elude la responsabilidad directa y se usa el engaño. Estamos pues, ante la punta de un iceberg que puede hundir a la nación en la demagogia y el populismo simplón. Eso es muy preocupante. Sólo se harán consultas de temas incómodos. Otros proyectos, los propuestos por el nuevo gobierno, sin importar su viabilidad, estarán al margen de consultas, opiniones o concursos.

Estamos ante una simulación. Ante un esfuerzo por legitimar decisiones que nos van a afectar gravemente, porque vale más consultar a una base, aunque sea marginal, que la toma de decisiones que se fundamente en las consecuencias de una acción. No se practica la ética de la responsabilidad. Ese es un riesgo. Es gobernar a mano alzada.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.