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Día de Reyes

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Día de Reyes

07/01/2021

Aún faltan los tamales de la Candelaria, pero la época más difícil de contagios por fiestas familiares está por concluir. Vacaciones también terminan. Y crecieron contagios. La Ciudad de México a punto de rebasar su capacidad hospitalaria. López Gatell se dio lo que considera un merecido descanso por su labor. Claudia Sheinbaum agobiada por la alarma. AMLO a punto de reanudar giras, ahora Michoacán y Colima.

Llegaron las vacunas, milagro que dice AMLO sucedió. Pero no, se trata de ciencia, de financiamiento y trabajo en equipo. No es invocación a estampitas. La ciencia también debería aplicarse en la distribución de la vacuna para controlar la pandemia, los contagios, y no a sitios aislados y pobres como prioriza AMLO. Eso no ayuda ni a los pobres. Como tampoco se logra con programas sociales que son dádivas y no recursos para romper círculos de pobreza.

Ayuda a empresas de cualquier tipo, descartadas. Apoyo a empleo, sin opciones. Pero eso si los recursos públicos a proyectos dudosos. Pemex, CFE, Tren Maya, Sta. Lucía, Dos Bocas no se suspenden. Las prioridades están en lo que AMLO piensa es su trascendencia y no en la salud de los mexicanos. Pendientes en el Congreso las amenazas de desaparecer el outsourcing, en lugar de regular y vigilar. Preocupante la violación a la autonomía de BANXICO al obligarlo a comprar dólares en efectivo, con las consecuentes posibilidades de lavar dinero, en un país donde el narco tiene gran presencia.

Así celebramos en Día de Reyes. Época para recordar los valores que llevaron a la adoración del Niño Jesús, que exaltaron el humanismo, la solidaridad y la esperanza en una mejor humanidad. No se adoraba a un rey o a un poderoso, se reconocía la humildad de un guía espiritual que cambiaría al mundo. La alabanza como método de subsistencia frente a las figuras de poder es siempre degradante. Tanto para quien la acepta, como para quien la expresa. Ejercicio cotidiano de las mañaneras.

El 2021 con todo y la dificultad de aplicar vacunas será mejor que 2020. Las exportaciones a EE. UU. y el resto del mundo serán el ancla para que la economía crezca, aunque sea solo en algunos sectores. No se rompieron las cadenas productivas y de suministro, lo que fue un esfuerzo muy alabado para empresas y gobierno. No será un alza espectacular pero después de la caída tan dramática del PIB, son buenas noticias.

Es muy probable que vivamos una época de euforia tras la prolongada crisis, que aumente el consumo, que se activen los servicios, que la gente al perder el miedo se reencuentre, que el turismo se recupere. Y habrá otros cambios que llegaron para quedarse, como el uso de oficinas versus el trabajo en casa, los ahorros que conlleva a empresas. Los viajes de trabajo versus el uso de tecnologías para reuniones, foros, encuentros, que bajan costos y permiten la comunicación. Cambiará la movilidad, desaparecerán empleos como choferes, cajeros. Crecerán las compras en internet y el comercio tradicional perderá parte de su atractivo, aunque permanecerá como show rooms.

Cambia la moda, la ropa de trabajo y elegante se verá restringida y será más casual el vestir. Se buscará comer más sano y natural, con productos locales. En fin, estamos en un nuevo inicio, en nuevos valores, la innovación, la creatividad, el desarrollo personal y profesional. Todo se renueva.

Los políticos deben entender esta transformación y abandonar viejas prácticas que se cierran a la participación social, a la crítica y a la propuesta. La sociedad civil deberá aprender a organizarse mejor y exigir el pleno goce de sus derechos humanos. La administración pública deberá establecer nuevos parámetros para el cumplimiento de estas funciones, para organizar estas fuerzas y no para negarlas o suprimirlas, pues sería un gran retroceso a contrasentido de la evolución mundial.

No habrá cabida a la manipulación y al engaño aún cuando buena parte de la población siga sin acceso a las NTI, a la conectividad. Pero si entienden de su propio bienestar, de la atención a sus carencias y de la imposibilidad y la condena que es sobrevivir de dádivas que no alcanzan a cubrir sus reales necesidades. Educación y salud, las bases de la reconstrucción están profundamente afectadas, pero permanecen. Y somos muchos los docentes que creemos formar una nueva generación más crítica y propositiva. Ahí están las feministas, los medioambientalistas, los periodistas de investigación, los defensores de derechos humanos. No puede haber retrocesos. Sus voces marcarán rumbo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.