Rosario Guerra

De engaños y algo más

Hoy, el INE enfrenta problemas internos para desarrollar sus funciones. El morenismo ha tomado sus estructuras.

Todos quieren una pensión al 100 por ciento de su salario en activo. Pero eso no ocurre en ningún país del orbe. El financiamiento de las pensiones es un problema mundial. La natalidad disminuyó mientras la población envejeció sin que la pirámide de edades y laboral se mantuviera; se fue achatando la base, y por tanto, las aportaciones a las pensiones. Por otra parte, las medicinas y los equipos médicos se cotizaron en divisas internacionales y las aportaciones quedaron ligadas al salario.

Además, los fondos se usaron para financiar magnos eventos deportivos y una serie de instalaciones para ampliar beneficios a los derechohabientes, hasta que llegó el momento en que bajaron los ingresos, a tal grado que ahora el gobierno federal paga las pensiones que son un hoyo negro de las finanzas públicas, que crece y crece.

Aumentar aportaciones resultaba complicado y se tomó el modelo chileno para individualizar las pensiones, dejar el régimen de reparto y hacer una gran masa de ahorro popular obligatorio para colocarlo en inversiones rentables y seguras. Los chilenos pronto desarrollaron una cultura financiera y tomaron las opciones más benéficas e incluso salieron a mercados internacionales. En México, el problema es que solo el 2 por ciento de la aportación del trabajador va a fondear su pensión; cantidad insuficiente para lograr un retiro decoroso. Se abrió el ahorro voluntario para complementar el monto. No todo mundo lo entendió, y el Estado tomó la decisión de fondear hasta 1 salario mínimo si lo aportado por el trabajador no era suficiente.

La mayor parte de los fondos van a vivienda y a servicios médicos, donde proliferan negocios que no han beneficiado a los trabajadores, y que hoy se agravan en el servicio médico, con compras fraudulentas y mala distribución de medicamentos. Los hospitales no cuentan con lo necesario para tratar a los enfermos, y ha aumentado la mortalidad y disminuido el promedio de vida de la población.

Y ahora, de repente, a meses de terminar su mandato, AMLO dice que lanzará una iniciativa para lograr lo imposible. Se necesita mucha cara dura para mentir de esa manera. Quiere tener facultades para manejar nuestros ahorros de las Afore y usarlos para financiar sus ocurrencias, porque ya acabó todo recurso público disponible; fondos de fideicomisos ya desaparecieron y nunca se atendieron necesidades. Quiere nuestros ahorros. No podemos permitirlo.

¿Y de dónde piensa sacar más dinero? Desapareciendo a todos los órganos autónomos creados para institucionalizar y profesionalizar decisiones, con criterios técnicos y transparencia. Desaparecer al INE y regresar elecciones a Segob, controlar el proceso. Desaparecer la autonomía de Banxico y meter diente a las reservas internacionales y emitir billetes sin respaldo, aumentando la inflación. Desaparecer al INAI, acabar con la transparencia y nuestros derechos a proteger datos y a conocer información pública.

Acabar con Ifetel y tomar el control de las telecomunicaciones para otorgar discrecionalmente las concesiones y manejar la cobertura de internet. Fortalecer monopolios al desaparecer la Cofetel y hacernos pagar caro servicios ineficientes, y disminuir la competitividad del país. Quitar la Comisión Nacional de Hidrocarburos y la Comisión Reguladora de Energía para manejar Pemex y CFE a su antojo, evitando competencia, afectando a la industria y empresas, continuar con apagones y falta de capacidad para producir más energía eléctrica. Seguir subiendo el costo del diésel y de las gasolinas encareciendo el transporte de mercancías y el costo de mercancías.

Una presidencia más que imperial. Un gobierno autocrático con decisiones de un solo hombre, sin visión de Estado y sin importar el beneficio del pueblo y el desarrollo del país. Con una corrupción que se denuncia por la DEA, por agencias norteamericanas, por Latinus, donde primero los López triplican costos de obras inservibles y adjudican contratos a socios y amigos. Donde la liga con el narcotráfico se hace cada día más evidente, en un binomio en el cual la vida humana nada vale. La violencia crece y el gobierno dice que todo marcha bien, encubriendo más de 170 mil homicidios, 11 feminicidios diarios, trata de migrantes y de personas. Y para rematar, la amenaza de la intervención del narco en las elecciones. Ya han sido asesinados cinco precandidatos de la alianza opositora.

Obviamente todos dirán que están a favor de mejorar las pensiones de la población. Nadie puede oponerse a tan noble fin. El asunto de una discusión seria se dará cuando el presidente presente su iniciativa. Evaluar su viabilidad. No expropiar los ahorros de los trabajadores. Mantener los órganos autónomos del gobierno que velan por nuestros intereses y la transparencia. ¿De dónde saldrán los recursos? ¿Retomará la inversión privada en el sector energético? ¿Planteará una propuesta para aprovechar el nearshoring y llevarnos al desarrollo? ¿Bastan los recursos de los órganos autónomos para un financiamiento a largo plazo de las pensiones? ¿Volverá el gobierno a aportar para las pensiones dejando sin efecto sus reformas anteriores? La austeridad republicana aplica en los bueyes de mi compadre, pero no para la familia López, y su círculo cercano, los Taddei, los Gómez, los Bartlett, López Hernández, los Alcalde, los Nahle, entre otros.

Y ahora, en lugar de combatir los crecientes índices de criminalidad, AMLO desoye el mensaje de Luis Donaldo Colosio Riojas y decide, tras 24 años, volver a investigar el caso como un asunto de Estado. Lo cierto es que se retoma para los temas electorales a fin de perjudicar al bloque opositor. Es, desde luego, una estrategia electoral, que trata de vincular a García Luna con el asesinato y pegar un doble tiro, al PRI y al PAN.

Hoy, el INE enfrenta problemas internos para desarrollar sus funciones. El morenismo ha tomado sus estructuras. Aún sin la mayoría del Consejo General con base en las atribuciones extraordinarias de la presidencia. Los nombramientos, si no son adecuados pueden poner en riesgo la instalación de casillas y la capacitación de los ciudadanos funcionarios de casilla. Los riesgos en los que AMLO pone a la democracia son muchos y variados. Ataca por todos los flancos posibles y muy probablemente, aun cuando se haga más patente su corrupción y su ineficiencia, no reconozca resultados electorales. Aun así todos debemos votar. Porque quizá después no podamos hacerlo.

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