Rosario Guerra

De fideicomisos y lealtades ciegas

Finalmente, Morena retiró su propuesta y la oposición pidió un debate por cada fideicomiso en lo particular, que seguramente llevará horas.

Ya encarrerados contaron con los votos, y dado que la ambición no tiene límites, los morenistas decidieron que, aún cuando no venía en la iniciativa, también podrían disponer de otros 101 mil millones de pesos del Fondo de Salud para el Bienestar, que la SHCP dispusiera de ellos, supuestamente para regresarlos a Salud. Ahí enloqueció el Pleno. Diputados tomaron la tribuna, hubo golpes e insultos. Y se decretó un receso.

Finalmente, Morena retiró su propuesta y la oposición pidió un debate por cada fideicomiso en lo particular, que seguramente llevará horas. El costo político es fuerte, pero más lo será el costo social que deja sin atención a miles de personas de grupos vulnerables. En la época de Luis Echeverría se crearon Comisiones y Fideicomisos al por mayor. Se decía que había más fideicomisos que problemas. Esto cambió con Miguel de la Madrid y finalmente Carlos Salinas desapareció a muchos que no tenían utilidad social. El fideicomiso se reguló y tiene como principal ventaja que atiende un solo objetivo, y puede programar acciones en forma multianual, según la decisión del comité técnico y sus reglas de operación. Generalmente los preside un secretario de Estado o su suplente, un subsecretario y participan las instituciones involucradas en el tema. Algunos tienen consejeros externos. Son auditables por la ASF y el Congreso define los montos presupuestales que se les asigna según resultados. O sea son los secretarios quienes influyen en las decisiones de los fideicomisos públicos

Son 169 los que desaparecen. El monto asciende aproximadamente a 68 mil millones de pesos que pasarían a la Tesofe para que la SHCP haga uso de los recursos, según lo determine el presidente AMLO, conforme las reglas del PEF. Es decir, su destino será incierto. Aunque Herrera, de la SHCP, señaló que se seguirán atendiendo los programas de los fideicomisos, ahora con recursos públicos, nadie garantiza que se ejerzan para cumplir dichas metas. Se usarán discrecionalmente. Aunque varios actores sociales beneficiarios de los programas han acudido ante los legisladores y razonado la necesidad de que continúen, y que varios legisladores incluso se habían comprometido a que no desaparecerían, lo cierto es que la iniciativa es clara, absolutamente todos se cierran.

Conforme la lealtad ciega que AMLO pide a sus legisladores, la mayoría de Morena decidió apoyar la propuesta y hacerla realidad. AMLO, dice, usará esos recursos para comprar vacuna contra el Covid-19, que aún no está en mercado, y no sabemos si en 2021 ya se podrá aplicar en forma segura, pues se han evaluado los efectos secundarios que producen daños a la salud. Lo cierto es que a AMLO no le alcanza el dinero para sus proyectos y se niega a abandonarlos, aún cuando sean poco viables. Y además supone que ampliar ayudas sociales, además de paliar el efecto del desempleo y la crisis, le ayudarán a ganar las elecciones en 2021. Ya logró que la SCJN aprobara un absurdo. ¿Se debe aplicar la ley? Encuesta que costará millones de pesos, que sólo para recordar a los votantes, la corrupción y así acudir a la ira para lograr votos.

No es un tema menor cerrar fideicomisos. Quizá algunos puedan desaparecer porque han cumplido su objetivo o porque ya son innecesarios. Pero no se realizó ningún análisis. Se sacó -como es costumbre- el machete y se cortó todo. Se complicará aún más contar con recursos para atención de niños con cáncer, no se tendrán ahorros para enfrentar desastres naturales (sismos, huracanes, inundaciones, etcétera), la cultura ya no tendrá fondos ni para cine, ni para teatro o museos u orquestas. Toda la investigación científica desarrollada por el Estado quedará sin fondos, lo mismo la médica, que la agrícola, forestal y ganadera; la de tecnologías de la información, la de satélites, la de telecomunicaciones, la de cuencas hidráulicas, la de apoyo a migrantes, la de ahorradores defraudados, las de asistencia social, la de protección a periodistas y defensores de derechos humanos, del servicio ferroviario, de cambio climático, la de hidrocarburos e industria eléctrica, de víctimas, la de estímulos a investigadores, se pone fin al sistema.

Los fideicomisos han sido criticados por corrupción, pero lo cierto es que para aplicar recursos a su objetivo -no pueden dirigirlos a otro tema- debían cumplir reglas específicas que hacían más transparente su ejercicio y cumplimiento de metas. Al desaparecer serán las secretarías de Estado quienes aplicarán los recursos -si los tienen- y deberán elaborar reglas, tema que no se ha cumplido con los programas. El ejercicio anual, sin los intereses que se producían recursos autogenerados, ya no podrán aplicarse. Tampoco los recursos privados que complementaban el apoyo a ciertos fideicomisos, o los recursos estatales.

Así las cosas, la lealtad ciega que pidió AMLO se honra por Morena, aún cuando se afecten a los beneficiarios de los programas, sin un análisis objetivo de cuáles deberían permanecer, y traslada la protesta social a las secretarías de Estado, donde se buscará la atención a los problemas, sin que éstas puedan solucionarlos. Se dice que se atenderán pero con otro modelo administrativo por la corrupción que detectó la ASF, pero hay fideicomisos con manejo impecable. AMLO tendrá su bolsa electoral y su encuesta. Y se acrecentarán las protestas. Frenaa lleva la delantera, pese a los intentos de pararla y descalificarla, por diversas razones ideológicas, que pueden ser válidas, pero que no son el foco de las propuestas de renuncia del Presidente.

Lo cierto es que la ley de ingresos no alcanzará a cubrir el gasto. No vamos a exportar el doble del petróleo el año próximo, tampoco vamos a recaudar más por la caída del empleo (ISR) y del consumo (IVA-IEPS), no vamos a acudir a una mayor deuda pública y no tenemos un respaldo para los pagos. Así que los 69 mil millones posiblemente se acabarán en un año. Nos quedaremos como el perro de las dos tortas, ni más, ni menos.

Los estados y los municipios no escaparán a esta crisis y recibirán menos recursos fiscales federales, por eso buscan opciones distintas a las existentes, pues también crece su deuda. Además, AMLO rechaza la inversión privada. Ya la prohibió en hidrocarburos y energías limpias, no quiere asociarse con el sector privado para impulsar infraestructura, ni aún tratándose de sus proyectos emblemáticos, rechazó una Asociación Pública Privada para una etapa del Tren Maya y se hará con recursos públicos. A nivel mundial, tras su discurso bananero en la ONU, avión incluido, hemos quedado prácticamente borrados de los destinos de inversión importantes.

No falta el humor popular, lo bueno de esto es lo malo que se va a poner. En efecto, las calificadoras nos castigarán, no se recuperará empleo, ni inversión, seguirán aumentando los pobres primero, y las instituciones se verán socavadas porque no podrán atender las demandas sociales. Si la respuesta a las críticas sigue siendo la polarización y la descalificación de medios y periodistas, la democracia se va a desdibujar y no vemos una oposición activa que pueda resolver el problema de la falta de contrapesos, aunque en esta ocasión lograron frenar el acceso de AMLO a los fondos de salud. ¡Enhorabuena!

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