Con los niños no
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Con los niños no

14/02/2019

La riqueza de la sociedad es su niñez y su patrimonio la educación. Para proteger a la infancia, México firmó la Convención Sobre los Derechos del Niño, que abarcan derechos y libertades, como el entorno familiar; la salud básica y el bienestar; la educación de calidad; la recreación; actividades culturales y las medidas de protección necesarias contra abusos y violencia.

El interés superior del niño debe ser una consideración primordial ante cualquier confusión en materia de derechos. Los de la infancia se encuentran en el primer plano de la batalla por los derechos humanos. Están además íntimamente vinculados con los derechos de la mujer y su igualdad, que garantizan su desarrollo. México también suscribió la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer. Ambas Convenciones forman parte del sistema internacional de derechos humanos.

En México casi el 30% de las mujeres son jefas de familia. En la Ciudad de México casi alcanzamos el 40%. La mayor parte trabaja en el sector informal, no son derechohabientes ni del IMSS, ni del ISSSTE. El cuidado de los niños, sobre todo en su primera infancia es un problema social, no solo de los padres. Las instituciones deben acompañar a las mujeres trabajadoras en esta etapa crítica, cumplir con los niños y con sus compromisos internacionales.

Hemos visto casos dramáticos de mujeres sin recursos que para poder trabajar, amarraban a los pequeños, para “cuidarlos” pues quedaban solos por horas. Qué decir de los abusos a menores, perpetrados en la mayoría de los casos por personas “de confianza” cercanas a la familia, muchos no denunciados. Según OCDE, México ocupa el primer lugar en abuso entre sus miembros. Las mujeres que criamos solas a nuestros hijos sabemos lo difícil de su cuidado, la incorporación al mercado de trabajo conlleva a dobles y triples cargas de trabajo, que incluyen al doméstico.

Las estancias infantiles impulsadas por la SEDESOL han coadyuvado a un mejor cuidado de la niñez. Más de 300 mil niños dependen de ellas. Con el tiempo se han profesionalizado, empezaron como instancias comunitarias. Son supervisadas, se capacita al personal, se dota de dieta balanceada, se promueve la socialización y el desarrollo emocional del niño, se utiliza al juego como método de aprendizaje, se desarrollan actividades para mejorar desempeño y aptitudes de infantes. Las mujeres se sienten seguras de dejar ahí a sus pequeños, pueden atender su horario profesional sin angustia. CONEVAL ha evaluado bien el programa; sin embargo, se ajustaron reglas de operación y ya se excluyeron a niños mayores de tres años.

Estas estancias son un primer paso, apenas una aproximación, a una política pública de cuidado a la primera infancia. El Estado tiene deuda con mujeres trabajadoras y sus hijos. Cerrar estancias por supuesta corrupción es absurdo. Si hay desviaciones, se deben corregir y castigar responsables. Pero #CONLOSNIÑOSNO se deben emprender las represalias. Es un falso debate señalar que los programas sociales deben desterrar intermediación.

Las estancias no son intermediarias, brindan un servicio en comunidades de alta marginación, a los niños pobres y sus familias. Constituyen una solución a un grave problema de cuidado de la primera infancia. Sustituirlas por apoyos económicos para que cada padre decida quien debe cuidar a su hijo es un grave retroceso. Primero porque no hay oferta de sitios de cuidado de menores y al desaparecer las estancias no habrá una sustitución. Las guarderías privadas son más caras. El apoyo económico que se otorgará es menor al costo de un niño en la estancia. El recurso no necesariamente se invertirá en el cuidado del niño. Las abuelas no siempre están presentes y con capacidad para ayudar.

Se rompe la socialización, la educación y la comunidad al aislar a los niños en sus hogares, sin apoyo profesional para el desarrollo de sus aptitudes e impulso a su educación. Se corren mayores riesgos de abuso infantil. Estamos pues ante una tragedia para los niños y las madres trabajadoras. Nadie sabe explicar las causas de una decisión tan drástica. Regresar a las teorías neoliberales de reparto de beneficios es inconcebible, pero es la decisión de AMLO. La única explicación es que los niños no votan. ¿Absurdo? Sin duda. Por eso la CNDH, el Senado e incluso varias voces en Morena piden una reconsideración a la medida. Ojalá se les escuche. #CON LOS NIÑOSNO

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.