Defensa del sentido común
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Defensa del sentido común

01/02/2018

Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos. Esto quedó demostrado ante la propuesta de Enrique de la Madrid para revisar el marco legal del consumo de la mariguana, especialmente en los destinos turísticos más importantes: Quintana Roo y Baja California Sur. Para muestra dos declaraciones. La de Isabel Miranda de Wallace, que planteó como disyuntiva si queremos un país sano o de jóvenes drogados. Como si la prohibición vigente impidiera el consumo y su liberalización implicara convertir a todos en adictos. O la del secretario Navarrete Prida, hombre sensato, que sin embargo dijo que la prohibición obedecía a un tema de salud pública, cuando alcohol y tabaco, más dañinos que la mariguana, son drogas legales y no por eso dejan de provocar daños, incluso mayores.

Regular y liberar no son sinónimos. Si se sigue una política de regulación de drogas, se establecen reglas para el consumo, la producción, la comercialización, la publicidad, la prevención de adicciones. Liberar el consumo es un caso distinto, es permitir todas las fases sin grandes restricciones, dejando al individuo la decisión. Hay una gran diferencia entre tratar a los adictos como enfermos o como delincuentes. Como el consumo está prohibido, la prevención de adicciones tampoco ha avanzado, su tratamiento es muy limitado. Sin embrago, el uso lúdico de la mariguana ha prosperado drásticamente en Estados Unidos, primer mercado de todo tipo de sustancias tóxicas.

En Fitur, Enrique de la Madrid escuchó quejas y demandas de operadores mayoristas de turismo. La violencia y la seguridad son eje de la preocupación para viajar a nuestro país. El secretario tienen el pulso del problema. No es de extrañar su posición. Si la mayor afluencia de visitantes provienen de Estados Unidos (EU) y allá el consumo de mariguana se ha legalizado y sigue la tendencia a pasos acelerados, penalizar el consumo de los turistas es un problema, que muchas veces se 'resuelve' pagando sobornos. Nadie busca convertir al país en un destino de libre consumo de drogas. Vaya, ni siquiera hemos permitido la operación de casinos y aún así competimos con otros destinos que sí los permiten. Somos el octavo destino mundial del turismo.

La pobreza no es lo que determina la ola de inseguridad en el país. Yucatán y Campeche tienen bajos índices de criminalidad pese a que existen mayores niveles de pobreza. Por el contrario, estados norteños como Chihuahua o Tamaulipas registran altos índices de crímenes y menores niveles de pobreza. Lo que más incide en el mapa delincuencial es el tráfico de drogas. Acabar con el problema implica quitar el atractivo de grandes ganancias al tráfico de estupefacientes y eso es plantearse bajar su costo y permitir el acceso al consumo. Parece fácil la ecuación, pero no es un tema sencillo. Además involucra a nuestro vecino.

En su informe, Trump reiteró que era necesario construir el muro para proteger a los estadounidenses de drogas y padillas. Lo cierto es que nosotros ponemos los muertos y ellos los consumidores. Abatir tráfico de drogas en Estados Unidos implicaría reforzar prevención y combatir la distribución, que se hace por los propios norteamericanos, con entrega a domicilio. Implica combatir lavado de dinero y hablamos de considerables sumas que son parte de la economía americana. Por eso el discurso xenófobo de Trump es para consumo doméstico de sus bases electorales. Eficiencia cero.

Si se retira EU de las negociaciones del TLCAN, se abre una opción para sacudirnos el yugo de una prohibición que sólo beneficia a grandes farmacéuticas y al mercado ilegal de drogas. Pero aún en las actuales condiciones es necesario retomar el debate sobre el uso recreativo de la mariguana, como lo propuso el secretario de Turismo. Tanto el gobernador Carlos Joaquín, de Quintana Roo, como Carlos Mendoza, de BCS, están de acuerdo en que se debe analizar este asunto en forma integral, es decir, desde sus efectos en la salud pública, en la seguridad y en la recaudación.

Cuando el sentido común es dejado a un lado por prejuicios y falsos dilemas, es imposible formular políticas públicas que tutelen el interés general en forma efectiva. El precandidato Meade es el único que ha abordado el asunto desde la perspectiva del combate al lavado de dinero para socavar el poder del narcotráfico, en lugar del debate absurdo de la amnistía, que ahora resulta que no es tal. Según Durazo, es un perdón a campesinos y consumidores, lo cual no resuelve problema alguno, ni aporta soluciones de fondo.

Regular consumo señalan algunos, abre la puerta a las adicciones. Sin embargo, yo pienso que decisiones informadas hacen buenas decisiones. Si la prohibición prevalece, no hay educación, no hay prevención y no hay tratamiento, sólo castigo y cárcel a los adictos. El peor de los mundos, que ya ha sembrado de muertos al país y sobrepoblado prisiones. Cierto que se ha migrado de la mariguana a otros cultivos para producir heroína de mayor valor y más demanda en EU. Y la violencia asociada a producción y comercialización están vinculadas al terrible caso de Ayotzinapa. No en balde el gobernador Héctor Astudillo ha intentado promover la legalización del cultivo de la amapola para uso medicinal en Guerrero.

Todo apunta a que más tarde o más temprano, la regulación de las drogas será el nuevo rumbo por el que transiten las naciones. Hay fuertes intereses económicos que se oponen, tanto desde la perspectiva del mercado legal dominado por los grandes laboratorios, como del ilegal donde se intuyen grandes alianzas para el lavado de dinero y su derrama en las economías nacionales. No es una elección fácil o simple. Por eso creo que fue valiente y claro el mensaje de Enrique de la Madrid, en su calidad de ciudadano informado. Y no veo muchas alternativas para frenar violencia, salvo reducir la rentabilidad del narcotráfico. Ya sea mediante el combate al lavado de dinero, ya sea mediante la regulación del mercado, o en ambos frentes. Al tiempo.

Twitter: @Rosariodf

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.