Director general de INVEX Operadora

Recuperación sin dinero…

Aun no podemos estimar su duración ni el daño; y ya sabemos que los recursos que había, han sido víctimas de la austeridad y de prioridades equivocadas, escribe Rodolfo Campuzano.

Los mercados financieros en el mundo, y principalmente en Estados Unidos, han sorprendido a propios y extraños por la fuerza de su recuperación. Luego del derrumbe lógico ante la aparición de la pandemia y la ignorancia inicial sobre el manejo del confinamiento en muchos países, en aquellos que reaccionaron con fuerza se ve al menos el famoso aplanamiento de la curva.

El tema en el mundo desarrollado son las reaperturas. Este simple hecho entusiasmó a una buena parte de los inversionistas globales, pero en las dos semanas recientes, la información parece darles la razón al aparecer señales incipientes de que la recesión puede ser corta. El pasado viernes vimos el reporte de que la economía norteamericana generó más de dos millones de empleos (no, no son créditos otorgados por Fannie Mae).

Los indicadores de percepción de los gerentes de compras en el sector industrial de Europa, Japón y Estados Unidos, además del de China, rebotaron de sus niveles mínimos de abril. Las ventas de coches en Europa y Estados Unidos crecieron.

No crea que me olvido de que hay una recesión en marcha a nivel global, y de que 40 millones de personas han solicitado beneficios por desempleo en Estados Unidos, ni tampoco que es una incógnita aún el control de los contagios y la confianza de los consumidores en la etapa posterior a dicho control.

Simplemente le señalo dos fallas de apreciación que parece haber con respecto a las conclusiones iniciales una vez que entramos en este asunto. La primera es que se sobreestimó el golpe. La generalización al parecer fue más allá del epicentro; es decir, la suerte de las compañías de cruceros, hoteleras, aeronáuticas, de rentas por día, etc. se extrapoló a casi todos los sectores. Es lógico, nunca habíamos vivido una interrupción tan súbita.

La segunda falla es que se subestimó la fuerza de la intervención tan ruda que han hecho las autoridades en el plano económico. La Reserva Federal en Estados Unidos y otros bancos centrales apagaron rápido los incendios en los circuitos de crédito y los gobiernos en muchos países asignaron recursos (a costa de un mayor endeudamiento) a la población afectada.

Bueno, pues en los mercados hay un impulso que no pierde fuerza derivado de las autoridades. No se piensa en tasas de interés más altas por el momento ni en el resarcimiento de la deuda pública, solo se observan señales de una recuperación que puede ser acelerada de mantenerse los estímulos. Lo más probable es que, si no hay una segunda ola de contagios, volvamos a ver una economía con crecimientos positivos, aunque sean pobres, ya que la estructura de oferta de bienes y servicios venía dañada desde el 2009 y la demanda puede ser cautelosa.

Pensando en México, hemos visto a las variables financieras participar de la distorsión. Una posible recuperación en Estados Unidos ha hecho revaluarse a las empresas en la bolsa de México y la búsqueda de retornos en activos de riesgo ha revaluado al peso ya que pagamos una tasa de interés muy alta.

Pero, ¿cómo será la recuperación una vez pasada la pandemia? No va a ser como en Estados Unidos o en algunas partes de Europa. Aquí no hay dinero, y en menos de dos años se ha dilapidado el que había. Cuando me hago esta pregunta no dejó de pensar en la terrible experiencia que fueron los terremotos de 1985 y de 2017; el destino me permitió experimentar ambos.

México venía en 1985 después de haber atravesado una de sus peores crisis financieras. Estaba muy endeudado y el gobierno no tenía dinero. El desastre de 85 se puede caracterizar, entre otras cosas, por la falta de recursos que había para sortear el evento y después para generar una recuperación. No fue hasta que se renegoció la deuda que pudimos volver a crecer a tasas satisfactorias. La caída del crecimiento fue de -3.5% en ese trimestre y todavía en el 86 la economía decreció -3.6%

En el 2017 recuerdo haber comentado con amigos de mi edad la diferencia notable en recursos tanto para estimar el daño, como para otorgar ayuda inmediata. En aquel entonces solo en ese trimestre se registró un crecimiento negativo del PIB (-1.0%), pero no hubo un año de crecimiento negativo. ¿La diferencia? Había finanzas públicas sanas y además había recursos en fondos destinados a este tipo de eventos.

¿Cuál va a ser la historia en el 2020 con el 'sismo' del coronavirus? Aun no podemos estimar su duración ni el daño; y ya sabemos que los recursos que había, han sido víctimas de la austeridad y de prioridades equivocadas. Tal parece que nos va a costar mucho trabajo y tiempo recuperar un crecimiento tan pobre como el 2.1% que tuvimos en 2017.

COLUMNAS ANTERIORES

¿Banxico brasileño?
De decepciones y oportunidades

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.