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13/08/2020
Actualización 13/08/2020 - 13:30

Las reformas estatutarias que el PRI son muy discutidas. Hay impugnaciones en contra de la concentración del poder en la Presidencia, otras por no cumplir con procedimientos internos, otros por violar derechos políticos y electorales de militantes. Así que aún falta una definición de cómo quedarán los estatutos, pues seguramente algunas de las impugnaciones pueden proceder en tribunales. Lo interesante, sin embargo, es analizar qué hay detrás de esta concentración de facultades y atribuciones del presidente del CEN.

Conozco al PRI porque milité en él y lo dejé ante la violación a mi integridad física y mi dignidad humana. De acuerdo con mi experiencia, el análisis que puedo hacer sobre el tema puede clarificar las decisiones que se han tomado y causan tanta polémica. Desde que los partidos políticos accedieron a recursos públicos, empezó a darse un nuevo fenómeno de fortalecimiento de liderazgos y burocracias partidistas que dependían de los votos para acceder a cargos de elección plurinominales, porque por ser impresentables una elección por mayoría no podrían ganarla.

Se degradó la militancia. Los dirigentes de los partidos locales buscaban alejar a cualquier competencia que pudiese amenazar su acceso a prerrogativas. En lugar de ser los partidos ámbitos de participación ciudadana, se convirtieron en trincheras de grupos que, poco a poco, fueron secuestrando las decisiones del partido. Colosio creó los Consejos Políticos como una herramienta de participación y de discusión, de debate para la toma de decisiones. Éstos debían aprobar las candidaturas uninominales y plurinominales de candidatos a cargos de elección federal, local o municipal.

Mientras los gobernadores y el presidente de la República fueron priistas, nadie cuestionaba o se oponía a las decisiones que los Consejos Políticos convalidaban. Pero cuando se perdieron las posiciones se fortaleció la presidencia local del partido y ahí se tomaban y operaban decisiones. Pero después, quien controlaba el Consejo, generalmente el presidente del PRI local, podía invalidar candidaturas o rechazar propuestas que podrían ser de buen perfil, pero no eran parte de su grupo.

La pluralidad cambió las reglas. El presidente del CEN ya no podía proponer o imponer candidaturas en las entidades en que el gobernador no era priista. Debía negociar con los grupos locales. Sucedía que muchos militantes y cuadros se alejaron del PRI porque se cerraron los espacios de participación. El presidente del Estado controlaba las posiciones y ante cualquier problema acudía a tribunales y casi siempre ganaba su caso. Poco a poco esta burocracia partidista se adueñó del partido en territorios remotos, en otros urbanos, y un ejemplo es el caso de Cuauhtémoc Gutiérrez y su grupo en la Ciudad de México.

Cuando tratamos de evitar que ese grupo ganara la elección del Consejo Político de la Ciudad, logramos levantar un movimiento muy importante de verdaderos militantes que se habían alejado ante la cerrazón tanto de Gutiérrez como de Beatriz Paredes y nuestra finada amiga María de los Ángeles Moreno, grupos siempre confrontados, pero que al final negociaban las posiciones plurinominales para sus adeptos y mandaban a otros a competir. Estábamos ante la posibilidad real de ganar la elección y al acudir al registro fuimos golpeados y terminamos 15 amigos en el hospital. Se nos negaron nuestros derechos, el presidente del CEN del PRI no quiso escucharnos, solo retomó versiones de los dos grupos en eterno conflicto. Hana de la Madrid e Israel Betanzos operaron la agresión como un solo frente que encabezó Christian Vargas.

Desde entonces todos los integrantes del grupo quedamos en la práctica vetados para ser candidatos por el PRI en la CDMX, ya que el control del Consejo Político pasó a manos de Cuauhtémoc Gutiérrez y finalmente Beatriz Paredes claudicó y pidió a su grupo, en casa de una destacada priista coyoacanense, apoyar a Cuauhtémoc pues ya tenía el control. La desbandada fue inmediata.

Este fenómeno de empoderamiento de líderes del PRI locales, que se registra en todo el país, y presidentes o diputados locales que además se alían con quien gobierne (caso sonado en BC), ha debilitado mucho al PRI. Votos de priistas en congresos locales para fortalecer a gobiernos de otros partidos, son comunes. Reciben las prerrogativas locales, y negocian prerrogativas nacionales, con diversos resultados. Pero cuando se les pide una votación determinada o aceptar a un candidato externo, u a otro de mayor presencia y posibilidades, no hay manera de convencerlos y de que el Consejo Político lo vote.

De ahí que la decisión de concentrar el poder de la toma de decisiones es una necesidad para la dirigencia nacional. La alianza con los gobernadores permanece aún, pero ante los próximos comicios las decisiones deben abrirse a la sociedad y a los mejores perfiles, lo cual es imposible si no se desbanca a Consejos locales y dirigencias autónomas. Evitar la judicialización de las candidaturas es necesario, no hay tiempo que perder en 2021.

Si se piensa en alianzas con otros partidos las medidas tomadas cobran un mayor sentido. Se acabó la discusión de si el candidato es del PAN o de MC o del PRD y no del PRI. El presidente puede tomar las decisiones necesarias en candidaturas a gobernadores, Cámara de Diputados, congresos locales y municipios, sin que la burocracia partidista lo frene. Su palabra adquiere mayor peso, pues ya no enfrenta presiones jurídicas, tiene el control de las decisiones. Para mi ese es el verdadero sentido de las reformas estatutarias del PRI.

Ahora bien, hay desde luego temores y suspicacias, no sólo de quienes han sido desplazados de la toma de decisiones, sino de analistas y militantes que plantean que, si bien es necesario retomar una sola alineación en el PRI, ésta no se resuelva en una alianza con AMLO y su partido Morena. Cierto que muchos priistas se fueron a Morena, pues ideológicamente se sentían más cómodos. Cierto que la competencia entre PRI y PAN en lo electoral ha sido durísima y será difícil de aceptar una alianza. Pero cierto también que el PRI recupera su capacidad de abrirse a candidaturas competitivas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.