Rosario Guerra

Partidos muy partidos

¿Cuál de las ‘corcholatas’ ganó mayoría? Difícil saberlo entre quema y robo de urnas, compra de votos, acarreos, violentos enfrentamientos y descalificaciones entre morenistas.

Antes del vergonzoso episodio de Morena para elegir a sus delegados al Congreso Nacional, muchos apostaban a que con gran facilidad lograría más victorias en 2023 y ganaría la presidencia en 2024. ¿Cuál de las corcholatas ganó mayoría? Difícil saberlo entre quema y robo de urnas, compra de votos, acarreos, violentos enfrentamientos, descalificaciones entre morenistas. Hay quienes dicen que Morena es el viejo PRI, pero en ese partido aún con esporádicos desacuerdos, la disciplina y su método podían imponer candidaturas, pero no a base de golpes y violencia entre sus militantes. Cuauhtémoc Gutiérrez y su séquito sí eran un caso de ese tipo al que nadie quiso poner en paz, y se aliaba con todos los partidos. Su negocio prosperaba y sus vicios se protegían.

Sin embargo, por lo grotesco del caso, este sobresalía. No era una constante en ese partido. Hoy todos los partidos están partidos. El PRD está desfondado por Morena, y aún así siguen las diferencias entre sus grupos. La postulación de Demetrio Sodi por Futuro 21, organización afín al PRD, es una apuesta a un mayor activismo contra Morena. En la directiva ‘los chuchos’ mantienen el control y negocian con PAN y PRI para construir alianzas y reglamentar los gobiernos de coalición.

Con Dante Delgado, hombre de mil batallas y gran experiencia política, Movimiento Ciudadano ha logrado incrementar su presencia y se le considera el fiel de la balanza. Cauto y con visión, espera ver los resultados de posibles coaliciones, sin comprometer al partido que él creó y que dirige. De gran pragmatismo ha logrado incluir a personajes importantes a sus filas, tiene cuadros y tiene una estructura. Puede tener candidatos competitivos, pero sin alianzas difícilmente ganará en 2024.

En el PAN, Marko Cortés no está en lecho de rosas. Si bien es el partido que se ha acreditado como el opositor de Morena con claridad y contundencia, con cuadros valiosos y posicionados en el escenario nacional, no deja de tener corrientes internas y algunas lo cuestionan. Sin embargo, mantiene la calma y conduce a su partido a éxitos y alianzas electorales. Tiene una gran cantidad de cuadros que aspiran a candidaturas en 2023 y 2024, lo que complica las decisiones, ya sea con o sin alianzas. Pero por sí mismos no es fácil conquistar posiciones.

En el PRI, Alito es el más cuestionado. Después de jugar con AMLO a que quizá votaría la reforma eléctrica, negociar posiciones en la Cámara y traer a inversionistas con el Jesús en la boca, se plantó y no concedió nada de votos a Morena. Cierto, el PRI ha perdido elecciones, en Sonora, Sinaloa, Oaxaca, Hidalgo, entre otros estados. Perdió gubernaturas, pero reconozcamos que fueron los gobernadores, hoy premiados, quienes entregaron las plazas. Se dice que Alejandro Murat, todavía gobernador de Oaxaca, irá a la SEP. Y desde el CEN es difícil controlar una elección local. Tuvo desaciertos como en Quintana Roo y no logró la alianza en Nuevo León. Trae encima a la gobernadora de Campeche, Layda Sansores con las grabaciones, sospechas de enriquecimiento ilícito y otros delitos.

Al interior del partido, Alejandro Moreno tiene problemas por la exclusión que hizo de cuadros priístas, se cerró, supongo, para enfrentar embates de AMLO, pero olvidó que el PRI es un amplio frente de cuadros y organizaciones. Hoy recompuso al CEN. Mantiene el control del partido y enfrentará la elección del Estado de México donde no sabemos a ciencia cierta si Del Mazo entregará o no la plaza, y la de Coahuila, donde su gobernador ya pintó raya y dijo no será embajador. Pero también enfrenta ambiciones de un personaje que ha pedido ayuda al PAN, al PRD, y a Segob para remover a Alejandro del partido, lo cual es ya un exceso. Este personaje no busca realmente competir, incluso puede ser más proclive a Morena, busca lograr plurinominales en 2024. O sea, el reparto de posiciones presidiendo su grupo parlamentario.

La alianza por México no es solo la unión de tres membretes. Tampoco es una vuelta al pasado de cartas quemadas. Es la construcción de un nuevo gobierno, de nuevos contrapesos, se limita a un Ejecutivo en decisiones que afectan al país. Lograr un gobierno de coalición, con un gabinete plural donde se discutan y evalúen las políticas públicas. Estas se harán para responder a la sociedad civil, ya que los votos mandan y reconstruir al país requerirá mucha participación ciudadana, de especialistas, líderes de comunidades, en fin, se trata de una nueva gobernanza.

Lograr la unidad de lo diverso es sumamente complicado. Seleccionar una única candidatura con reglas claras, piso parejo y legitimar a un liderazgo no es trabajo sencillo. El programa de gobierno es otro aspecto que necesariamente tenderá al centro-izquierda. Que los militantes de un partido voten por un candidato de otro partido es otro reto. Ajustar las fórmulas al Senado, Cámara de Diputados, gubernaturas, presidencias municipales y alcaldías para seleccionar a los mejores y más competitivos en todo el país, es una tarea titánica. Los partidos tendrán que hacer la tarea.

Pero lo más importante es que todos salgan a votar. Vencer el abstencionismo, el ‘todos son lo mismo’, el resignarse a un destino común desastroso es atentar contra uno mismo. Hay que reconocer que nuestra realidad está acotada por las circunstancias. Por eso debemos usar nuestro voto.

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