La desventurada América Latina
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La desventurada América Latina

14/11/2019

Los regímenes democráticos tienen más límites para echar mano, digamos, de un ajuste económico, y deben esbozar opciones nuevas de desarrollo económico para salir de la crisis: atacar la desigualdad, fortalecer la propia base productiva, alentar procesos de integración y buscar mecanismos de descentralización y de organización social más participativa. Pero hay que destacar esto: no hay una correlación directa entre los hechos económicos y el tipo de soluciones políticas.

Lo económico vuelve un poco más holgada, o mucho más restringida, la opción de los regímenes democráticos; pero esta opción es, en definitiva, política .

Sergio Bitar (1)

En su más reciente comunicado la Comisión Económica para América Latina y el Caribe ratifica la mala ventura que se ha apoderado de la región. Aquí sí que del Bravo a la Patagonia, pasando por el acosado Suchiate.

Persiste la desaceleración económica (0.1 por ciento en promedio) y para 2020 no parece mejor: se espera que la economía crezca al 1.4. Bien lejos de lo que debería ser una recuperación que sacara al subcontinente del pantano en que se metió después del fin del boom de las materias primas y de los esfuerzos desarrollistas y redistributivos encabezados por los gobiernos progresistas de aquellos años en el Cono Sur.

Sobre estas aguas estancadas llueven ahora las burdas maniobras de las extremas derechas, cuyos nefastos designios no parecen haber leído bien algunas de las formaciones políticas de avanzada que pugnan por resistir esas ofensivas o de plano retornar a la conducción del Estado. Sus vías son las que, precisamente, la política democrática abriera, una vez que fue posible dejar el infierno de las dictaduras y el terrorismo de Estado que asolaron y ensangrentaron el subcontinente.

Para sus enemigos, que no sus adversarios si nos atenemos a un estricto código democrático, se trata de rutas subalternas a las de su estrategia principal: golpes cívicos, como el asestado en Brasil contra Dilma, o abiertas violaciones jurídicas de la ley y la Constitución, como la que llevó a prisión al presidente Lula y le impidió participar en la pasada elección brasileña.

Se trata de un camino bien alfombrado por intensas y extensas campañas de difusión y confusión, desplegadas por la gran prensa y la televisión, que la extrema derecha recorre siempre en una dirección: impedir el retorno de las izquierdas democráticas al poder constituido, sitiar a los gobiernos hasta llevarlos al abismo de la desesperación, mal llamada populista, o empujarlos hacia diversas formas de aislacionismo autoritario, como desde hace tiempo ocurre en Venezuela.

En todo caso, el mensaje es inequívoco: no más “juegos” democráticos que osen abrir la máquina del Estado a fórmulas alternativas de conducción económica y redistribución social. Si, por sus deficiencias y convulsiones, los capitalismos latinoamericanos no pueden abrir paso a una mínima “justicia de mercado” amarrada a la productividad de los factores, tampoco puede haber una conversación renovada y renovadora entre la acumulación de capital y la distribución de los frutos del crecimiento impulsado por esa acumulación. Así que salvo la demanda que provenga del mercado mundial, alimentos y materias primas, ahora escasa por la lentitud de la economía global y de sus centros, poco o nada puede esperarse para un “desarrollo desde dentro”, como con fortuna lo bautizara hace años Osvaldo Sunkel, cuya obra ha sido recientemente recuperada, con un merecido homenaje en la CEPAL y puesta a circular en una espléndida colección de ensayos en su honor (Del estructuralismo al neo estructuralismo. La travesía intelectual de Osvaldo Sunkel. Editado por Alicia Bárcena y Miguel Torres. Naciones Unidas, CEPAL, 2019).

La región vuelve a ser, para recordar al estudioso Alain Rouquie, “Una Introducción al Extremo Occidente” (México, Siglo XXI Editores, 2007) o el “Continente olvidado”, bautizado así por Michael Reid, columnista de The Economist y autor de El continente olvidado (Una historia de la nueva América Latina, México, Crítica, Grupo Planeta, 2019). Por ello, más que de extremos, tenemos que hablar de una continuidad circular funesta que no ofrece panorama alguno de reconquista del binomio que inspiró tanta lucha y desventura, democracia con igualdad para el desarrollo.

Por ahí quedan para mantener y honrar nuestras memorias, la Orden del Desarrollo, como Celso Furtado nombrara a las huestes de Raúl Prebisch y la CEPAL. Por lo pronto, lo que tenemos enfrente es un callejón oscuro y, al parecer, sin salida.

(1) “La democracia en América Latina”, mesa redonda Heraldo Muñoz, Alberto Adrianzen, Carlos Portales, Luis Maira, Antonio Carlos Peixoto, Sergio Bitar, José Miguel Insulza, Nexos, 1/03/85 consultado en línea https://www.nexos.com.mx/?p=4460 1

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.