Lo que está en juego
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Lo que está en juego

17/01/2019
Actualización 17/01/2019 - 12:23

Diferentes encuestas y sondeos, realizados por empresas confiables y creíbles, dan cuenta de que la campaña del presidente López Obrador contra los bandidos de petróleo ha recibido amplio apoyo de la población. Por ello, y por lo pronto, debemos atribuirles confiabilidad en relación con los sentimientos mayoritarios sobre este espinoso asunto aunque, sin duda, debemos seguir discutiendo sobre la estrategia adoptada.

Pero, por lo pronto, lo importante es que el gobierno obtenga alguna victoria, los maleantes sean capturados y llevados a juicio y debidamente sentenciados. Se trataría de la mínima satisfacción del gobierno para con los ciudadanos en general y para aquellos que lo han apoyado en estos duros momentos.

Dejar a una porción importante de la población nacional sin acceso al combustible es algo muy osado y desde luego riesgoso. Se necesita mucha confianza en uno mismo, pero a la vez, la certeza de contar con los medios necesarios para paliar el daño y ofrecer expectativas claras de que pronto volverá a algún tipo de normalidad. Nada de esto está claro, porque el gobierno no lo tiene así.

Apostar al capital político puede ser inevitable pero, lo más recomendable, es jugar con el efectivo disponible antes de poner sobre la mesa los activos, sin duda agrandados por la victoria. No es eso lo que ha hecho el presidente y a medida que pasan los días puede esperarse que el precio de jugar así simplemente crezca.

Así lo sugieren las noticias financieras internacionales y su consabida hipocresía, pero pronto empezará a sonar la caja del reclamo interno que, esperemos, no se manifieste salvajemente en la cuenta de capitales o cuenta corriente. De aquí la urgencia de que se anuncie algún tipo de captura y se adelanten los pormenores de un plan de contingencia que se ubique en los territorios de la estrategia y la logística bien entendidas. Lo que hasta la fecha ha sobresalido por su ausencia.

Aumentar la capacidad nacional de almacenaje y reservas; definir con claridad el papel y lugar de los puertos y las naves que transportan el fluido; diseñar formas de comunicar y persuadir racionalmente a un ciudadano al borde de un ataque de furia, son algunas de las líneas de trabajo político que debían explorarse, en lugar de recurrir a la desgastante y pueril frase: “conmigo o contra mi”.

El petróleo requiere una coalición que no sólo lo defienda sino que lo inscriba en una visión de mediano y largo plazo, que considere los muchos enredos que definen su evolución y marcan su presente. El petróleo no es más nuestro que lo que podamos hacer con su explotación, uso y usufructo. Lo demás son bravatas y poco ayudan para montar la reflexión que nos urge. Urgencia que debe ser oída, también, en la dirección de Pemex y la Secretaría de Energía. No estaría mal que trabajaran e hicieran prácticas retóricas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.