Rosario Guerra

Libertades

Nunca habíamos vivido una censura tan pública y descabellada como la actual. Vergonzoso el papel de los medios de comunicación que eligen la plata frente a las auditorías.

Ahora resulta que solo AMLO es quien tiene el monopolio de la libertad de expresión. Los otros son calumniadores, conspiradores, falsarios, y como su autoridad moral está por encima de la ley que juró defender, en consecuencia, se han conculcado nuestros derechos. No soporta la crítica. Los videos de Pío López, donde recauda dinero para su hermano, y que el propio AMLO admitió que eran donativos para su campaña, le han causado un daño moral a Pío, quien acude ante un juez para denunciar a Carlos Loret de Mola.

Por otra parte, Raymundo Riva Palacio logró el amparo de un juez federal contra los dichos de AMLO en su contra, en la mañanera y su sección ‘Quién es quién en las mentiras’, porque la información no se sustentaba en hechos o datos, comprobables o reales y causaban un daño a nuestro compañero. Por tanto deberán de bajarse dichas falsedades de las grabaciones de los programas ‘informativos’.

Cada vez más AMLO es agresivo, mentiroso y se victimiza diariamente. La realidad lo torpedea y eso lo angustia. Sus respuestas son cada vez más erráticas y dolosas. Sus abrazos al narco se ven muy auténticos, y los viajes a Badiraguato, tan frecuentes y privados, se citan en el New York Times como posible lugar para recibir aportaciones en dólares. Le tiene desencajado su nuevo mote de narcopresidente, que también deriva de las pruebas de Loret en su programa, El Clan, que además denuncia la corrupción de sus hijos al lucrar con contratos públicos, adjudicados a amigos o posibles prestanombres.

Se ofende porque le envían un cuestionario para que emita su opinión sobre la investigación periodística, a fin de aclarar los puntos que le parezcan falsos o tendenciosos. Es una práctica normal en el periodismo moderno. Consultar a varias fuentes implicadas en un reportaje. Y sin dudarlo, muestra el documento como si fuese prueba de algún acoso, pero es él en realidad quien acosa a la periodista y devela sus datos privados. Viola la ley, lo admite porque asegura que ninguna ley está por encima de su investidura. Y además asegura que lo volvería a hacer cuando lo ataquen a él o su familia. O sea, solo él puede ser libre de expresar lo que sea. Calumnia, miente, acusa sin pruebas, denigra, amenaza, disfraza sus respuestas de derecho de réplica, que él no concedió a Xóchitl Gálvez, pese a una orden judicial.

Nunca habíamos vivido una censura tan pública y descabellada como la actual. Vergonzoso el papel de los medios de comunicación que prefieren plata a auditorías u otros problemas. Imparable la toma de conciencia ciudadana que él mismo provoca con sus exabruptos. Se cae la máscara y se enfurece. No hay honestidad, no se privilegia a los pobres. Se busca centralizar el poder, los recursos y el ejercicio de las libertades. Este proyecto centralista y autoritario es lo que llama transformación. Sin duda lo es, la peor que hemos vivido en este país que iba avanzando hacia mejores prácticas democráticas de gobierno.

Incluida la alternancia, que le permitió llegar a la Presidencia. Es curioso, tantos años en lucha para lograr la Presidencia y cuando llega no sabe qué hacer, se le cae el país a pedazos. Los únicos seguros en México son los narcotraficantes y los delincuentes, ellos sí tienen libertades para actuar e imponer sus formas de extorsión, secuestros, derecho de piso, más efectivo que el SAT. Y no pasa nada.

Dice AMLO que todo está en orden. Entran inversiones del extranjero, el peso está fuerte y la gente está contenta. Las ayudas sociales han aumentado y favorecen a grupos enteros de familias. Amor con amor se paga, dice AMLO.

Eso sí, aumentó la deuda externa y se usará en gasto corriente, lo que viola la Constitución. Y es que su voracidad no tiene límites. Acabó con el Fondo de Contingencia; con el Fondo de Desastres, con todos los fondos y fideicomisos públicos. Se afectaron a los beneficiarios de los programas, aunque dijo que solo pasarían a la atención de las secretarías. Pero no fue así. ¿Dónde ha quedado tanto dinero? Y no me digan que en sus megaobras y los apoyos sociales porque ahí hay trampa. No hay padrones y no hay información que se pueda consultar.

La opacidad es su sello personal. La usa desde hace años, pues nunca respondió con qué recursos vivía él, su familia, su equipo, recorriendo todo el país por largos períodos. Carlos Navarrete recién comentó que parte de las dietas iban a dar con AMLO, porque se pensaba que como cabeza de un movimiento de transformación democrática debía contar con recursos. Sin duda era una aportación importante, pero no suficiente.

Desde Nico, sus hijos, amigos, todos sus colaboradores cercanos, son ya millonarios, sin tener oficio ni justificación alguna. La corrupción campea sin vergüenza y se exhibe públicamente. Quizá por eso AMLO anda angustiado. Claudia, con todo y cola de caballo, no remonta. No inspira, no es confiable, o popular, ni siquiera repite bien a su maestro.

Y sí, la libertad de AMLO está en riesgo, por violar leyes, por mal gastar el patrimonio nacional, por sus abrazos con los narcos, por la cancelación del NAIM, por sus complicidades con empresas constructoras, por su protección a quienes han abusado del poder, por el fracaso de Dos Bocas, del Tren Maya y del AIFA. Por una aerolínea subsidiada que opera con un solo pasajero. Por haber corrompido a las Fuerzas Armadas, por haber destruido las policías. Por llevar un modo de vida que beneficia a sus hijos, con escuelas privadas en el extranjero, con el otorgamiento de obras en supuestas licitaciones.

Lo que AMLO nos debe afectará desde luego su libertad y esta amenaza lo tiene desquiciado. Ha convertido la elección en razón de Estado. No va a aceptar una derrota pues le puede significar juicios aquí y en otros países. Por eso enloquece. Dejemos al rey en su palacio, con sus miedos y sus fracasos. Nosotros a lo nuestro. Defender a la patria y votar masivamente el 2 de junio por el único proyecto democrático para reconstruir al país.

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